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Home Paises Brasil

IA Autónoma, el nuevo desafío empresarial

by katherine.palacios
mayo 20, 2026
in Brasil, Innovacion, Tecnología
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IA Autónoma, el nuevo desafío empresarial
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IA Autónoma, el nuevo desafío empresarial que el 90% aún no está preparado para enfrentar, la inteligencia artificial dejó de ser únicamente una herramienta de apoyo para convertirse en un sistema con capacidad de actuar, ejecutar tareas y tomar decisiones dentro de las organizaciones. Mientras muchas empresas todavía utilizan modelos de IA que responden consultas o generan recomendaciones, una nueva etapa tecnológica comienza a redefinir el funcionamiento de las operaciones corporativas: la IA agéntica.

Este cambio representa una transformación mucho más profunda de lo que parece. No se trata simplemente de automatizar procesos o acelerar tareas operativas. La IA agéntica implica que los sistemas ya no esperan instrucciones permanentes de los usuarios, sino que pueden monitorear variables, interpretar condiciones, aplicar políticas previamente definidas y ejecutar acciones de manera autónoma.

En ese nuevo escenario, las compañías que continúan viendo la inteligencia artificial únicamente como un “asesor digital” empiezan a quedar rezagadas frente a organizaciones que ya la están convirtiendo en un operador activo dentro de sus estructuras tecnológicas.

El debate ya no gira alrededor de si las empresas deben adoptar IA, porque prácticamente todas ya lo están haciendo. El verdadero desafío consiste en entender qué tan preparadas están para incorporar sistemas autónomos capaces de actuar sobre infraestructura crítica, información sensible y operaciones complejas.

Vea también: Industria conectada, la nueva revolución digital en América Latina

Y los datos muestran una realidad contundente: la gran mayoría todavía no está lista.

Según el informe State of AI 2025 de McKinsey & Company, menos del 10% de las organizaciones ha logrado escalar con éxito agentes de inteligencia artificial dentro de alguna función empresarial. Esto significa que existe una enorme distancia entre las ambiciones corporativas alrededor de la IA y la capacidad real de integrarla de forma operativa, segura y gobernable.

La razón de fondo es clara: muchas compañías avanzaron rápidamente en la adopción de herramientas de IA generativa, pero no desarrollaron al mismo ritmo la infraestructura de datos, los modelos de gobernanza ni los sistemas de control necesarios para soportar autonomía tecnológica a gran escala.

La IA agéntica no es simplemente una evolución incremental de los asistentes virtuales actuales. Representa un cambio estructural en la manera en que las organizaciones operan, toman decisiones y gestionan sus procesos tecnológicos.

Del modelo reactivo al modelo autónomo

Durante años, la inteligencia artificial empresarial funcionó bajo una lógica reactiva. Un usuario hacía una pregunta y el sistema entregaba una respuesta. La mayoría de plataformas corporativas actuales siguen operando bajo ese esquema: análisis predictivos, asistentes de consulta, generación de contenido o automatización básica.

La IA agéntica rompe con esa dinámica.

En lugar de esperar instrucciones directas, estos sistemas monitorean continuamente condiciones operativas, interpretan señales del entorno, ejecutan políticas establecidas por humanos y realizan acciones automáticamente.

Eso cambia completamente la relación entre las empresas y la tecnología.

La inteligencia artificial deja de ser únicamente una herramienta de apoyo para convertirse en una capa autónoma de ejecución dentro de la organización.

Sin embargo, precisamente por ese nivel de autonomía, el proceso de adopción requiere enormes niveles de control y supervisión.

El enfoque que hoy consideran más prudente las compañías tecnológicas consiste en avanzar gradualmente: primero implementar sistemas de recomendación, luego evolucionar hacia modelos parcialmente autónomos y finalmente permitir operaciones con mayor independencia.

Esa transición no responde únicamente a una decisión tecnológica. Tiene que ver con gobernanza, confianza y gestión de riesgos.

Antes de permitir que un sistema tome decisiones por sí mismo, las organizaciones necesitan construir mecanismos que permitan comprender cómo actúa la IA, por qué tomó determinada decisión y bajo qué política ejecutó una acción específica.

La auditabilidad y la supervisión se convierten entonces en elementos fundamentales.

