China–Brasil, nuevas rutas para un futuro verde y azul, la relación entre China y Brasil ha evolucionado en las últimas décadas hasta convertirse en uno de los vínculos geopolíticos más influyentes del mundo emergente. Sin embargo, esta alianza está ingresando en una fase completamente distinta: una etapa donde la sostenibilidad, la descarbonización y la innovación tecnológica orientada al océano se perfilan como los pilares de una cooperación estratégica renovada.
Esta visión fue ampliamente desarrollada por especialistas durante el Foro del Delta del Río de las Perlas, celebrado en São Paulo y organizado por la agencia Xinhua. Allí, dos figuras clave el profesor Hsia Hua Sheng, de la Fundação Getulio Vargas (FGV), y José Ricardo dos Santos Júnior, CEO de LIDE China coincidieron en identificar dos grandes motores de crecimiento conjunto:
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Las finanzas verdes provenientes del sistema financiero chino, que se han convertido en una herramienta decisiva para acelerar la transición energética brasileña.
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El enorme potencial de la economía del mar, un ecosistema productivo que involucra energía, biodiversidad, logística y nuevas tecnologías oceánicas.
Ambos temas no solo amplían el alcance de la relación bilateral, sino que abren oportunidades que podrían redefinir el rumbo económico de ambos gigantes en los próximos años.
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Las finanzas verdes chinas: una vía directa para la transición energética brasileña
Durante su intervención, Hsia Hua Sheng quien también es vicepresidente del Banco de China en Brasil destacó cómo el mercado de capitales chino se ha consolidado como una plataforma de financiamiento cada vez más atractiva para empresas brasileñas que buscan avanzar en proyectos sostenibles.
En un contexto global donde el costo del dinero en Estados Unidos y otros mercados de deuda se ha elevado notablemente, China ha logrado ofrecer financiamiento competitivo para iniciativas de transición energética. Un ejemplo concreto es la multinacional brasileña Suzano, una de las mayores productoras de celulosa del mundo, que realizó una emisión de bonos en China a tasas particularmente ventajosas.
Según el especialista, esta diferencia en costos puede marcar un cambio profundo en la forma en que las empresas brasileñas financian su transformación productiva. A esto se suma la emisión realizada hace pocos años por la petrolera estatal Petrobras, que lanzó un bono sostenible de 1.000 millones de dólares con la participación directa del Banco de China en su organización.
Estas operaciones demuestran que el sistema financiero chino ya no solo impulsa proyectos propios, sino que se ha convertido en un aliado decisivo para acelerar la descarbonización en países socios como Brasil. Además, resaltó un hecho llamativo: el propio Gobierno chino ha emitido deuda en dólares, en plazos y tasas equivalentes a los del Gobierno de Estados Unidos. Para los países emergentes, señaló, esto supone un punto de inflexión en el mercado global de deuda.
En este sentido, la cooperación financiera es plenamente coherente con el plan brasileño Nueva Industria Brasil (NIB), que busca impulsar una reindustrialización verde centrada en innovación, manufactura sostenible y cadenas productivas de baja emisión.
Economía del mar: una frontera estratégica para China y Brasil
En la segunda intervención, José Ricardo dos Santos Júnior dirigió su análisis hacia lo que considera una de las nuevas fronteras económicas más poderosas para ambos países: la economía del mar, un concepto que integra actividades como:
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Energías renovables offshore
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Biodiversidad marina
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Robótica y tecnología submarina
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Pesca y acuicultura de alto valor
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Soluciones de logística oceánica
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Captura y almacenamiento natural de carbono azul
Ambos países comparten características que los posicionan con ventaja en este sector. Brasil posee cerca de 10.000 kilómetros de costa, mientras que China cuenta con alrededor de 14.500 kilómetros. Esta vasta extensión marítima combinada abre un abanico de posibilidades de cooperación tecnológica, científica y empresarial.
Dos Santos Júnior subrayó que la relación bilateral está transitando hacia una nueva etapa en la que el crecimiento económico debe alinearse con la sostenibilidad. Indicó que China y Brasil están entrando en “una era para un planeta más sostenible y un mundo más justo”, posicionando al océano como uno de los espacios más prometedores para invertir, innovar y generar impactos positivos.
