Empresarios argentinos advierten sobre el impacto de los nuevos aranceles
La reciente imposición de nuevos aranceles por parte del gobierno estadounidense volvió a encender las alarmas entre los principales actores del sector empresarial argentino. La política de «reciprocidad arancelaria» impulsada por el expresidente Donald Trump, que contempla gravámenes de hasta un 25% en ciertos rubros, dejó en evidencia la vulnerabilidad de varias industrias nacionales frente a los vaivenes del comercio internacional y la falta de una estrategia firme por parte del gobierno argentino.
El anuncio del nuevo arancel del 10% a productos argentinos se sumó a una serie de medidas proteccionistas que afectan desde hace meses a sectores clave de la economía nacional, particularmente el siderúrgico. Empresas como Techint y sus filiales Ternium y Tenaris ya venían enfrentando un arancel del 25% desde febrero, lo que provocó una ola de incertidumbre en la industria del acero. Estos nuevos gravámenes llegan en un contexto de apertura comercial impulsado por la administración de Javier Milei, lo que agrava aún más las preocupaciones.
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Aunque el gobierno argentino defendió la aplicación de estos aranceles “recíprocos”, argumentando que el país continúa teniendo acceso a tasas menores en comparación con otras economías de la región, el sector privado no comparte el mismo optimismo. Las principales cámaras empresariales insisten en que estas medidas limitan gravemente la competitividad de la industria local.
La reacción de las cámaras empresariales
La Unión Industrial Argentina (UIA) fue una de las primeras entidades en expresar su malestar. Su presidente, Daniel Funes de Rioja, calificó la medida como “un golpe adicional” a sectores estratégicos de la industria nacional que ya vienen atravesando un escenario complejo debido a factores internos, como el atraso cambiario y la competencia desleal de productos importados.
Funes de Rioja aprovechó la ocasión para retomar el reclamo por reformas estructurales que incentiven la producción local, haciendo especial hincapié en la necesidad de una política cambiaria que fortalezca las exportaciones. Según su visión, el país se encuentra en una encrucijada donde la apertura comercial sin regulaciones puede volverse perjudicial si no se acompaña de incentivos para mejorar la competitividad.
En la misma línea, la Cámara Argentina del Acero (CAA), que agrupa a las principales compañías del rubro, entre ellas Arcelor Mittal Acindar, Gerdau y Acerbrag, había solicitado al Ejecutivo argentino iniciar gestiones diplomáticas con Estados Unidos ya desde febrero, cuando se aplicó el primer arancel del 25%. La expectativa era abrir una mesa de diálogo que permitiera una exención o al menos una flexibilización de la medida. Sin embargo, todo indica que ese esfuerzo fue insuficiente o, directamente, inexistente.
un gobierno alineado pero sin respuestas
La administración Milei parece no compartir las preocupaciones del sector industrial. El vocero presidencial, Manuel Adorni, minimizó el impacto de los nuevos aranceles, señalando que la medida estadounidense confirmaba que Argentina “seguía gozando de una de las cargas impositivas más bajas de la región” en términos comerciales. Esta postura generó desconcierto en buena parte del empresariado, que esperaba una señal más activa del Ejecutivo para defender los intereses locales.
Además, desde el oficialismo se insiste en que la política de “aranceles recíprocos” no representa una amenaza real para el comercio bilateral, y que existen márgenes de negociación aún no explorados. Sin embargo, la historia reciente muestra que la administración Trump no suele ceder fácilmente en temas arancelarios, especialmente si detrás de las decisiones hay razones estratégicas o electorales.
preocupación extendida al agro y alimentos
Más allá del acero, otros sectores también manifestaron su alarma ante esta situación. La Cámara de la Industria Aceitera (Ciara) y la Cámara de Exportadores de Cereales (CEC) alertaron sobre el efecto que podrían tener los aranceles en la cadena agroexportadora. El presidente de Ciara, Gustavo Idígoras, destacó que productos como carne vacuna, limones, jugos cítricos, maní y azúcar están ahora en riesgo, y mencionó específicamente que el aceite de soja pasará de tributar un 19% a un 29%.
Estas cifras, traducidas al volumen de exportaciones anuales, significan millones de dólares en pérdidas potenciales, con impacto directo en la balanza comercial y en el empleo de regiones productivas del país. Los empresarios del agro coinciden en la urgencia de establecer canales diplomáticos con Washington que permitan amortiguar los efectos de esta ofensiva comercial.
un contexto global que no ayuda
La medida estadounidense se da en un contexto internacional marcado por la creciente tensión comercial entre las principales potencias. La respuesta inmediata de China, con nuevos aranceles del 34% a productos estadounidenses, desató una escalada que afectó los mercados bursátiles globales, incluyendo a las acciones argentinas, que llegaron a caer hasta un 14% en Wall Street. Esta caída refleja no sólo la desconfianza sobre el futuro comercial del país, sino también la fragilidad del contexto económico doméstico.
A ello se suman las demoras en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la volatilidad cambiaria, dos factores que aumentan el riesgo país y dificultan cualquier planificación a mediano plazo para el empresariado.
una respuesta regional y coordinada
Frente a este escenario, la Asociación Latinoamericana del Acero (Alacero) también alzó la voz, solicitando una estrategia coordinada entre los países de la región. La entidad instó a los gobiernos a tomar medidas que garanticen condiciones equitativas de competencia y que frenen el avance de las importaciones subsidiadas, especialmente provenientes de China. Este reclamo apunta no sólo a Estados Unidos sino también al riesgo que implica la sobreoferta mundial de acero en un mercado global debilitado por el proteccionismo.
La falta de una política industrial regional que haga frente a estas amenazas expone a los países latinoamericanos a una mayor dependencia de decisiones extranjeras y a una pérdida creciente de soberanía productiva.
incertidumbre en el empresariado
El malestar en el sector empresarial es palpable, pero no todos se animan a expresarlo públicamente. Muchas cámaras decidieron no emitir comunicados oficiales hasta contar con mayor claridad sobre el impacto concreto de los aranceles y sobre los pasos que tomará el gobierno argentino. Esta cautela se explica por la sensibilidad del momento y por la falta de señales claras desde el Ejecutivo.
Las empresas están, en su mayoría, recurriendo a sus departamentos de comercio exterior para analizar el alcance de la medida, evaluar nuevos destinos de exportación y redefinir sus cadenas logísticas. Sin embargo, el margen de acción es limitado si no hay una política de respaldo desde el Estado.
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Lo que hoy se presenta como un conflicto arancelario puntual con Estados Unidos podría ser la punta del iceberg de un problema más profundo: la debilidad estructural del modelo productivo argentino frente a los cambios del escenario global. Sin políticas activas que promuevan la competitividad, la diversificación de mercados y la protección razonable de sectores estratégicos, el país seguirá expuesto a los vaivenes de potencias extranjeras.
La respuesta de las cámaras empresariales, si bien tardía y en algunos casos tímida, marca el inicio de un debate necesario: ¿qué papel debe jugar el Estado frente a los desafíos del comercio internacional? ¿Cómo puede articularse una estrategia nacional que proteja el empleo, fomente la inversión y garantice una presencia sostenida en los mercados globales?
La respuesta a estas preguntas será clave no solo para la coyuntura actual, sino para definir el futuro de la economía argentina en un mundo cada vez más competitivo y proteccionista.


