El consumo masivo en Argentina sigue en caída: Supermercados y mayoristas encabezan las pérdidas
El consumo de productos básicos en Argentina continúa en declive, marcando un panorama económico complejo para los hogares. Durante septiembre, las ventas en los principales canales comerciales descendieron un 3,7 % respecto a agosto, una señal clara de que las familias enfrentan crecientes dificultades para sostener su nivel de vida ante la inflación y la pérdida del poder adquisitivo.
El fenómeno no se limita a un rubro en particular, sino que se extiende de forma transversal en toda la cadena del consumo masivo. Los datos más recientes de consultoras privadas evidencian que los supermercados de cadena y los mayoristas fueron los más afectados, con caídas de 5,9 % y 5,4 % respectivamente, mientras que los canales digitales se posicionan como los únicos que logran mantener una tendencia positiva.
FRAGMENTACIÓN DE LOS HÁBITOS DE COMPRA
Uno de los aspectos más relevantes del estudio del mercado de consumo argentino es la creciente fragmentación en los hábitos de compra. En la práctica, esto significa que los consumidores están modificando su manera de abastecerse, eligiendo con mayor frecuencia alternativas digitales y compras selectivas en lugar de las visitas tradicionales al supermercado.
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El e-commerce se destacó como el único canal con crecimiento positivo en septiembre, con un aumento del 1,1 % frente al mes anterior. Esta modalidad, impulsada por promociones, facilidad de pago y envío, se consolida como una herramienta fundamental para los consumidores que buscan precios más convenientes sin salir de casa.
En contrapartida, los canales tradicionales registraron retrocesos: las farmacias cayeron un 4,9 %, los autoservicios independientes un 3,3 % y los kioscos un 2,3 %. Estos datos reflejan que el gasto cotidiano se ha vuelto más controlado, orientado a cubrir solo lo indispensable, y con una preferencia creciente por los formatos digitales o las compras al por mayor.
UNA COMPARACIÓN INTERANUAL MENOS NEGATIVA
Pese a la caída mensual, el análisis interanual ofrece un matiz más alentador. En comparación con septiembre del año anterior, el consumo total mostró un crecimiento del 4,4 %, aunque el avance se explica principalmente por el desempeño del comercio electrónico y algunos canales minoristas de cercanía.
El e-commerce lidera el crecimiento anual con un impresionante 14,7 %, seguido de los autoservicios (8,6 %) y los kioscos (8,5 %). Estos rubros se benefician del cambio en los patrones de consumo: los argentinos optan por compras más pequeñas, de reposición rápida y ajustadas a su presupuesto.
Por el contrario, los supermercados y mayoristas retrocedieron un 4,4 % y un 4,3 % interanual, respectivamente, mientras que las farmacias también registraron un descenso del 1,8 %. Este contraste evidencia una transformación estructural: los grandes canales tradicionales, que antes concentraban las ventas, están perdiendo terreno frente a modelos de compra más flexibles y dinámicos.
UN 2025 CON CRECIMIENTO MODERADO, PERO DESIGUAL
En el acumulado de los primeros nueve meses de 2025, el consumo masivo argentino muestra un leve crecimiento del 1,8 %, sostenido principalmente por los buenos resultados del e-commerce (+11,9 %) y de los mayoristas (+9,4 %) en los primeros trimestres del año. Sin embargo, la tendencia descendente de los últimos meses alerta sobre la posibilidad de que el cierre del año sea más débil de lo esperado.
El contexto económico continúa marcado por la alta inflación, la reducción de ingresos reales y el encarecimiento de los productos básicos. Este panorama afecta directamente a las familias, que priorizan precios, promociones y descuentos antes que fidelidad a una marca o supermercado. La pérdida del poder de compra también ha impulsado la búsqueda de alternativas más económicas, como las marcas propias o los productos de menor presentación.
La caída del consumo, además de tener un impacto económico evidente, también se ha convertido en un tema político central en Argentina. En medio de un escenario electoral y con un clima de incertidumbre, la reducción de las ventas minoristas es vista como un reflejo directo del malestar social y del desgaste del bolsillo ciudadano.
En los últimos días, el presidente Javier Milei protagonizó nuevas tensiones mediáticas en entrevistas televisivas, donde fue consultado por la pérdida de ingresos y el aumento de la pobreza. Las respuestas del mandatario, centradas en su visión de que “el crecimiento económico es la única salida posible”, fueron interpretadas como una reafirmación de su programa de ajuste, pero también como una muestra de desconexión con la urgencia cotidiana de la población.
Milei insistió en que la emisión monetaria y el endeudamiento no son alternativas viables, defendiendo la necesidad de atraer inversión privada como motor del crecimiento. Sin embargo, los analistas señalan que el corto plazo sigue siendo el talón de Aquiles del plan económico, dado que las medidas de estabilización no logran traducirse en mejoras tangibles para los consumidores.
UN ESCENARIO DE CAMBIO ESTRUCTURAL EN EL CONSUMO
Más allá de la coyuntura económica y política, lo que se observa en Argentina es un cambio estructural en la manera en que las personas compran y consumen. La digitalización del comercio, la búsqueda de precios competitivos y la preferencia por canales más ágiles están reconfigurando el panorama minorista.
El e-commerce y los canales mixtos (combinación de compra digital y retiro físico) están ganando terreno incluso entre segmentos de la población que tradicionalmente preferían el comercio presencial. La conveniencia, la comparación de precios en tiempo real y la posibilidad de acceder a promociones exclusivas son factores decisivos en la elección del consumidor moderno.
Para las empresas, el desafío será redefinir sus estrategias de fidelización, adaptando sus modelos de venta a un público más exigente, sensible al precio y cada vez menos predecible. Los supermercados y cadenas tradicionales deberán incorporar más tecnología, flexibilidad y propuestas de valor diferenciadas si quieren recuperar la confianza del cliente argentino.
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Los especialistas estiman que la tendencia de consumo se mantendrá frágil durante el último trimestre de 2025, con posibilidades de repunte solo si se estabilizan los precios y se refuerza el poder de compra a través de mejoras salariales o incentivos al consumo.
El futuro inmediato dependerá, en gran medida, de la capacidad del gobierno para contener la inflación y de las políticas que se implementen para dinamizar la economía interna. Mientras tanto, los hogares continúan ajustando sus presupuestos, priorizando las compras esenciales y reduciendo gastos discrecionales.
El sector del retail enfrenta una etapa de profunda transformación, donde la competencia se juega tanto en los precios como en la experiencia del consumidor. Los comercios que logren adaptarse a este nuevo equilibrio entre valor, conveniencia y tecnología serán los que sobrevivan en un mercado cada vez más desafiante.