El potencial de la energía eólica marina
Uno de los sectores más mencionados fue la energía eólica offshore, considerada por expertos como una de las industrias con mayor potencial de crecimiento global en la próxima década. China ya es líder mundial en esta tecnología, por lo que la transferencia de conocimientos y capacidades hacia Brasil podría acelerar la instalación de parques eólicos en su extensa plataforma marítima.
Más allá del impacto energético, la eólica marine impulsaría nuevas cadenas de suministro, empleo calificado y polos logísticos asociados a la infraestructura portuaria brasileña.
Intercambio comercial y productos premium del mar
El experto destacó además el dinamismo del comercio bilateral, que pasó de apenas 2,3 millones de dólares en el año 2000 a más de 160.000 millones en 2023 y 2024. A medida que crece este flujo, también aumentan los productos vinculados al mar, como la langosta brasileña, que ya tiene presencia en mercados y restaurantes de alta gama en China.
Este tipo de exportaciones refuerza la conexión entre cadenas productivas oceánicas y comercio internacional, creando un ciclo que beneficia a ambos países.
Carbono azul: una oportunidad climática y económica
Dos Santos Júnior profundizó en el concepto de carbono azul, el carbono orgánico capturado por ecosistemas marinos como:
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Manglares
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Marismas
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Praderas marinas
Estos ecosistemas, explicó, capturan casi tres veces más carbono que los ecosistemas terrestres, lo que los convierte en una herramienta esencial para mitigar daños ambientales, adaptarse a eventos extremos y cumplir metas climáticas globales.
Brasil, con su biodiversidad costera, y China, con su avanzada diplomacia climática, podrían colaborar en proyectos:
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de restauración de manglares,
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monitoreo científico,
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créditos de carbono azul,
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e inversiones para proteger zonas vulnerables.
La creación de fondos bilaterales de inversión enfocados en la economía del mar sería un paso natural dentro de esta agenda ampliada.
Conectividad estratégica: el puerto de Chancay y un nuevo eje logístico Asia–Sudamérica
Más allá de los mares que rodean a cada nación, la infraestructura que conecta ambos continentes también está experimentando avances decisivos. El CEO de LIDE China destacó la relevancia del puerto de Chancay en Perú, construido con inversión china, y que se ha convertido en una pieza clave para mejorar la logística entre Asia y Sudamérica.
Según el especialista, este puerto combinado con la futura ferrovía bioceánica, que uniría el Atlántico con el Pacífico podría reducir hasta en 10 días el tiempo de envío entre Brasil y China. Estos recortes en tiempos logísticos transforman la competitividad de productos agrícolas, energéticos e industriales que Brasil exporta a su principal socio comercial.
Hacia una agenda más estructurada: incluir la economía del mar en la COSBAN
El fortalecimiento de estos sectores requiere una coordinación política más clara. Por ello, Dos Santos Júnior propuso incorporar la economía del mar como un eje permanente dentro de la Comisión Sino-Brasileña de Alto Nivel de Concertación y Cooperación (COSBAN), liderada por los vicepresidentes de ambos países.
Además, resaltó el acuerdo que busca generar sinergias entre:
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el PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento) de Brasil
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y la iniciativa china Franja y Ruta
Ambos marcos pueden complementarse para impulsar infraestructura verde, inversión sostenible y conectividad estratégica.
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Una alianza en transformación
La cooperación entre China y Brasil está evolucionando hacia áreas donde ambos países pueden combinar fortalezas: financiamiento competitivo, transición energética, innovación, biodiversidad marina y logística global.
Las finanzas verdes representan una vía directa para modernizar e industrializar con baja emisión, mientras que la economía del mar se perfila como un espacio de expansión económica, diplomática y tecnológica para las próximas décadas.
La visión expuesta en el Foro del Delta del Río de las Perlas muestra que la relación bilateral se encuentra en una etapa de madurez y apertura hacia campos estratégicos que no solo prometen fortalecer ambas economías, sino también contribuir a un desarrollo más sostenible para el planeta.


