¿Por qué los minoristas desconfían de las tesorerías en criptomonedas?, en los últimos años, el fenómeno de las tesorerías corporativas en criptomonedas ha generado entusiasmo, volatilidad y, en muchos casos, desconcierto entre los inversionistas minoristas. La idea, en apariencia simple, prometía un círculo virtuoso: una empresa adquiría criptomonedas generalmente bitcoin o ether, el precio de esos activos aumentaba, la acción de la compañía se disparaba en el mercado bursátil y luego la firma podía emitir más acciones para seguir ampliando su posición en criptoactivos.
Sin embargo, lo que parecía una receta perfecta para multiplicar ganancias se ha convertido en un terreno plagado de dudas y temores. Los inversionistas minoristas, quienes constituyen la base más amplia y ruidosa de accionistas en muchas de estas empresas, están empezando a abandonar a sus emisores favoritos. ¿La razón? El miedo a la dilución de sus participaciones y la percepción de que las compañías, en lugar de crear valor sostenible, se limitan a inflar sus balances apoyándose en la volatilidad del mercado cripto.
La dinámica actual de estas empresas, los factores que explican el nerviosismo de los pequeños inversionistas y las perspectivas de un modelo de negocio que muchos consideran insostenible a largo plazo.
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El auge de la estrategia de tesorería en criptomonedas
La idea de que una empresa pueda utilizar sus recursos para adquirir criptomonedas y así fortalecer su balance no es nueva. El caso más célebre es el de MicroStrategy, que desde 2020 adoptó una estrategia agresiva de compra de bitcoin, acumulando miles de millones de dólares en este activo digital y convirtiéndose en una especie de “ETF indirecto” para los inversionistas que no querían comprar bitcoin directamente.
Inspiradas en este ejemplo, varias compañías de menor tamaño comenzaron a replicar el modelo, en algunos casos de manera acelerada y casi desesperada. Firmas que antes tenían actividades ajenas al mundo cripto —como biotecnología, apuestas deportivas o tecnologías de inmersión— rediseñaron su narrativa corporativa para presentarse como “cripto-tesorerías”, generando un frenesí especulativo entre los inversores minoristas.
El atractivo estaba en la posibilidad de obtener rentabilidades explosivas en cortos periodos de tiempo. El mercado reaccionaba positivamente al anuncio de tenencias de criptomonedas, disparando las valoraciones de estas empresas más allá de lo que sus activos justificaban. No obstante, este esquema dependía de una variable volátil: la confianza de los pequeños inversionistas.
Los primeros síntomas de fatiga
En 2025, la narrativa de las cripto-tesorerías está mostrando claros signos de desgaste. Casos recientes reflejan cómo la volatilidad no solo afecta a los criptoactivos, sino también al comportamiento de las acciones vinculadas a estas estrategias:
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ETHZilla (180 Life Sciences Corp.): tras anunciar un acuerdo para vender hasta 500 millones de dólares en acciones, sus títulos cayeron un 29% en un solo día. Paradójicamente, dos jornadas antes, las acciones se habían disparado un 200% luego de que la firma declarara poseer tenencias de ether valoradas en unos 350 millones de dólares.
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SharpLink Gaming Inc.: sus acciones se hundieron un 72% después de registrar ante la SEC un documento que habilitaba a ciertos inversores a vender títulos. Aunque su presidente, Joe Lubin (también cofundador de Ethereum), intentó calmar a los inversionistas afirmando que se trataba de un proceso estándar y no de ventas efectivas, el mercado reaccionó con desconfianza.
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BitMine Immersion Technologies Inc.: en julio presentó una oferta para vender hasta 2.000 millones de dólares en valores, provocando una caída del 40% en sus acciones. Pese a los descensos, su capitalización de mercado sigue estando muy por encima del valor de su cartera cripto, lo que genera dudas sobre su sostenibilidad.
Estos casos no son aislados. Cada anuncio de emisión de nuevas acciones activa el temor a la dilución y motiva ventas masivas por parte de los pequeños inversores, generando un círculo vicioso de desconfianza y caída de precios.
Dilución: el gran enemigo del minorista
La palabra clave en esta discusión es dilución. Cuando una empresa emite nuevas acciones, el valor de las participaciones existentes se reduce, a menos que la compañía logre transformar ese nuevo capital en mayor valor real. En el caso de las tesorerías en criptomonedas, muchos inversores perciben que la emisión de acciones tiene un único fin: financiar más compras de tokens digitales.
Esto plantea un dilema. Si las criptomonedas suben de precio, la compañía puede beneficiarse y, en teoría, sus accionistas también. Pero si los precios se estancan o caen, el accionista minorista se queda con participaciones cada vez más diluidas y con acciones que cotizan a múltiplos difíciles de justificar.
