Venezuela, una oportunidad comercial llena de desafíos, la eventual caída de Nicolás Maduro y la posibilidad de una transición política en Venezuela han reactivado un debate clave en América del Sur: ¿puede renacer el comercio entre Brasil y Venezuela después de años de crisis, sanciones y aislamiento? Para analistas y expertos en comercio exterior, el escenario abre una ventana de oportunidad significativa, pero también plantea retos profundos y de largo plazo que van mucho más allá de un simple cambio de gobierno.
Aunque el potencial económico venezolano sigue siendo enorme por su tamaño poblacional, sus recursos naturales y su ubicación estratégica, la reconstrucción del intercambio bilateral con Brasil dependerá de factores políticos, macroeconómicos, institucionales y geopolíticos que aún están lejos de resolverse. El optimismo existe, pero es prudente y condicionado.
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De socio clave a vecino marginal: el desplome del comercio bilateral
Para entender la magnitud del reto, es necesario mirar al pasado. Venezuela no siempre fue un socio menor para Brasil. En 2007, el país caribeño llegó a ser el sexto destino de las exportaciones brasileñas, en un contexto de altos precios del petróleo, crecimiento económico regional y una Venezuela aún integrada a los mecanismos comerciales de América Latina, incluido el Mercosur, del cual fue suspendida en 2017 por la ruptura del orden democrático.
En su mejor momento, en 2008, las exportaciones brasileñas hacia Venezuela alcanzaron los US$5.130 millones. Sin embargo, la combinación de controles cambiarios, expropiaciones, hiperinflación, colapso productivo y sanciones internacionales provocó un desplome abrupto del comercio. Para 2019, las exportaciones cayeron a apenas US$421 millones, reflejando la profundidad de la crisis venezolana.
Aunque en los últimos años se ha observado una leve recuperación, los datos más recientes muestran que el intercambio bilateral sigue siendo muy reducido. En 2024, el flujo total de exportaciones e importaciones entre ambos países fue inferior a US$1.600 millones, una cifra sorprendentemente baja si se considera que Brasil comercia más con países geográficamente distantes como Bangladesh o Omán que con su propio vecino.
Un mercado con enorme potencial latente
Desde una perspectiva estructural, Venezuela sigue siendo un mercado atractivo. Con una población estimada de 28,4 millones de personas y una de las mayores reservas de petróleo del mundo, el país tiene el potencial de convertirse nuevamente en un socio comercial relevante para Brasil y para toda la región.
Según Welber Barral, exsecretario de Comercio Exterior de Brasil y socio fundador de la consultora BMJ, una recuperación económica ordenada en Venezuela sería claramente beneficiosa para Brasil. En particular, permitiría un aumento de las exportaciones brasileñas, sobre todo en sectores donde el país tiene claras ventajas competitivas.
Barral destaca que alimentos, productos agrícolas y bienes de consumo serían los primeros en ganar espacio en el mercado venezolano, siempre que se logre una mínima normalización macroeconómica. La industria brasileña de alimentos procesados, por ejemplo, podría responder rápidamente a una demanda insatisfecha, dada la debilidad del aparato productivo local venezolano tras años de crisis.
A estos sectores se suman otros productos industrializados, como electrodomésticos, bienes durables y artículos de uso cotidiano, que históricamente tuvieron buena acogida en Venezuela y podrían volver a hacerlo si las condiciones lo permiten.
Los grandes obstáculos: moneda, pagos y confianza
No obstante, los expertos coinciden en que el camino hacia una recuperación sostenida del comercio será lento y complejo. El principal obstáculo no es la falta de interés empresarial, sino las condiciones estructurales del mercado venezolano.
Entre los problemas más críticos se encuentran:
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La inestabilidad macroeconómica, aún no resuelta.
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La falta de confiabilidad de la moneda local.
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Las restricciones cambiarias y de pagos internacionales.
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El historial de incumplimientos contractuales y expropiaciones.
Barral subraya que, mientras no exista libertad cambiaria real y garantías claras de pago, será difícil que las exportaciones brasileñas alcancen un volumen significativo. Incluso con un nuevo gobierno, la reconstrucción de la confianza tomará años, no meses.
El factor Estados Unidos: una variable decisiva
Más allá de los desafíos internos de Venezuela, el contexto geopolítico será determinante. En particular, la relación entre Brasil, el nuevo gobierno venezolano y los Estados Unidos de Donald Trump aparece como una de las variables más sensibles del escenario.
