La industria automotriz busca nuevo equilibrio para seguir produciendo en Argentina, la industria automotriz argentina atraviesa uno de los momentos de mayor redefinición de las últimas décadas. Tras años de restricciones a las importaciones y reglas comerciales rígidas, el cambio hacia un esquema de mayor apertura comenzó a modificar rápidamente la estructura del mercado, la composición de la oferta y las estrategias de las terminales instaladas en el país. En este nuevo escenario, las automotrices ya anticipan que será necesario revisar algunas reglas clave si se quiere evitar un proceso de desindustrialización que termine trasladando la producción a otros mercados de la región, especialmente a Brasil.
El debate no se centra únicamente en el corto plazo, sino que mira hacia el horizonte de 2029, año en el que está previsto que entre en vigencia el libre comercio automotor entre Argentina y Brasil. Las empresas nucleadas en la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA) comienzan a analizar qué tipo de marco regulatorio necesitará el sector para seguir siendo competitivo, atraer inversiones y sostener el entramado productivo local frente al avance de los vehículos importados y la creciente presencia de marcas chinas.
Vea también: B3 apuesta por la tokenización total
Un mercado que cambió en tiempo récord
El sector automotor argentino vivió durante los últimos años bajo un esquema de fuertes restricciones para importar vehículos, lo que favoreció una mayor participación de los modelos de producción nacional en el mercado interno. Durante ese período, cerca del 70 % de los autos cero kilómetro vendidos en el país eran fabricados localmente.
Con la apertura económica y la eliminación de gran parte de los controles a las importaciones, ese equilibrio se modificó con rapidez. En pocos meses, la balanza se inclinó en sentido contrario: hoy alrededor del 60 % de los vehículos que se comercializan en Argentina son importados. Este cambio no solo impacta en las ventas, sino también en las decisiones de inversión, en la utilización de la capacidad instalada y en la sostenibilidad de la cadena de valor automotriz.
Las terminales advierten que, si esta tendencia se consolida sin mecanismos de compensación adecuados, el incentivo para producir localmente se debilita, especialmente en un contexto regional donde Brasil ofrece un mercado más grande, mayor estabilidad macroeconómica y una red de proveedores más desarrollada.
El rol del acuerdo automotor con Brasil
Desde hace décadas, Argentina y Brasil mantienen un régimen automotor bilateral que regula el intercambio de vehículos y autopartes entre ambos países. Este sistema, conocido como Flex, establece una relación entre exportaciones e importaciones medida en divisas, permitiendo comerciar sin pagar aranceles hasta cierto límite.
En términos simples, el Flex determina cuánto puede importar un país desde el otro en función de lo que exporta. Si se supera ese umbral, los vehículos adicionales deben pagar un arancel del 35 %, como ocurre con los productos provenientes de mercados extrazona. El objetivo histórico de este mecanismo fue fomentar la integración productiva y asegurar que las automotrices tuvieran presencia industrial en ambos países.
El acuerdo vigente contempla un cronograma de apertura progresiva que desembocará, en 2029, en un esquema de libre comercio automotor. Actualmente, el coeficiente Flex se encuentra dentro de los márgenes permitidos, lo que significa que Argentina no está pagando aranceles por su intercambio con Brasil. Sin embargo, las automotrices ya anticipan que el paso a un libre comercio total podría generar efectos no deseados.
Por qué el libre comercio genera inquietud
La principal preocupación del sector es que un escenario de libre comercio pleno con Brasil termine favoreciendo la concentración de la producción en el país vecino. Brasil no solo cuenta con un mercado interno mucho más grande, sino también con una estructura industrial más robusta, mayores incentivos a la inversión y una red de autopartistas significativamente más desarrollada.
En este contexto, las automotrices sostienen que, sin algún tipo de mecanismo compensatorio, resultaría más rentable producir en Brasil y abastecer desde allí al mercado argentino. Esto podría traducirse en una reducción progresiva de la producción local, el cierre de plantas y la pérdida de empleo industrial.
Desde ADEFA subrayan que no se trata de modificar las reglas actuales, ya que hacerlo generaría incertidumbre y afectaría la planificación de las empresas. La idea es comenzar en 2026 un proceso de diálogo para definir un nuevo marco regulatorio que rija a partir de 2029, ofreciendo previsibilidad y condiciones claras para las decisiones de inversión de largo plazo.
