La revolución de los alimentos orgánicos en Brasil, el Grupo Korin es un claro ejemplo de ello. Este grupo empresarial, fundado hace 30 años por la Iglesia Mesiánica Mundial con las donaciones de sus fieles, sigue siendo su principal propietario.
Con una combinación de paciencia, perseverancia e inversión en investigación y desarrollo, y gracias al creciente interés en la alimentación saludable, se ha convertido en uno de los principales productores de alimentos orgánicos en Brasil.
La misión inicial de Korin, establecida por la Iglesia Mesiánica Mundial, era mucho más ambiciosa que simplemente generar ingresos: buscaban «crear un paraíso terrenal a través de la agricultura natural para liberar al mundo de las enfermedades, la pobreza y los conflictos», según explica Luiz Carlos Dematte, máximo ejecutivo de Korin Alimentos, en una entrevista por videollamada. Este compromiso apostólico se manifestó inicialmente en la producción de pollo criado sin antibióticos, una verdadera revolución en Brasil en 1994.
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Aunque los productos orgánicos de Korin están presentes en los estantes de las principales cadenas de supermercados y en sus tiendas, su historia peculiar es menos conocida entre los consumidores que sus famosos pollos alimentados de manera natural y con un sabor genuino.
El pollo orgánico, criado con maíz no transgénico, y los huevos orgánicos son los productos más destacados de Korin, y han contribuido a su crecimiento como empresa en el próspero sector agrícola de Brasil, el tercer mayor productor de pollo del mundo después de Estados Unidos y China. Korin ha expandido su oferta a cientos de productos orgánicos, incluyendo cereales, arroz, legumbres, miel, café y, más recientemente, incluso pescado, que producen en cinco fábricas. La empresa cuenta con 504 empleados directos y otro medio millar de empleos indirectos.
Desde la sede de Korin Alimentos en Ipeúna, a 200 kilómetros de São Paulo, el director ejecutivo explica que la expansión de la agricultura natural es un pilar fundamental de la doctrina mesiánica, una misión central para construir el mundo ideal perseguido por los 1,8 millones de fieles de esta Iglesia fundada en Japón y extendida por Brasil. En un país tan diverso y profundamente religioso como Brasil, es posible encontrar combinaciones únicas como esta, que difícilmente podrían darse en otros lugares del mundo. Según publica El País