Además, la complejidad de los registros ante la SEC y las limitaciones en los periodos de venta generan confusión. Como advierte Daniel Forman, socio de Lowenstein Sandler LLP, no todas las presentaciones implican ventas inmediatas, pero el simple hecho de anunciar una oferta activa alarmas entre los minoristas, muchos de los cuales se informan a través de foros como Reddit o X (antes Twitter).
Una burbuja en cámara lenta
Expertos como Gregory Sichenzia, socio fundador de Sichenzia Ross Ference Carmel, advierten que la mayoría de estas compañías no sobrevivirá. Según él, alrededor del 90% de las cripto-tesorerías actuales desaparecerán cuando estalle la burbuja, las acciones se desplomen y el acceso al capital se seque.
El problema radica en que muchas de estas firmas no cuentan con un modelo de negocio operativo sólido más allá de su rol de acumuladoras de criptomonedas. En otras palabras, dependen casi exclusivamente de que el mercado cripto siga subiendo para justificar sus valoraciones. Cualquier corrección severa puede desencadenar un colapso en cadena.
De hecho, algunos inversionistas minoristas ya están saliendo del sector. El joven comerciante Reza Ibrahim aseguró haber liquidado su posición en SharpLink tras obtener un 150% de rentabilidad, y planea abandonar completamente las tesorerías cripto hacia finales del año, anticipando una caída generalizada en el mercado.
Otros, como Juan Plasencia, han reducido su exposición en empresas como SharpLink y vendido totalmente en BitMine, convencidos de que las valoraciones no se sostendrán una vez que termine el periodo de bloqueo para grandes accionistas.
Entre la especulación y la estrategia
Resulta interesante observar que, incluso con las caídas recientes, varias de estas compañías siguen mostrando retornos impresionantes desde que adoptaron el modelo de tesorería en criptomonedas. ETHZilla ha subido un 136% desde que reveló su plan a finales de julio, mientras que SharpLink acumula un alza de 210% desde que abandonó su enfoque original en apuestas deportivas.
Esto sugiere que, a corto plazo, la estrategia puede seguir siendo rentable, siempre y cuando el mercado cripto mantenga su tendencia alcista. No obstante, el riesgo sistémico es evidente: cuando la burbuja se desinfle, solo unas pocas empresas con fundamentos sólidos sobrevivirán.
Los ejecutivos de estas compañías defienden sus movimientos. McAndrew Rudisill, presidente de ETHZilla, afirma que la caída reciente no es más que una “normalización” de la valoración en relación con sus activos. Según él, el múltiplo actual de entre dos y tres veces el valor neto de los activos es razonable y sostenible.
Sin embargo, la experiencia demuestra que el mercado no siempre comparte esa visión optimista, especialmente cuando los pequeños inversionistas perciben que su posición corre riesgo de dilución.
¿Qué viene después?
El futuro de las cripto-tesorerías dependerá de varios factores:
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La evolución del mercado cripto: mientras bitcoin y ether sigan en una senda alcista, habrá margen para que estas empresas sobrevivan. Una corrección fuerte, en cambio, podría precipitar la desaparición de muchas.
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La confianza de los inversionistas minoristas: son ellos quienes impulsan las valoraciones en el corto plazo. Su creciente desconfianza hacia las emisiones de acciones podría erosionar rápidamente la capacidad de estas compañías para financiarse.
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La regulación: los reguladores estadounidenses y de otros países están observando con mayor atención a las firmas que transforman su estructura corporativa para apalancarse en criptoactivos. Cualquier restricción adicional puede complicar aún más este modelo de negocio.
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La capacidad de diversificación: aquellas empresas que logren combinar la estrategia de tesorería en criptomonedas con un negocio operativo sólido tendrán más probabilidades de resistir el ajuste que parece inevitable.
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Las tesorerías corporativas en criptomonedas encarnan la paradoja del mercado moderno: una mezcla de innovación financiera, especulación desenfrenada y vulnerabilidad ante el sentimiento de los inversionistas minoristas. Si bien el modelo ha generado rendimientos espectaculares en el corto plazo, la realidad es que su sostenibilidad está en entredicho.
La combinación de emisiones masivas de acciones, temor a la dilución y valoraciones desconectadas de los fundamentos convierte a estas compañías en apuestas de alto riesgo. Tal vez algunas logren consolidarse como referentes de un nuevo modelo financiero, pero la mayoría quedará como ejemplo de una burbuja especulativa más en la historia de los mercados.
El tiempo dirá si estamos presenciando el nacimiento de un nuevo pilar en la intersección entre finanzas corporativas y criptoactivos, o si se trata simplemente de otra fiebre pasajera que terminará en fuertes pérdidas para quienes llegaron tarde a la fiesta.

