Consumo argentino 2025: Un mapa económico con claros ganadores y grandes perdedores
El consumo en la Argentina atraviesa un proceso de transformación profundo, marcado por la desigualdad y la reconfiguración de los hábitos de compra. La brecha entre las distintas clases sociales se amplía, y también se consolidan diferencias geográficas entre el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y el interior del país. Mientras algunas regiones y sectores logran sostener o incluso expandir su consumo, otros enfrentan un escenario de contracción y dificultades crecientes.
Según el informe Tendencias ARG H1 2025 elaborado por NielsenIQ, en el primer semestre de este año el consumo masivo mostró una leve recuperación del 1,2%, insuficiente para compensar la fuerte caída del 16% registrada en 2024. El interior del país se convirtió en el principal motor del repunte, mientras que el AMBA sigue rezagado debido al impacto de la quita de subsidios y al encarecimiento del costo de vida.
Consumo en el interior vs. AMBA: dos realidades opuestas
La diferencia entre regiones se explica por diversos factores estructurales. El interior se benefició de la mejora salarial en varias provincias, impulsada por políticas de gobernadores que otorgaron aumentos y bonificaciones. A ello se suma el dinamismo de sectores productivos clave:
Patagonia: la actividad petrolera de Vaca Muerta elevó los ingresos por encima del promedio nacional.
Norte argentino: la minería, especialmente el litio, traccionó empleo y salarios.
Región Centro: la recuperación del campo y las exportaciones agroindustriales fortaleció el consumo.
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En contraste, el AMBA se vio más golpeado. La eliminación de subsidios al transporte y a las tarifas de servicios, junto con el ajuste en beneficios para jubilados, redujo el poder de compra. Esto explica por qué solo el 48% de las categorías de consumo crecieron en el GBA, mientras que en el interior la cifra trepa al 85%.
categorías de consumo: ganadores y perdedores
La recuperación no fue homogénea. Según NielsenIQ, la mitad de las categorías de consumo masivo mostró aceleración en el segundo trimestre de 2025.
Sectores en crecimiento:
Alimentos no básicos: snacks, productos gourmet y opciones diferenciadas.
Bebidas sin alcohol: gaseosas y jugos volvieron a ganar terreno gracias a las promociones.
Limpieza y cuidado del hogar: las marcas líderes recuperaron espacio con descuentos agresivos.
Indumentaria y cosmética: registraron mejoras gracias al crédito y la búsqueda de consumo aspiracional.
Sectores rezagados:
A pesar de esta leve mejora, el consumo general todavía se ubica entre 35% y 40% por debajo de los niveles de 2017. Los alimentos básicos, carnes y productos lácteos siguen siendo los más castigados, dado que concentran una porción elevada del gasto en los hogares de menores ingresos.
supermercados y promociones: el motor de la recuperación
Uno de los datos más reveladores del informe es el doble protagonismo de las promociones en supermercados.
En 2024, solo el 15% de los productos en góndola tenían rebajas.
En 2025, esa cifra se duplicó al 30%.
Los descuentos promedio pasaron de un 15% a un rango entre el 25% y el 30%.
Esto permitió a las primeras marcas recuperar espacio frente a segundas y terceras marcas. Sin embargo, este esquema plantea un desafío: los consumidores se han vuelto más selectivos y planifican sus compras de acuerdo con las ofertas semanales, lo que obliga a las cadenas a sostener promociones más agresivas para no perder ventas.
A pesar de la leve mejora de 2025, los especialistas advierten que la recuperación será lenta y desigual. Si el consumo cierra el año con una suba del 3%, seguirá siendo insuficiente para revertir la caída del año anterior.
El escenario proyectado para 2026 es apenas mejor: también se espera un crecimiento del 3%, lo que significa que ni siquiera se alcanzarán los niveles de 2024 ni de 2023. En esos años, a pesar de la alta inflación, la estabilidad cambiaria y ciertos estímulos temporales («anabólicos», como los denomina NielsenIQ) sostuvieron el consumo.
En cambio, la situación actual combina ajuste fiscal, menor subsidio estatal y fuerte presión inflacionaria sobre bienes y servicios esenciales.
consumo desigual: el peso de las clases sociales
La radiografía del consumo argentino revela un sistema profundamente asimétrico.
Clase alta
Ingresos promedio: $5,9 millones por hogar, con 2 integrantes.
Destinan apenas 13% de su presupuesto a alimentos y bebidas.
Su consumo se orienta a gastronomía, recreación, bienes durables y turismo.
Aunque representan solo el 4% de la población, concentran el 14% del ingreso nacional.
Clase media
Se divide principalmente en dos segmentos:
C2: ingresos de $3,2 millones por hogar (2 integrantes).
C3: ingresos de $2,4 millones por hogar (3 integrantes).
Estos sectores destinan en promedio un 23% de sus ingresos a alimentos, pero aún pueden sostener parte del consumo aspiracional. Representan el 50% de la población y generan el 65% del ingreso total.
Clase baja
Incluye a los niveles D1 y D2E:
Ingresos entre $1,2 y $1,6 millones por hogar, con más de 3 integrantes en promedio.
Elevada dependencia de salarios informales, jubilaciones y asistencia social.
Deben destinar cerca del 30% de sus recursos a alimentos y bebidas, lo que reduce su capacidad de gasto en otros rubros.
Para ahorrar, recurren al almacén de barrio y a marcas económicas.
Un cambio notorio es que los almacenes ya no son solo espacios para comprar bebidas, sino que pasaron a concentrar la compra integral del hogar, desde alimentos hasta productos de limpieza.
consumo aspiracional: bienes durables y turismo
Mientras las clases bajas ajustan cada peso, los sectores altos muestran un comportamiento diferente. El informe destaca:
Turismo emisivo (viajes al exterior) creció 66%.
Patente de autos aumentó 50%.
Escrituras inmobiliarias también subieron 50%, con niveles similares a los de 2017.
Financiamiento de bienes durables creció más del 50%.
Estos indicadores confirman que la recuperación actual beneficia sobre todo a la clase alta y parte de la media alta, mientras que los sectores vulnerables seguirán relegados incluso en 2026.
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La Argentina exhibe un consumo en recuperación parcial, desigual y condicionado.
Ganadores: interior del país, supermercados con fuertes promociones, sectores de alimentos no básicos, bebidas, limpieza y cosmética, junto con las clases altas que recuperan consumo aspiracional.
Perdedores: AMBA, hogares de bajos ingresos, categorías de alimentos básicos y jubilados o trabajadores informales.
En este contexto, el consumo masivo seguirá siendo un terreno de disputas y contrastes. Mientras un sector minoritario accede a viajes, autos y propiedades, la mayoría de los hogares debe ajustar sus compras al ritmo de las promociones de góndola y a los precios de los almacenes.
La «radiografía del consumo» deja una conclusión clara: la recuperación no alcanza a todos y, al menos hasta 2026, la brecha entre quienes pueden sostener su nivel de vida y quienes apenas llegan a fin de mes seguirá ampliándose.