De acuerdo con Deloitte, apenas una de cada cinco compañías cuenta actualmente con un modelo maduro de gobernanza para agentes autónomos de inteligencia artificial.

Ese dato revela que el problema principal no es la falta de herramientas tecnológicas, sino la ausencia de estructuras empresariales preparadas para administrar autonomía digital.

El verdadero activo estratégico ya no es el algoritmo

Durante años, gran parte de la conversación sobre inteligencia artificial estuvo centrada en los modelos y la capacidad de cómputo.

Sin embargo, el mercado está entrando en una etapa distinta.

La infraestructura tecnológica se está comoditizando rápidamente. Las GPU, la nube y los modelos de código abierto están reduciendo las barreras de entrada. Cada vez más empresas pueden acceder a capacidades avanzadas de procesamiento y algoritmos sofisticados.

En ese contexto, el diferencial competitivo deja de estar exclusivamente en el modelo y se traslada hacia otro activo mucho más crítico: los datos.

La IA agéntica depende directamente de la calidad, disponibilidad, gobernanza y trazabilidad de la información empresarial.

Las organizaciones necesitan correlacionar datos, enriquecer modelos y ajustar comportamientos utilizando información propia que puedan controlar y gobernar.

Eso convierte a los datos en el centro estratégico de la nueva economía de inteligencia artificial.

En un escenario donde muchos modelos serán relativamente intercambiables, las empresas que tengan mejores capacidades para organizar, comprender y proteger su información serán las que logren construir ventajas sostenibles.

La calidad de los datos empieza a definir la calidad de la autonomía.

El problema silencioso: la base de datos empresarial

Uno de los mayores riesgos en la carrera por adoptar IA agéntica es que muchas organizaciones están intentando construir sistemas autónomos sobre estructuras de datos débiles, fragmentadas o poco gobernadas.

La preparación de datos suele ser la etapa menos visible dentro de los proyectos de inteligencia artificial, pero probablemente sea la más importante.

Es allí donde se define si una IA podrá operar responsablemente o si terminará generando errores, sesgos o riesgos operativos.

El proceso normalmente atraviesa tres etapas principales.

1. Preparación de datos

La información empresarial se integra en grandes lagos de datos capaces de manejar enormes volúmenes de contenido estructurado y no estructurado.

Aquí aparecen desafíos de trazabilidad, privacidad, cumplimiento normativo y control de acceso.

Las compañías deben gestionar requerimientos relacionados con protección de datos personales, regulaciones internacionales y limpieza de información antes de iniciar cualquier entrenamiento de modelos.

La gobernanza comienza exactamente en este punto.

2. Entrenamiento del modelo

Una vez curados, ciertos conjuntos de datos pasan a procesos intensivos de entrenamiento.

En esta etapa, las exigencias cambian: el foco deja de ser únicamente el almacenamiento y pasa hacia capacidad de procesamiento, velocidad y eficiencia computacional.

3. Inferencia

Finalmente, los modelos entrenados se despliegan en múltiples ubicaciones cercanas a los usuarios o sistemas operativos.

Aquí el reto principal se relaciona con latencia, capacidad de respuesta y ejecución en tiempo real.

El problema es que muchas empresas están concentrando su atención en el entrenamiento y la inferencia, mientras subestiman la preparación y gobernanza de los datos.

Sin una base sólida, incluso los sistemas más sofisticados terminan siendo vulnerables.

Gobernanza: la frontera crítica de la IA empresarial

A medida que los sistemas adquieren mayor autonomía, la gobernanza deja de ser un tema secundario y se convierte en un requisito estructural.

La pregunta central ya no es únicamente si una IA puede actuar, sino si puede hacerlo dentro de límites controlables y verificables.

Una empresa necesita saber:

  • Qué hizo el sistema.
  • Por qué lo hizo.
  • Qué política aplicó.
  • Qué datos utilizó.
  • Cuáles fueron las condiciones que desencadenaron la acción.

Sin explicabilidad, no existe verdadera confianza empresarial.

Según un informe de Hitachi Vantara, alrededor del 77% de las organizaciones ya trabaja activamente en programas de gobernanza de IA y cerca del 90% está desplegando herramientas basadas en inteligencia artificial.

Sin embargo, solo el 45% dispone de un framework formal de gobernanza.

Eso significa que muchas compañías están avanzando más rápido en adopción tecnológica que en capacidad de control.

