El consumo masivo sigue en baja pese a señales puntuales de recuperación
La economía argentina continúa enfrentando un panorama complejo en lo que respecta al consumo masivo. A pesar de algunos indicios de recuperación en categorías específicas, el mercado aún no logra consolidar una tendencia de crecimiento sostenido. En marzo, las ventas de productos de consumo masivo volvieron a registrar un descenso interanual, marcando así 16 meses consecutivos en retroceso.
Según datos relevados por la consultora Scentia, el consumo en supermercados y autoservicios cayó un 5,4% respecto al mismo mes de 2024. En lo que va del primer trimestre del año, el retroceso acumulado alcanza el 8,6%. Si bien la contracción parece moderarse respecto a meses anteriores, las cifras muestran que el repunte aún no se materializa de manera contundente. La recesión en el consumo sigue afectando principalmente a los productos considerados no esenciales, mientras que algunas categorías vinculadas a la alimentación básica resisten mejor el impacto.
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A diferencia de febrero, cuando el descenso interanual en ventas alcanzó un 9,8%, marzo presentó una merma más leve. Los supermercados redujeron la baja a un 7,1%, mientras que los autoservicios independientes marcaron una contracción del 3,7%. Si bien este retroceso sigue siendo significativo, representa una desaceleración del ritmo de caída. Cabe destacar que la comparación estadística puede estar influenciada por el calendario: en 2024 la Semana Santa cayó en marzo, mientras que este año ocurrió en abril, lo que afecta el volumen de ventas mensual.
Este cambio en el comportamiento de los canales de venta refleja cierta resistencia del consumo, aunque todavía lejos de un punto de inflexión. La contracción es menos pronunciada, pero aún no se vislumbra una recuperación sostenible que revierta la tendencia de fondo.
La canasta básica resiste: alimentación y perecederos al alza
Entre los rubros que logran sortear el contexto con algo más de holgura se encuentran los productos esenciales para la alimentación diaria. Las categorías de alimentos no perecederos y perecederos frescos registraron avances del 0,5% y 1,2%, respectivamente, en comparación interanual. Esta ligera alza podría interpretarse como una reorientación del gasto de los hogares hacia lo indispensable, en un contexto de retracción generalizada.
El aumento de precios en los alimentos, que se mantiene por encima de la inflación general, también podría estar explicando este comportamiento. Según el INDEC, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se ubicó en un 3,7% en marzo, mientras que el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas trepó al 5,9%. A pesar de la presión inflacionaria, las familias priorizan mantener su alimentación, aunque sea a costa de otros rubros.
Bebidas y productos no esenciales, los más perjudicados
En contraposición, los productos considerados no esenciales o de consumo ocasional son los que experimentan las mayores caídas. Las bebidas sin alcohol mostraron una baja del 16%, mientras que las alcohólicas se desplomaron un 18%. Se trata de categorías que suelen ser las primeras en recortarse cuando los hogares ajustan sus presupuestos.
La contracción también alcanza a los productos impulsivos, como golosinas o snacks, con una caída del 15,6%. Otros rubros sensibles como higiene personal y cosmética (-3,3%), limpieza del hogar (-2%) y productos para desayuno y merienda (-1,5%) completan el panorama negativo.
Este escenario deja en evidencia una jerarquización del consumo por parte de los argentinos, que reordenan sus prioridades en función de sus ingresos disponibles. Los bienes de primera necesidad se sostienen, mientras que aquellos más ligados al disfrute, la comodidad o el impulso sufren una reducción notoria en su demanda.
La inflación redefine las decisiones de compra
El entorno inflacionario sigue siendo uno de los principales condicionantes del consumo. Aunque los índices muestran una tendencia descendente en los últimos meses, el impacto acumulado sobre los bolsillos continúa siendo alto. En el último año, los precios escalaron un 55,9%, una cifra que aún limita el poder adquisitivo de las familias.
En este contexto, se reconfigura la manera en la que los hogares distribuyen sus ingresos. El gasto en servicios públicos, vivienda y transporte ha mostrado subas más moderadas, lo que podría estar permitiendo cierto margen de maniobra para sostener el consumo alimentario. Sin embargo, la presión de la inflación sobre los productos cotidianos obliga a redefinir prioridades y racionalizar las compras.
Señales de adaptación en los canales de venta
El comercio minorista también se ve forzado a adaptarse a esta nueva realidad. Los supermercados han ajustado sus estrategias, recurriendo a promociones más agresivas, alianzas con bancos para ofrecer descuentos y ampliando las opciones de marcas propias. Por su parte, los autoservicios buscan captar la preferencia de los consumidores con mayor flexibilidad de precios y cercanía.
Este proceso de adaptación es crucial para sostener el vínculo con el consumidor, en un entorno donde la fidelidad a la marca pierde peso frente al precio. Hoy, el argentino medio prioriza el rendimiento de su dinero por encima de otras consideraciones. Este cambio de paradigma implica desafíos importantes para las empresas del sector.
Los especialistas coinciden en que, para que el consumo masivo revierta la tendencia negativa, será necesario un escenario más estable a nivel macroeconómico. Una mejora sostenida en el ingreso real, una inflación más controlada y una baja en la incertidumbre son factores clave para que los consumidores recuperen la confianza y retomen hábitos de compra más amplios.
En el corto plazo, se espera que algunas categorías continúen mostrando cierta resistencia, mientras otras seguirán en caída. La clave estará en observar si los próximos meses confirman esta desaceleración del descenso como el inicio de una fase de recuperación o si, por el contrario, se trata de una fluctuación estacional.
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Lo que muestran los datos es algo más profundo que una simple retracción del consumo: estamos frente a una transformación del comportamiento del consumidor argentino. El contexto económico obliga a repensar las elecciones cotidianas, priorizando lo básico por sobre lo accesorio. Las empresas, por su parte, deben leer estos cambios con precisión para adaptar sus estrategias y sobrevivir en un entorno donde cada decisión de compra está más meditada que nunca.
La campaña promocional, el desarrollo de canales digitales y la cercanía con el consumidor serán fundamentales en esta nueva etapa del mercado. Mientras tanto, el termómetro del consumo masivo seguirá siendo un indicador clave para entender el pulso de la economía argentina en los próximos meses.


