La industria textil Argentina enfrenta una fuerte caída en su producción
La industria de la indumentaria argentina atraviesa un panorama preocupante. En los primeros cuatro meses de 2025, la producción nacional de ropa experimentó una caída del 7 % en comparación con el mismo período del año anterior. Esta cifra, revelada por la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), refleja con claridad la magnitud de la crisis que afecta al sector, en un contexto de contracción del consumo interno y políticas económicas orientadas a la apertura comercial.
Aunque el 2024 ya había sido un año complicado, las cifras del presente ejercicio evidencian un deterioro aún mayor. Esta situación no solo pone en jaque la rentabilidad de los fabricantes locales, sino que también amenaza la sustentabilidad de miles de empleos distribuidos en talleres y fábricas en todo el país.
LA CAÍDA EN CIFRAS: MENOS PRENDAS, MÁS INCERTIDUMBRE
De acuerdo con el relevamiento realizado por la CIAI, seis de cada diez fabricantes encuestados reconocieron haber producido menos prendas en el primer cuatrimestre de este año en relación al mismo período de 2024. En contraste, apenas un 31 % de las empresas reportó un aumento en su producción, mientras que el 9 % restante indicó que sus niveles se mantuvieron estables.
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Estos datos provienen de una encuesta realizada a empresas de distintos segmentos del rubro textil. Entre ellas se encuentran productores de indumentaria femenina (26 %), masculina (20 %), ropa deportiva (20 %), ropa infantil (17 %), lencería (9 %), ropa de trabajo (3 %) y sastrería (3 %). El informe, que tiene alcance nacional, permite obtener una visión bastante representativa de cómo la crisis está golpeando a todo el ecosistema del sector, sin distinción de segmento o región.
Un reciente informe de la Fundación ProTejer —referente en el monitoreo del entramado productivo textil— pone el foco en dos grandes factores que explican el deterioro de la producción nacional: la caída del poder adquisitivo de los consumidores y el incremento de la participación de productos importados en el mercado interno.
En primer lugar, el ajuste económico implementado por el gobierno de Javier Milei ha derivado en una pérdida sensible del poder de compra de la población. Los aumentos generalizados de precios, sumados a la caída de los salarios reales, impactan de manera directa sobre el consumo de bienes no esenciales, entre ellos la ropa. En tiempos de crisis, los hogares tienden a postergar este tipo de gastos, optando por reutilizar prendas, recurrir al mercado de segunda mano o, simplemente, reducir al mínimo sus compras de indumentaria.
Por otro lado, la política aperturista impulsada por el Ejecutivo nacional, con la reducción de aranceles y la eliminación de trabas para importar, ha dado lugar a una mayor presencia de prendas extranjeras en las góndolas. En muchos casos, estos productos llegan a precios más competitivos que los locales, generando una desventaja estructural para los fabricantes argentinos, cuyas estructuras de costos están fuertemente influenciadas por factores como la carga impositiva, los costos logísticos y la inflación.
LA AMENAZA IMPORTADA: ¿COMERCIO LIBRE O COMPETENCIA DESLEAL?
El debate sobre el rol de las importaciones en la economía local no es nuevo, pero ha cobrado particular relevancia en los últimos meses. Si bien la apertura comercial puede traer beneficios en términos de precios para el consumidor, también implica riesgos concretos para sectores que, como el textil, no están en igualdad de condiciones para competir con países que cuentan con mano de obra más barata, subsidios estatales o escalas de producción mucho mayores.
En este sentido, desde la Fundación ProTejer advierten que la liberalización del comercio sin una política industrial que proteja a los sectores sensibles puede derivar en un proceso de desindustrialización acelerado. “La competencia debe ser justa, y para que eso ocurra, hay que equiparar condiciones. Hoy los textiles argentinos compiten con productos que llegan desde países donde los costos laborales son una fracción de los locales”, señala el informe.
La caída en la producción no es un fenómeno aislado: trae consigo una serie de consecuencias de tipo económico y social. Menor producción implica menos horas de trabajo, suspensiones, pérdida de empleos y cierre de talleres, especialmente en los segmentos más vulnerables de la cadena textil.
La industria de la indumentaria en Argentina emplea a decenas de miles de personas, muchas de ellas en economías regionales o en barrios populares donde la actividad textil representa una salida laboral directa. Este tipo de crisis no solo afecta a las grandes marcas, sino sobre todo a los pequeños y medianos talleres que abastecen al mercado interno.
Además, se genera un efecto dominó en sectores vinculados como el transporte, la distribución, la venta minorista y los proveedores de insumos. La ropa no se produce en el vacío: hay una cadena completa que se ve afectada por la caída de la actividad.
EL SECTOR BUSCA RESPUESTAS
Ante este panorama, diferentes cámaras empresariales y sindicatos del sector han comenzado a reclamar medidas urgentes que permitan evitar una mayor retracción. Entre las propuestas que se barajan se encuentran incentivos a la producción nacional, líneas de crédito a tasas bajas para la reconversión tecnológica, y una política de administración del comercio que contemple salvaguardas temporales para el sector.
También se insiste en la necesidad de fomentar el consumo interno a través de programas de beneficios, ferias de precios cuidados o acuerdos con supermercados y tiendas de grandes superficies para priorizar la venta de productos nacionales.
Otra alternativa mencionada por algunos especialistas es avanzar en la certificación del “origen argentino” como una herramienta para poner en valor lo hecho localmente. Esta estrategia ya ha sido aplicada con relativo éxito en otros países y permite, al menos, generar una conciencia de consumo más responsable por parte de la ciudadanía.
¿UN FUTURO POSIBLE?
A pesar del contexto adverso, existen referentes del sector que aún conservan cierto optimismo. Consideran que, con el apoyo adecuado y políticas públicas que equilibren la apertura con la protección de la industria nacional, el sector textil argentino tiene potencial para recuperarse.
La historia demuestra que la industria de la indumentaria ha atravesado múltiples crisis y ha sabido reinventarse. Sin embargo, para que eso ocurra nuevamente, se requiere una articulación estratégica entre el sector público, el privado y los trabajadores. Sin esta sinergia, será difícil sostener una actividad que, además de generar empleo y valor agregado, forma parte de la identidad productiva del país.
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El retroceso del 7 % en la producción de ropa en Argentina durante el primer cuatrimestre de 2025 es un reflejo claro de las tensiones que atraviesa el sector. El impacto del ajuste económico, la pérdida del poder adquisitivo y el avance de las importaciones están configurando un escenario de alta complejidad para los productores locales. Sin medidas de apoyo concretas, la industria textil podría enfrentar una crisis de magnitudes mayores en los próximos meses.

