Ventas en supermercados bonaerenses registran mínimos históricos en una década
El consumo masivo en la provincia de Buenos Aires atraviesa un momento crítico. Las góndolas con menor variedad, los changuitos más livianos y la caída de la demanda ya no son postales esporádicas: se han convertido en una tendencia sostenida que afecta tanto a cadenas grandes como a comercios de cercanía. Los últimos datos difundidos por el Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires, a cargo de Pablo López, confirman que las ventas en supermercados alcanzaron en junio de 2025 el nivel más bajo de la última década.
Este retroceso no se explica por un solo factor, sino por una combinación de variables: pérdida del poder adquisitivo, encarecimiento de los productos básicos, desplome en categorías de consumo no esencial y un programa económico nacional que, según la mirada del gobierno provincial, impacta de lleno en el bolsillo de las familias bonaerenses.
Cifras que revelan la magnitud de la caída
En términos concretos, las ventas de supermercados en la provincia cayeron 3% interanual en junio de 2025 y un 6,6% frente al mismo mes de 2023, marcando el peor desempeño para ese período en diez años. La situación fue aún más dramática en el Gran Buenos Aires (GBA), que concentra casi el 70% de la facturación del sector: allí la retracción llegó al 6,6% respecto a 2024 y al 10,8% comparado con 2023.
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El dato en pesos constantes de 2025 refuerza el deterioro: mientras que en junio de 2023 las ventas rondaban los 721.228 millones, en 2024 bajaron a 694.842 millones, y este año se desplomaron hasta los 673.699 millones. En palabras de López, se trata de “una pérdida sostenida y pronunciada” que golpea directamente al consumo popular.
Un primer semestre con retroceso acumulado
El panorama no mejora al observar los datos acumulados del año. Durante el primer semestre de 2025, las ventas en supermercados bonaerenses fueron 7,6% menores a las del mismo período de 2023. En valores constantes, significa una reducción de 326 millones de pesos, lo que refleja un mercado interno más chico y una demanda que no encuentra piso.
La tendencia provincial se alinea con la nacional: en todo el país, las ventas en supermercados retrocedieron 8,1% interanual, cayendo de 13,3 billones de pesos en 2023 a 12,2 billones en 2025, siempre a precios reales. Esta dinámica evidencia un problema estructural que trasciende las fronteras de la provincia más poblada.
Bebidas y electrónicos, los rubros más golpeados
El análisis por categorías permite comprender cómo las familias ajustan sus gastos en medio de la crisis. El rubro más afectado fueron las bebidas, con un derrumbe del 25,9% interanual, reflejando que tanto bebidas alcohólicas como gaseosas y jugos pasaron a ocupar un lugar secundario en la canasta de consumo.
En segundo lugar, se ubicaron los productos electrónicos y artículos del hogar, con una baja del 12,4%, seguidos por alimentos preparados y rotisería (-12%), almacén (-11,7%) y lácteos (-8,5%). Incluso categorías consideradas esenciales, como carnes (-0,3%) y artículos de limpieza y perfumería (-3%), registraron retrocesos.
El patrón es claro: los hogares reducen primero los consumos considerados “prescindibles” o de mayor precio relativo, pero la contracción ya se extiende también a bienes básicos, lo que indica un ajuste generalizado.
Los datos de junio no fueron una sorpresa aislada, sino la continuidad de una curva descendente. Ya en abril de 2025, el ministro López había señalado que las ventas estaban un 11% por debajo de 2023, con desplomes particularmente fuertes en bebidas (-27,4%), electrónicos (-19,8%) y alimentos preparados (-18,6%).
En mayo, el diagnóstico volvió a repetirse, con advertencias sobre un modelo económico que “desincentiva la producción y reduce el mercado interno”, en palabras del ministro. De este modo, los informes mensuales del Ministerio de Economía bonaerense se han convertido en un termómetro del deterioro del consumo masivo.
Vínculo con la política económica nacional
El gobierno provincial vincula directamente la caída en las ventas con el rumbo económico de la gestión nacional encabezada por Javier Milei. En sus publicaciones, López sostiene que la contracción del consumo es consecuencia de “un ajuste sobre los ingresos y el deterioro de la calidad de vida de los hogares”.
El discurso oficial bonaerense también remarca el impacto electoral de estos datos, en un contexto marcado por la cercanía de las elecciones legislativas del 7 de septiembre, en las que se pondrá a prueba la adhesión al modelo nacional. López lo sintetizó en redes sociales con un mensaje político: “El 7S, pongamos un freno a este modelo”.
Más allá de la retórica partidaria, lo cierto es que la correlación entre la caída del poder adquisitivo y el retroceso del consumo encuentra respaldo en los números: salarios que pierden contra la inflación, tarifas más altas y crédito limitado configuran un escenario en el que las familias ajustan sus gastos cotidianos.
La recesión del consumo en supermercados también arrastra consecuencias para el empleo y la dinámica del sector privado. Con menos ventas, las cadenas reducen su volumen de compras a proveedores y ajustan costos internos. Esto afecta a toda la cadena de valor, desde las industrias de alimentos y bebidas hasta los distribuidores mayoristas.
El propio López señaló que las ventas mayoristas también se redujeron al compás del consumo minorista, con una caída equivalente a más de 1,1 billones de pesos en comparación con 2023. Incluso los shoppings, tradicionalmente más resistentes por su perfil de consumo aspiracional, muestran caídas significativas.
La crisis en supermercados no solo es un dato económico: se traduce en cambios en los hábitos de consumo y en el día a día de millones de familias. El ajuste se nota en la disminución de productos de marca, el reemplazo por segundas y terceras opciones, la compra en menor cantidad y la búsqueda de promociones.
La caída del consumo también golpea el tejido social: se reducen las salidas recreativas, se limita el acceso a ciertos alimentos y se altera la relación cultural con el supermercado, que históricamente funcionó como espacio de abastecimiento y, en algunos casos, de encuentro comunitario.
Las expectativas para lo que resta de 2025 no son alentadoras. Con un mercado interno debilitado, un poder adquisitivo erosionado y un consumo en franco retroceso, es difícil proyectar una recuperación inmediata.
Analistas privados coinciden en que la recuperación dependerá de la estabilización de precios y de la recomposición de los salarios reales. Sin estos factores, el sector supermercadista difícilmente pueda salir de la recesión en el corto plazo.
Mientras tanto, el gobierno bonaerense continuará utilizando estos relevamientos como parte de su estrategia política y económica, para mostrar de manera tangible cómo la crisis golpea a la provincia que concentra el 40% de la población argentina.
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Las ventas en supermercados bonaerenses se ubican en niveles históricamente bajos, con caídas que se repiten mes a mes y afectan a prácticamente todos los rubros de consumo. La situación refleja no solo el impacto de un modelo económico nacional centrado en el ajuste, sino también la pérdida de poder adquisitivo de los hogares y el consecuente deterioro de la calidad de vida.
El desafío no es solo económico sino también social y político: encontrar un equilibrio entre la estabilización macroeconómica y la recuperación del mercado interno que permita reactivar uno de los sectores más representativos del consumo popular argentino.


