La República de Panamá enfrenta actualmente un desafío multifacético que pone a prueba la resiliencia de su cadena de suministro. La combinación de los nuevos aranceles impuestos por la administración de Donald Trump y una ola de protestas internas por el costo de la vida ha generado un entorno de alta incertidumbre para importadores, distribuidores y consumidores finales.
A pesar de la existencia del Tratado de Promoción Comercial (TPC) vigente desde 2012, la reciente imposición de un arancel global del 10% (y en algunos casos del 15% tras fallos judiciales recientes en EE. UU.) ha alterado las reglas del juego. Aunque el TPC establece aranceles cero para la vasta mayoría del intercambio bilateral, la interpretación de «medidas de emergencia de seguridad nacional» por parte de la Casa Blanca ha golpeado indirectamente los costos de importación.
Encarecimiento de Insumos: El gravamen sobre fertilizantes, maquinaria agrícola y acero (esencial para latas y empaques) proveniente de EE. UU. está elevando los costos de producción y procesamiento, lo que se traduce en precios más altos en los supermercados panameños.
Desgravación del TPC 2026: Paradójicamente, mientras EE. UU. impone barreras, Panamá entra en la fase final de desgravación del TPC, donde rubros como el arroz, la leche y la carne de cerdo llegarán a arancel cero. Esto coloca a los productores locales en una posición de extrema vulnerabilidad: deben competir con productos estadounidenses subsidiados mientras enfrentan insumos más caros debido a la guerra comercial global.
Aranceles presionan importación de alimentos a Panamá
A nivel interno, la presión inflacionaria ha detonado una serie de protestas y cierres de vías que complican la distribución nacional. Las empresas logísticas advierten que el transporte de carga terrestre se ha vuelto una actividad de alto riesgo y costo variable.
Interrupción de la Cadena de Frío: Los cierres en la vía Interamericana afectan directamente el traslado de productos frescos desde las Tierras Altas de Chiriquí hacia la capital. Esto genera desabastecimiento intermitente y una pérdida económica irreparable para los productores nacionales, forzando a los importadores a buscar alternativas de emergencia por vía marítima o aérea, lo que encarece el producto final.
Aumento de Costos de Almacenaje: Debido a la incertidumbre en los tiempos de entrega, los centros de distribución están operando a máxima capacidad para mantener inventarios de seguridad, elevando los costos de mantenimiento y energía.
Riesgos para la Seguridad Alimentaria
La dependencia de Panamá de las importaciones de granos básicos y proteínas de Estados Unidos es estructural. Según datos de la industria, las empresas logísticas están reportando retrasos en los puertos de Balboa y Cristóbal, donde la carga de alimentos compite por espacio con otros suministros industriales.
El sector agropecuario panameño, compuesto por unos 4,800 pequeños y medianos productores, se encuentra en medio de este fuego cruzado. Por un lado, la avalancha de productos importados más baratos (por el TPC) amenaza su supervivencia; por otro, las protestas y el encarecimiento de la logística les impiden colocar sus productos de manera eficiente.
Ante este escenario, expertos sugieren que el gobierno panameño debe actuar en dos frentes urgentes:
Diplomacia Comercial: Es imperativo que Panamá, junto con otros socios del CAFTA, busque exclusiones específicas a los aranceles de emergencia de EE. UU., apelando al cumplimiento estricto de los tratados bilaterales.
Inversión en Logística Interna: El país requiere diversificar sus rutas de distribución y fortalecer el sistema de cabotaje (transporte marítimo interno) para reducir la dependencia de la vía terrestre durante periodos de crisis social.
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Panamá se encuentra en una fase de adaptación forzosa. La «era de la incertidumbre comercial» iniciada en 2025 ha llegado a su punto álgido en 2026. La capacidad del país para navegar entre los aranceles externos y la presión social interna determinará no solo la estabilidad de los precios de la canasta básica, sino también la viabilidad del sector logístico como pilar económico nacional.


