Colombia y Brasil, pioneros en inversión por la naturaleza y finanzas sostenibles, la sostenibilidad ya no es una tendencia pasajera, sino una estrategia central en la gestión de riesgos y en la creación de valor para las empresas. Así lo demuestra el más reciente informe del Taskforce on Nature-related Financial Disclosures (TNFD), que posiciona a Colombia y Brasil como líderes regionales en la integración de la naturaleza en las decisiones financieras, de gobernanza y de inversión. Ambos países avanzan en la adopción de un modelo que no solo mide y reporta impactos ambientales, sino que también traduce estos datos en acciones tangibles de conservación y resiliencia.
Desde la publicación del marco TNFD en septiembre de 2023, la naturaleza y el clima se abordan como un solo desafío. La premisa es clara: no hay estabilidad económica sin estabilidad ecológica. Los recursos naturales agua, suelos, polinizadores, bosques y biodiversidad son activos esenciales para la continuidad operativa de sectores estratégicos como la energía, los agroalimentos, las bebidas, la minería y la infraestructura. Por eso, integrar la gestión ambiental a la estrategia corporativa se ha convertido en una norma global.
En este contexto, Colombia y Brasil no solo han adoptado el marco TNFD, sino que también han dado pasos concretos para vincular el capital financiero con resultados verificables en conservación. Su liderazgo regional es hoy una referencia para América Latina y el Caribe, regiones donde los impactos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad amenazan el desarrollo económico sostenible.
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TNFD: el marco que transforma la relación entre finanzas y naturaleza
El TNFD nació con un propósito similar al del TCFD (Taskforce on Climate-related Financial Disclosures), pero con un enfoque integral que abarca la naturaleza en su totalidad. Su objetivo es ayudar a las empresas a identificar, evaluar y reportar sus dependencias e impactos sobre los sistemas naturales, permitiendo decisiones de inversión más informadas y sostenibles.
El marco TNFD se estructura en torno a cuatro pilares fundamentales:
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Gobernanza: cómo las organizaciones incorporan la naturaleza en sus estructuras de decisión.
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Estrategia: cómo los riesgos y oportunidades relacionados con la naturaleza afectan el negocio.
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Gestión de riesgos: cómo las empresas identifican, evalúan y mitigan riesgos naturales.
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Métricas y metas: cómo se miden y reportan los progresos hacia una gestión más sostenible.
Integrar estos elementos no solo mejora la transparencia y la comparabilidad entre empresas, sino que fortalece la confianza de inversionistas, bancos y consumidores. Las compañías que adoptan TNFD muestran mayor capacidad para acceder a capital temático, reducir riesgos operativos y mejorar su reputación en los mercados globales.
Colombia: de los reportes a la acción con el mecanismo Tebu de Terrasos
Un ejemplo emblemático de cómo pasar del discurso a la acción lo ofrece Colombia a través del mecanismo Tebu, desarrollado por la empresa Terrasos. Este instrumento convierte la conservación de la biodiversidad en métricas operativas y resultados verificables.
Cada unidad Tebu representa 10 metros cuadrados de hábitat protegido durante 30 años, bajo monitoreo continuo y con resultados auditables. Estas unidades se registran como activos digitales en blockchain, lo que garantiza trazabilidad, autenticidad y transparencia.
El TNFD decidió respaldar su propio proceso de preparación de informes incluyendo el uso de inteligencia artificial mediante la compra de 55 unidades Tebu, lo que equivale a 550 metros cuadrados de bosque nublado conservado en el Banco de Hábitat El Globo, en Antioquia, Colombia. Este gesto no es simbólico: demuestra un compromiso real de invertir en naturaleza, no solo de medir impactos.
Según Mariana Sarmiento, CEO de Terrasos, “el mercado está pasando de la intención a la ejecución. Con Tebu, las compañías vinculan recursos con resultados medibles en territorio. Cada unidad protegida reduce riesgos, mejora el acceso a capital y genera valor compartido para negocios y comunidades”.
Este modelo de acción directa representa una revolución en la gestión ambiental corporativa, donde los indicadores ambientales ya no son simples cifras en un informe, sino resultados tangibles con beneficios sociales y ecológicos.
Brasil: finanzas verdes al servicio de la biodiversidad
Brasil, por su parte, ha sido pionero en la integración de las finanzas sostenibles con los mercados de carbono y biodiversidad. Gracias a su vasta riqueza natural y su capacidad industrial, el país ha desarrollado políticas que incentivan la inversión privada en proyectos de conservación y restauración.
