Brasil y China, potenciando la cooperación climática sur-sur para un futuro verde global, en agosto de 2024, se celebró el 50 aniversario de las relaciones diplomáticas entre dos gigantes mundiales: Brasil y China. Este hito no solo marcó medio siglo de cooperación política y económica, sino que también subrayó el creciente enfoque de ambas naciones en la lucha contra el cambio climático. Brasil y China, como dos de los principales actores en la escena climática global, están en una posición única para liderar los esfuerzos hacia una cooperación climática más profunda, lo que podría allanar el camino para una transformación significativa en la lucha contra la crisis ambiental.
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Un Nuevo Horizonte para la Cooperación Climática
La creciente crisis climática ha generado una necesidad urgente de acciones conjuntas a nivel global. El calentamiento global, el aumento del nivel del mar, los desastres naturales y la pérdida de biodiversidad son solo algunos de los desafíos a los que el mundo se enfrenta. A medida que el planeta busca formas de mitigar estos efectos devastadores, la colaboración entre Brasil y China podría ser transformadora. Estos dos países emergentes están en una posición privilegiada para desarrollar una asociación sólida en materia de clima que no solo beneficie a sus propias economías, sino que también tenga un impacto positivo en el Sur Global.
Una Asociación Climática Integral
La cooperación entre China y Brasil puede ser un ejemplo poderoso de cómo dos naciones en desarrollo pueden liderar la transición hacia una economía verde. Esta colaboración debe incluir una variedad de áreas clave, como la inversión en tecnologías limpias, el comercio de productos sostenibles, la transferencia de conocimientos técnicos y el desarrollo de capacidades. La idea es crear un modelo económico sostenible que impulse el crecimiento y, al mismo tiempo, reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero. Este enfoque no solo tiene el potencial de mejorar las economías locales, sino que también puede influir en las negociaciones internacionales sobre el clima, ayudando a lograr los objetivos establecidos en el Acuerdo de París.
El Papel de Brasil y China en las Finanzas Climáticas
Ambas naciones han sido durante mucho tiempo defensores de la reforma de los sistemas financieros internacionales para reflejar mejor las necesidades de los países en desarrollo. China, con su vasto poder económico, y Brasil, con su rica biodiversidad y recursos naturales, están en una posición privilegiada para liderar un cambio en la forma en que se financian los proyectos climáticos en el Sur Global.
Uno de los principales desafíos en la lucha contra el cambio climático es la falta de financiamiento adecuado para los países en desarrollo. A pesar de que estos países han sido responsables de la mayor parte del crecimiento del PIB mundial en las últimas décadas, solo una pequeña fracción de los fondos internacionales para el clima se destina a las economías emergentes. Según el último informe del Global Landscape of Climate Finance, en 2021-2022 solo el 16% de los fondos climáticos internacionales llegaron a estos países, y una porción aún menor fue dirigida a los países más vulnerables. Este déficit de financiamiento ha dejado a muchas naciones sin los recursos necesarios para adaptarse a los efectos del cambio climático y mitigar sus impactos.
La Necesidad de Financiamiento Adaptativo
Un ejemplo claro de esta necesidad de financiamiento se dio en Brasil en mayo de 2023, cuando el estado de Rio Grande do Sul sufrió inundaciones devastadoras. Este desastre natural destacó la urgencia de contar con financiamiento adecuado para mejorar la capacidad de respuesta ante fenómenos climáticos extremos. Sin embargo, también reveló una oportunidad: la posibilidad de remodelar las respuestas internacionales ante crisis climáticas mediante la financiación de soluciones basadas en la naturaleza, que puedan aumentar la resiliencia y reducir el riesgo de futuros desastres.
La reconstrucción sostenible de las áreas afectadas en Brasil dependerá en gran medida de la financiación climática internacional. Esta financiación debe ser significativa y estar alineada con las necesidades específicas de los países en desarrollo, como Brasil. Si bien los flujos financieros actuales están dominados por los países ricos del Norte Global, es crucial que las economías emergentes como China y Brasil tengan un papel más destacado en la financiación de proyectos climáticos en el Sur Global.
La Cooperación Sur-Sur como Motor de Cambio
La cooperación Sur-Sur, impulsada por naciones como Brasil y China, tiene el potencial de convertirse en un motor clave para la financiación climática y el desarrollo sostenible. En los últimos años, China ha liderado varias iniciativas importantes en este ámbito, como el Nuevo Banco de Desarrollo (Banco de los BRICS), el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras y el Fondo de Cooperación Climática Sur-Sur (SSCCF). Brasil, por su parte, ha mostrado interés en unirse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, un ambicioso programa de inversión en infraestructuras que ya ha llegado a más de 150 países. Esta colaboración podría ser un catalizador para una mayor inversión en proyectos climáticos en el Sur Global.
Sin embargo, los flujos financieros actuales para el clima no son suficientes. A pesar de los esfuerzos de China y Brasil, la financiación climática internacional sigue siendo insuficiente. En 2023, la financiación Sur-Sur representó menos del 2% de los flujos totales, lo que subraya la necesidad de una mayor inversión en este tipo de cooperación.
Un Futuro en el que Brasil y China Lideren
A medida que el mundo se acerca a la cumbre climática COP29 en Azerbaiyán, está claro que se necesita un cambio radical en la financiación climática global. Las economías emergentes, como Brasil y China, deben desempeñar un papel más prominente en este cambio. No se trata solo de aumentar los fondos disponibles, sino también de asegurar que esos fondos se utilicen de manera efectiva para satisfacer las necesidades de los países en desarrollo.
La formalización de un mayor papel para las economías emergentes en la financiación climática sería un paso hacia la creación de un sistema más inclusivo y equitativo. Además, sería coherente con el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas (CBDR), que sigue siendo un pilar fundamental de las negociaciones climáticas internacionales. Reconocer las contribuciones voluntarias de las economías emergentes no desvía la atención de la obligación de los países ricos de proporcionar financiamiento, sino que complementa los esfuerzos globales.
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El Papel Histórico de China y Brasil
Brasil y China están en una posición única para liderar una nueva era de cooperación climática Sur-Sur. Sus acciones conjuntas en áreas como la financiación, el comercio, la transferencia de tecnología y el desarrollo de capacidades pueden servir como un modelo a seguir para otras naciones en desarrollo. Además, su liderazgo podría ser clave para alcanzar los ambiciosos objetivos del Acuerdo de París y preparar el terreno para un resultado exitoso en la COP30, que se celebrará en Brasil en 2025.
Con una colaboración más estrecha entre Brasil y China, el mundo podría avanzar hacia un futuro más verde, más inclusivo y más equitativo, donde las economías emergentes jueguen un papel central en la lucha contra el cambio climático.