La gobernanza integrada al sistema empieza entonces a convertirse en una ventaja competitiva.

Zero Trust: el nuevo estándar operativo

La expansión de sistemas autónomos también está redefiniendo la seguridad empresarial.

En un entorno donde agentes de IA toman decisiones sobre infraestructura crítica y grandes volúmenes de información, el principio tradicional de confianza implícita deja de ser viable.

Por eso, la arquitectura Zero Trust comienza a consolidarse como un componente esencial.

El principio es simple: nunca confiar automáticamente y verificar siempre.

Cada usuario, sistema o agente autónomo debe acceder únicamente a la información estrictamente necesaria para ejecutar sus funciones.

Nada más.

Sin ese modelo de control granular, incluso los mejores esquemas de gobernanza se vuelven difíciles de aplicar a la velocidad y escala que exige la IA agéntica.

La autonomía tecnológica sin controles robustos puede convertirse rápidamente en un riesgo operativo, reputacional y regulatorio.

El verdadero reto: construir confianza

Gran parte de la conversación pública sobre inteligencia artificial se enfoca en velocidad, productividad y automatización.

Pero en el entorno corporativo, el factor decisivo será otro: la confianza.

Las empresas necesitan sistemas capaces de actuar correctamente dentro de límites definidos, con rendición de cuentas y capacidad de explicación.

La autonomía confiable implica tres elementos fundamentales:

  • Saber qué hacer.
  • Poder demostrar cómo se llegó a la decisión.
  • Operar dentro de parámetros controlados.

Sin esos tres pilares, la autonomía empresarial se vuelve difícil de escalar.

La confianza también depende del involucramiento de la alta dirección.

Deloitte señala que las organizaciones donde los líderes corporativos participan activamente en la gobernanza de IA logran generar más valor empresarial que aquellas donde la responsabilidad se delega exclusivamente a equipos técnicos.

Esto confirma que la IA agéntica ya no es únicamente un asunto tecnológico. Se convirtió en una decisión estratégica de negocio.

América Latina frente al desafío de la autonomía digital

Aunque gran parte de la conversación sobre IA se concentra en Estados Unidos, Europa y Asia, América Latina también comienza a enfrentar esta transición.

Las empresas de la región están acelerando procesos de digitalización, automatización y modernización operativa.

Sin embargo, muchas todavía enfrentan desafíos importantes relacionados con infraestructura tecnológica, calidad de datos y madurez digital.

La adopción de IA agéntica podría ampliar la brecha entre organizaciones preparadas y empresas que aún operan bajo modelos tradicionales.

Las compañías que logren desarrollar capacidades sólidas de gobernanza, integración de datos y seguridad tendrán ventajas relevantes en productividad, resiliencia y competitividad.

Las demás podrían quedar atrapadas en procesos de transformación incompletos.

Vea también: Mundial 2026, la disputa de las marcas por la atención global

La nueva batalla empresarial

La IA agéntica marca el inicio de una nueva etapa en la evolución tecnológica corporativa.

Las organizaciones ya no competirán únicamente por acceso a herramientas de inteligencia artificial, sino por capacidad de operar autonomía confiable a escala.

La diferencia entre éxito y fracaso dependerá de varios factores:

  • Calidad y gobernanza de datos.
  • Capacidad de supervisión.
  • Infraestructura tecnológica.
  • Seguridad Zero Trust.
  • Liderazgo corporativo.
  • Transparencia operativa.
  • Explicabilidad de decisiones.

El desafío no consiste simplemente en implementar agentes autónomos, sino en construir ecosistemas capaces de soportarlos de manera segura y eficiente.

La transición ya comenzó.

Mientras algunas compañías siguen utilizando IA como una herramienta consultiva, otras empiezan a convertirla en una capa activa de ejecución empresarial.

Ese cambio podría redefinir completamente la forma en que operan las organizaciones durante la próxima década.

La pregunta ya no es si la IA agéntica llegará a las empresas.

La verdadera pregunta es cuáles estarán preparadas para controlarla, gobernarla y convertirla en una ventaja competitiva sostenible.

Por Octavian Tanase Chief Product Officer de Hitachi Vantara


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Source: Comunicado de prensa
Tags: BrasilGobernanza TecnológicaIA AgénticaInnovación empresarialInteligencia Artificialtransformación digital
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