La experiencia histórica como antecedente
El régimen automotor bilateral fue impulsado en los años noventa con un objetivo claro: evitar que la Argentina quedara relegada como un mero mercado de consumo dentro del Mercosur. Dado que Brasil concentraba el mayor volumen de ventas, era lógico que atrajera más inversiones. Para equilibrar esa situación, se establecieron reglas que incentivaran la instalación de plantas en ambos países.
Gracias a ese esquema, durante los años noventa se produjo una fuerte ola de inversiones en la industria automotriz argentina, con la apertura de nuevas fábricas y la ampliación de las existentes. Ese entramado productivo es el que hoy sostiene buena parte del empleo industrial y de las exportaciones del sector.
Las automotrices consideran que abandonar completamente ese enfoque sin una alternativa adecuada podría poner en riesgo décadas de desarrollo industrial.
El desafío de los autopartistas
Uno de los puntos más sensibles del debate es la situación de la industria autopartista. Desde hace más de quince años, Argentina viene perdiendo proveedores, muchos de los cuales se trasladaron a Brasil en busca de mayor escala, mejores condiciones de financiamiento y un mercado más amplio.
Esta migración de autopartistas tiene un impacto directo en la competitividad de la producción local, ya que reduce el contenido nacional de los vehículos fabricados en el país y encarece los costos logísticos. La Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) ha advertido reiteradamente sobre el cierre de empresas y la dificultad para atraer nuevas inversiones en el sector.
Para las automotrices, fortalecer la red de autopartistas es clave si se quiere sostener la producción local. Sin proveedores cercanos y competitivos, resulta mucho más difícil justificar la radicación de nuevos modelos o la ampliación de plantas existentes.
El avance de las marcas chinas
Aunque no siempre se menciona de forma explícita, el crecimiento de las marcas chinas es uno de los factores que más inquietud genera en el sector. Empresas como Chery, BYD y Great Wall ya comenzaron a producir en Brasil y, en el corto plazo, estarán en condiciones de exportar vehículos a Argentina bajo el régimen vigente.
El sistema Flex permite que una automotriz exporte desde un país sin necesidad de tener una planta instalada en el otro, siempre que el desequilibrio comercial se compense a nivel general. Esto abre la puerta a que marcas con producción en Brasil abastezcan el mercado argentino sin realizar inversiones industriales locales.
Desde la mirada de ADEFA, si estas marcas quieren competir en igualdad de condiciones, deberían estar incentivadas o incluso obligadas a radicarse también en Argentina, generando empleo y valor agregado local.
Hacia un nuevo esquema a partir de 2029
La propuesta que comienza a tomar forma dentro del sector no apunta a eliminar el comercio bilateral, sino a redefinir sus reglas. Una de las ideas que se analizan es mantener un coeficiente Flex más bajo que el previsto para el final del actual acuerdo, evitando así un salto directo al libre comercio.
Aunque todavía no hay definiciones concretas, algunas fuentes del sector consideran que un Flex cercano a 2, o incluso inferior, podría ser un punto de equilibrio razonable. Esto permitiría sostener el intercambio con Brasil sin desincentivar la producción local.
El tema aún no fue planteado formalmente al Gobierno, pero se espera que forme parte de la agenda de diálogo a partir de 2026, bajo la conducción del nuevo presidente de ADEFA.
Vea también: Migración y crecimiento, el impacto económico que transforma a América Latina
Una discusión estratégica para el futuro industrial
Más allá de las cifras y los coeficientes, lo que está en juego es el rol que tendrá Argentina dentro de la cadena automotriz regional. Las automotrices advierten que, sin reglas que contemplen las asimetrías existentes, el país corre el riesgo de perder su base industrial y convertirse en un mercado dependiente de las importaciones.
El desafío consiste en encontrar un equilibrio que permita aprovechar la apertura comercial sin sacrificar la producción, el empleo y el desarrollo tecnológico local. Para ello, será clave un diálogo temprano entre el sector privado y el Estado, que ofrezca previsibilidad y una visión estratégica de largo plazo.
La industria automotriz argentina se enfrenta así a una decisión crucial: adaptarse a un nuevo contexto global sin renunciar a su capacidad productiva. Las reglas que se definan en los próximos años marcarán el rumbo del sector durante las próximas décadas.