Para José Augusto de Castro, presidente de la Asociación de Comercio Exterior de Brasil (AEB), el cambio político en Venezuela genera expectativas positivas, pero el ritmo de la recuperación comercial dependerá en gran medida de cómo evolucionen las acciones y sanciones de Estados Unidos.
En este contexto, Castro considera que Brasil deberá actuar con cautela diplomática: mantener una relación constructiva con el nuevo liderazgo venezolano sin entrar en conflicto con Washington. Lograr ese equilibrio será clave para “abrir puertas” comerciales sin exponerse a riesgos políticos o económicos innecesarios.
Alimentos primero, industria después
Los expertos coinciden en que, si se abre una nueva etapa, el comercio se reactivará por fases. En una primera etapa, los alimentos serían el principal motor de las exportaciones brasileñas, debido a la dependencia estructural de Venezuela de las importaciones para abastecer a su población.
Posteriormente, en una segunda fase, podrían surgir oportunidades más complejas y de mayor valor agregado. La reindustrialización del país, así como la reconstrucción del sector petrolero, generarían demanda de:
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Maquinaria.
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Equipos industriales.
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Insumos especializados.
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Servicios técnicos.
Según Castro, muchas empresas brasileñas que operaron en Venezuela en el pasado siguen de cerca la situación. Existe interés, experiencia previa y conocimiento del mercado, pero también cautela frente a los riesgos.
El petróleo como eje estratégico
El sector petrolero merece un análisis particular. Para la economista Lia Valls Pereira, del Instituto Brasileño de Economía de la FGV (FGV Ibre), la industria energética podría convertirse en uno de los pilares de una eventual reactivación económica venezolana y, al mismo tiempo, en una fuente de oportunidades para empresas brasileñas.
Petrobras, por ejemplo, ya operó en Venezuela en el pasado y cuenta con una ventaja competitiva clara: su experiencia en exploración en aguas profundas. Si el mercado se regulariza y se abren espacios para la inversión extranjera, esta experiencia podría resultar clave.
Sin embargo, el camino no está despejado. Cualquier reactivación del sector requerirá:
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Inversiones masivas.
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Seguridad jurídica.
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Resolución de conflictos pendientes por expropiaciones pasadas.
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Claridad sobre indemnizaciones a empresas afectadas por estatizaciones.
Sanciones, transición y Mercosur: incógnitas abiertas
Para el economista Livio Ribeiro, especialista en economía internacional y socio fundador de la consultora BRCG, el escenario sigue plagado de incógnitas. Antes de hablar de una recuperación comercial sólida, será necesario responder preguntas fundamentales:
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¿Cómo será la transición política?
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¿Quién administrará el país durante ese proceso?
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¿Cuánto tiempo se mantendrán las sanciones estadounidenses?
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¿Cuál será la relación de Venezuela con el Mercosur en la era post-Maduro?
Ribeiro recuerda que, incluso sin una recuperación plena, Venezuela enfrenta graves problemas de oferta interna y seguirá dependiendo de las importaciones. No obstante, eso no garantiza automáticamente un boom comercial, ya que la capacidad de pago y la estabilidad institucional siguen siendo factores críticos.
Un mercado relevante, pero no inmediato
Aun en el escenario más optimista, los expertos coinciden en que Venezuela difícilmente recuperará en el corto o mediano plazo el peso que tienen otros socios comerciales de Brasil, como Argentina. Sin embargo, sí podría aspirar, con el tiempo, a un nivel de intercambio comparable al de países como Colombia.
“El potencial está ahí, pero es un camino largo”, resume Ribeiro. La recuperación no será automática ni lineal, y dependerá de decisiones políticas coherentes, reformas económicas profundas y una reinserción gradual en el sistema financiero internacional.
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Oportunidad real, expectativas moderadas
La posible caída de Nicolás Maduro abre, sin duda, una nueva etapa de posibilidades para el comercio entre Brasil y Venezuela. El interés empresarial existe, el potencial económico es innegable y la complementariedad entre ambas economías sigue siendo alta.
Sin embargo, la historia reciente obliga a la prudencia. La reconstrucción de la confianza, la normalización macroeconómica, la resolución de sanciones y la redefinición del marco institucional serán procesos largos y complejos. Más que un regreso rápido a los niveles del pasado, lo que se vislumbra es un proceso gradual, lleno de desafíos, pero también de oportunidades estratégicas para quienes sepan leer el nuevo contexto.


