Cómo el comercio electrónico y las importaciones están transformando la logística en Argentina
En los últimos años, Argentina ha sido testigo de un crecimiento notable del comercio electrónico, acompañado también por un aumento explosivo en las importaciones de bienes para consumo. Este par de fenómenos combinados no solo cambian hábitos de compra, sino que modifican por completo las necesidades, desafíos y oportunidades de la infraestructura logística. Un informe reciente de CBRE —una de las empresas líderes en servicios inmobiliarios comerciales e industriales— revela que la capacidad existente de centros logísticos empieza a quedar corta frente a la demanda, lo que obliga a repensar tanto el espacio físico como la eficiencia de distribución.
A continuación, analizo los datos más relevantes, los puntos críticos de este nuevo escenario, y qué implicancias tiene para el sector, los inversores y los consumidores.
Datos destacables: crecimiento explosivo del e-commerce e importaciones
Uno de los puntos más resonantes del informe de CBRE es que Argentina lideró una expansión estimada del 163 % en comercio electrónico para el período 2025-2027, superando a otros países de la región.
El informe también señala que entre julio de 2024 y julio de 2025 las importaciones por courier contienen bienes personales crecieron un 388 %, un salto enorme que refleja tanto mayor demanda de productos del exterior como acceso más sencillo o mayor disposición del consumidor para comprar fuera del país.
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Además, en los primeros cuatro meses de 2025 los envíos ya superaron en 116 % el total de 2024.
Infraestructura logística vs demanda: un desbalance creciente
Inventario limitado de depósitos logísticos
Si bien la demanda crece aceleradamente, la oferta de espacio logístico, especialmente en Buenos Aires, está rezagada. En el segundo trimestre de 2025, el inventario de naves “prime” (depósitos de alta calidad, bien ubicados, con estándares modernos) creció apenas un 2,8 % respecto al trimestre anterior.
Para dar una idea más comparativa: el inventario de Buenos Aires es un ~240 % más chico que el promedio de grandes ciudades latinoamericanas, donde ese valor ronda los 9,2 millones de metros cuadrados. En otras palabras: Argentina necesita un espacio equivalente al que tiene Santiago de Chile para ponerse al nivel regional.
Contratos “built to suit” y poca superficie especulativa
Otro punto que limita la respuesta rápida al aumento de demanda es que buena parte de los nuevos depósitos logísticos se construyen bajo la modalidad “built to suit”, es decir, con medidas y características particulares para cada cliente. Esto significa que los desarrollos prediseñados, listos para ocupar (“especulativos”), no abundan.
Esta estrategia particular encarece, retrasa y reduce la flexibilidad para responder a aumentos súbitos de demanda. Los inquilinos deben esperar a que se construya lo que necesitan, lo que no ayuda a quienes buscan lucros rápidos o adaptación frente a picos de actividad como los que genera el e-commerce.
Retos del contexto económico para escalar
Pese al entusiasmo y la oportunidad, escalar la logística en Argentina no resulta sencillo por varios factores estructurales:
Altos costos de construcción y financiación limitada: Muchos proyectos logísticos se financian con recursos propios, ya que el acceso a crédito es difícil o costoso. Eso reduce el ritmo de avance.
Volatilidad económica: Inflación, variaciones del tipo de cambio, costos energéticos, tarifas, insumos importados; todos estos elementos agregan incertidumbre al cálculo de rentabilidad de depósitos o centros logísticos.
Infraestructura de apoyo insuficiente: Vías de acceso, servicios públicos (agua, gas, electricidad), transporte interno, tecnología logística —todos deben mejorar para que la cadena funcione de forma fluida. Un centro de distribución moderno puede perder eficiencia si los accesos son malos o los costos de energía se disparan.
Aunque los obstáculos son reales, este momento presenta oportunidades interesantes:
Desarrollo de nuevos centros logísticos
Algunos desarrolladores ya tienen planificado invertir en nuevos depósitos importantes: por ejemplo, hay proyectos en Quilmes para construir 100.000 m², y otro de 300.000 m² en Merlo.