El sector financiero brasileño, apoyado por instituciones como el Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social (BNDES), impulsa programas que vinculan rentabilidad con sostenibilidad. Iniciativas conjuntas entre ApexBrasil, el Instituto Brasileño del Plástico (INP) y otros organismos han demostrado que es posible alinear crecimiento económico con la protección de los ecosistemas.
La cooperación entre Brasil y Colombia refuerza una visión regional de desarrollo donde la naturaleza es considerada un activo estratégico. Ambas naciones entienden que el futuro económico depende de la capacidad de preservar el capital natural que sostiene sus sectores productivos.
Los beneficios empresariales de invertir en naturaleza
Las compañías que han adoptado el marco TNFD y mecanismos como Tebu ya están experimentando beneficios concretos:
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Mejora del acceso al financiamiento: los inversionistas priorizan empresas con políticas ambientales sólidas, lo que se traduce en mejores condiciones de crédito y mayor atracción de capital verde.
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Reducción de riesgos operativos: al proteger recursos naturales críticos como el agua o los suelos, se asegura la continuidad de las operaciones industriales y agrícolas.
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Fortalecimiento reputacional: la transparencia en la gestión ambiental refuerza la confianza de consumidores, gobiernos y socios comerciales.
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Cumplimiento normativo y anticipación regulatoria: las empresas preparadas en sostenibilidad se adaptan mejor a marcos regulatorios emergentes.
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Innovación y nuevos modelos de negocio: los instrumentos financieros basados en la naturaleza abren oportunidades en mercados emergentes como el de créditos de biodiversidad y bonos verdes.
Retos y oportunidades hacia una economía nature-positive
A pesar de los avances, persisten desafíos significativos. Muchas empresas aún enfrentan brechas de información y métricas heterogéneas, especialmente a nivel de activos individuales o cadenas de suministro. La falta de datos comparables dificulta cuantificar impactos y dependencias de manera uniforme.
Asimismo, integrar la naturaleza en la planificación financiera requiere un cambio cultural y estructural dentro de las organizaciones. Es necesario que los directorios y las áreas financieras comprendan que los ecosistemas no son un costo externo, sino una fuente de valor estratégico.
Para cerrar estas brechas, el TNFD recomienda avanzar en tres frentes:
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Fortalecimiento institucional: capacitar equipos internos en gestión de riesgos naturales y establecer comités específicos para supervisar políticas ambientales.
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Instrumentos basados en resultados: promover mecanismos como las unidades de biodiversidad Tebu, que permiten monitorear impactos reales y verificables.
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Normalización de métricas: desarrollar indicadores comunes con trazabilidad suficiente para auditorías y comparaciones globales.
Colombia ya está aplicando estas recomendaciones con proyectos piloto, mientras que Brasil avanza en la implementación de marcos regulatorios que incentivan las finanzas verdes y la inversión en conservación.
Hacia un modelo financiero resiliente y regenerativo
El nuevo paradigma que proponen el TNFD y experiencias como las de Terrasos apunta a una transformación profunda: pasar de una economía extractiva a una economía regenerativa. En este modelo, la rentabilidad y la sostenibilidad no compiten, sino que se refuerzan mutuamente.
Cuando los indicadores de naturaleza entran en los comités de inversión, de compras y de gestión de riesgos, el capital empieza a fluir hacia activos más resilientes y hacia proyectos que generan beneficios ambientales duraderos. De este modo, la sostenibilidad deja de ser una política de responsabilidad social y se convierte en una estrategia de gestión y crecimiento a largo plazo.
Colombia y Brasil lideran esta transformación en la región, demostrando que el desarrollo económico puede avanzar en armonía con la naturaleza, siempre que existan herramientas financieras innovadoras, compromiso institucional y métricas verificables.
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El futuro empresarial es natural
El informe TNFD 2025 deja un mensaje claro: integrar la naturaleza a la estrategia corporativa ya no es opcional. Las empresas que comprendan la materialidad de la biodiversidad y actúen con base en datos verificables estarán mejor posicionadas para prosperar en un entorno cambiante.
Colombia y Brasil han mostrado al mundo que es posible combinar gobernanza ambiental, innovación financiera y resultados tangibles. Con mecanismos como Tebu y con marcos como TNFD, están construyendo una economía que no solo protege los ecosistemas, sino que invierte en ellos como motor de competitividad y resiliencia.
El desafío ahora es escalar estos modelos a más países, más sectores y más empresas. Porque el futuro de los negocios y del planeta dependerá de una simple pero poderosa ecuación:
sin naturaleza, no hay economía; sin economía regenerativa, no hay futuro.


