Santista apuesta por la innovación en Argentina con inversión estratégica en plena crisis textil
La industria textil argentina atraviesa uno de sus momentos más complejos de las últimas décadas. La caída en las ventas, la retracción del consumo interno y la falta de inversión han puesto en jaque a gran parte del sector. Sin embargo, dentro de este escenario adverso, algunas empresas deciden mantener una estrategia opuesta: en lugar de reducir sus operaciones, refuerzan su presencia con apuestas a largo plazo. Este es el caso de Santista, la compañía brasileña con casi un siglo de trayectoria en Argentina, que recientemente anunció una inversión de 1,6 millones de dólares en su planta de Tucumán.
Una empresa con raíces profundas en Argentina
Santista es una de las firmas textiles más relevantes de la región. Llegó a la Argentina hace 98 años y desde entonces ha construido un posicionamiento fuerte con marcas que forman parte del día a día de miles de argentinos, como Ombú y Grafa, reconocidas por su durabilidad y vínculo con el trabajo industrial y rural. También ha consolidado su presencia en el segmento jeanswear, donde se destaca con su línea Good Denim, una propuesta orientada al consumidor moderno que busca diseño sin perder resistencia.
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En 2021, la compañía reforzó su integración local al incorporar un socio argentino, una decisión que le permitió ganar flexibilidad para afrontar la dinámica del mercado interno y regional. A pesar de los vaivenes económicos, Santista se ha mantenido como una de las pocas empresas que no solo resiste, sino que además sigue invirtiendo.
La nueva inversión: tecnología alemana para competir en el exterior
El anuncio de 2025 tiene un componente clave: la adquisición de una línea de hilatura Autocoro Saurer ACO 10, desarrollada en Alemania. Se trata de un equipo de última generación que automatiza la transformación de fibras de algodón en hilo, con un sistema avanzado de control, bobinado y empalmes que mejora notablemente la calidad del producto final.
La incorporación de esta maquinaria no es un simple reemplazo de tecnología obsoleta; representa un salto en productividad y competitividad. Con ella, Santista no solo busca sostener su presencia en el mercado local, sino incrementar sus exportaciones hacia nuevos destinos, en un contexto donde la demanda internacional se convierte en tabla de salvación frente a la contracción del consumo interno.
Según especialistas del sector, contar con procesos de hilatura automatizados permite obtener hilos más uniformes, con menos defectos y mayor resistencia. Esto se traduce en textiles de calidad superior que cumplen con los estándares exigidos por clientes internacionales, especialmente en Europa y Estados Unidos, donde la industria de la moda impone criterios cada vez más estrictos.
Un sector golpeado por la crisis
El contraste con el resto de la industria es evidente. De acuerdo con datos de la Fundación ProTejer, las ventas de indumentaria en Argentina cayeron alrededor de un 30% en los últimos dos años, arrastrando a numerosas empresas a reducir su actividad.
El informe destaca que al menos cinco de cada diez compañías textiles tuvieron que disminuir su producción en el último año, con un promedio de baja del 12%. En el acumulado de los últimos dos años, la contracción alcanza al 28%.
Además, la falta de inversión se convirtió en un problema estructural: casi el 80% de las empresas no realizó desembolsos durante 2024, y muchas cancelaron proyectos previamente planificados. En este marco, la decisión de Santista de apostar por la modernización tecnológica contrasta fuertemente con la tendencia generalizada de retracción.
La inversión de 1,6 millones de dólares es parte de un programa mucho más ambicioso. En los últimos cinco años, Santista destinó más de 30 millones de dólares a modernizar sus operaciones en Argentina, con un enfoque en innovación, sustentabilidad y eficiencia en toda la cadena de valor.
Este plan ha incluido la incorporación de sistemas de ahorro energético, mejoras en procesos de teñido con menor impacto ambiental y proyectos de economía circular. La empresa ha buscado posicionarse no solo como líder en volumen, sino también como referente de prácticas sostenibles en una industria históricamente señalada por su huella ambiental.
De este modo, la nueva maquinaria en Tucumán no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una estrategia de consolidación que tiene en la exportación su horizonte más prometedor.
Alivio tributario en un contexto adverso
El entorno local también comienza a mostrar señales de apoyo, al menos en el ámbito municipal. Hace pocas semanas, el municipio de Famaillá, donde está radicada la planta de Santista, anunció una reducción en la carga tributaria local para aliviar a las empresas instaladas en la zona.
El acuerdo, impulsado por el intendente Enrique Orellana, estableció una rebaja de entre 30% y 50% en el Tributo Económico Municipal (TEM), que actualmente tiene una alícuota del 0,8%. La medida, con vigencia de seis meses, busca sostener la actividad en un momento en que muchas firmas enfrentan dificultades para mantener su estructura productiva.
Si bien se trata de un alivio temporal, esta decisión es relevante porque muestra cómo la coordinación entre sector público y privado puede generar condiciones más favorables para la inversión.
La estrategia de Santista responde a una premisa clara: la industria textil argentina necesita diversificar mercados y mejorar su competitividad internacional para sobrevivir a las crisis internas. Con el consumo local deprimido, las exportaciones aparecen como el único camino viable para sostener niveles de producción elevados.
La compañía brasileña entiende que la única manera de insertarse en esos mercados es a través de la modernización tecnológica, garantizando productos que cumplan con los estándares globales en términos de calidad, diseño y sustentabilidad.
Además, el posicionamiento de marcas históricas como Ombú y Grafa sigue siendo un valor diferencial en mercados latinoamericanos, donde el prestigio de los textiles argentinos aún conserva un lugar destacado.
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La decisión de Santista de invertir 1,6 millones de dólares en nueva maquinaria para su planta de Tucumán confirma que, incluso en tiempos de crisis, existen empresas dispuestas a apostar por el futuro del sector textil argentino.
En un contexto de caída del consumo interno, falta de inversión generalizada y reducción de actividad en gran parte de las firmas, la compañía se posiciona como excepción y demuestra que la innovación tecnológica y la apertura internacional son caminos posibles para superar la adversidad.
Si el plan estratégico de Santista se consolida, no solo la empresa fortalecerá su competitividad, sino que también marcará un ejemplo para un sector que necesita reinventarse. La combinación de inversiones privadas y alivios fiscales locales, aunque aún insuficientes, podría abrir una ventana de oportunidad para revitalizar una de las industrias más tradicionales del país.