Estas expansiones apuntan a zonas menos saturadas, o donde los terrenos tienen mejores costos, lo que puede mejorar rentas y tiempos de logística.
Mejoras tecnológicas y operativas
No solo se trata de espacio, sino de cómo se aprovecha: automatización, manejo eficiente del inventario (“picking”, packing), optimización en transporte interno, almacenamiento inteligente, digitalización de procesos logísticos. Esto puede reducir tiempos, errores y costos.
Aprovechar la importación directa/courier
La marcada suba en importaciones por courier obliga a ajustar la logística aduanera, los procesos de despacho, distribución última milla, y a integrar operadores logísticos especializados que puedan manejar volumen pequeño con eficiencia.
Mercado especulativo y flexibilidad
Construir depósitos ya listos para usarse (“especulativos”) permitiría responder rápido a nuevas demandas o cambios, lo que podría atraer inquilinos que no desean comprometerse a tiempos largos de espera. Esto podría estimular inversiones si aparecen financiamientos adecuados.
Normativas y políticas de apoyo
Políticas públicas que mejoren la infraestructura vial, ofrezcan incentivos fiscales, reduzcan costos energéticos o tarifas logísticas, o faciliten permisos de construcción pueden tener un impacto fuerte. La regulación puede ser un aliado si se orienta correctamente.
Impacto para los consumidores y para el comercio
Menores tiempos de envío: Mejoras logísticas permiten entregas más rápidas, lo que mejora la experiencia de compra online y puede aumentar la frecuencia de uso del e-commerce.
Reducción de costos: Si la logística se optimiza, se podría reflejar en menores costos de transporte y almacenamiento, lo que eventualmente podría trasladarse al precio final de los productos importados o vendidos online.
Mayor variedad disponible: Con importaciones más numerosas y eficientes, los consumidores tienen acceso a productos del exterior más fácilmente, lo que amplía opciones.
Riesgo de cuellos de botella: Si no se invierte lo suficiente, los retrasos aduaneros, la falta de espacio logístico, la congestión de transporte interno pueden generar demoras, aumentos de precios inesperados, insatisfacción del cliente.
Proyección y recomendaciones
Para que Argentina pueda acompañar este crecimiento sin caer en tensiones logísticas que limiten el desarrollo, estas estrategias podrían ser útiles:
Plan estratégico logístico nacional: una hoja de ruta que contemple infraestructura vial, depósitos logísticos, energía, financiamiento, regulación, aduanas. Algo integral.
Impulso a financiamiento específico: líneas de crédito blandas o estímulos para desarrollos logísticos; incentivos fiscales para construcción de depósitos; alianzas público-privadas.
Impulso a la cadena de valor: fomentar que proveedores locales de infraestructura, materiales de construcción, tecnología logística, participen; apoyar empresas que fabriquen equipamiento logístico.
Optimización regulatoria y aduanera: simplificar trámites de importación, despacho, permisos de obra; agilizar aduanas; mejorar normativas municipales de uso de suelo, zonificación, etc.
Capacitación y tecnología: formación de recursos humanos especializados en logística; uso de tecnologías modernas; digitalización en todos los eslabones de la cadena.
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El avance del comercio electrónico y el alza vertiginosa de importaciones de bienes están impulsando una transformación profunda del mapa logístico en Argentina. Si bien la demanda ha escalado de forma clara —reflejada tanto en el volumen de importaciones como en pedidos courier—, la capacidad instalada, especialmente en espacios logísticos modernos, aún está rezagada.
Para aprovechar realmente este boom, hace falta inversión: en depósitos, en infraestructura de transporte, en energía, en tecnología, y también en marcos regulatorios que no obstaculicen sino que promuevan. Si no se actúa, la falta de espacio y recursos podría convertirse en un cuello de botella que limite no solo el crecimiento del e-commerce, sino también la competitividad del país en una región que se mueve cada vez más rápido.


