Argentina frente a un comercio global en tensión: perspectivas para las exportaciones en 2026
El comercio exterior argentino transita una etapa de redefinición profunda, marcada por acuerdos estratégicos aún en proceso, un escenario internacional volátil y una estructura exportadora que comienza a mostrar nuevos motores. Tras un 2025 de contrastes —con avances institucionales relevantes pero también con un retroceso del superávit comercial—, el desafío para 2026 será transformar los anuncios en resultados concretos, en un contexto donde la competencia global se intensifica y los márgenes se estrechan.
Durante el último año, Argentina logró sostener un saldo comercial positivo de USD 11.286 millones, aunque este resultado implicó una caída cercana al 40% respecto a 2024. La principal explicación estuvo en el fuerte crecimiento de las importaciones, que avanzaron a un ritmo muy superior al de las exportaciones, acompañando la recuperación de la actividad económica y una mayor apertura del comercio. Este fenómeno, lejos de ser excepcional, refleja una dinámica habitual en fases de reactivación, pero vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer la capacidad exportadora estructural del país.
El desempeño del comercio exterior argentino no puede analizarse de manera aislada. El escenario global se encuentra atravesado por tensiones comerciales persistentes, reconfiguraciones de cadenas de valor y una creciente utilización de medidas proteccionistas. La imposición de aranceles y restricciones por parte de Estados Unidos durante 2025 generó desvíos comerciales significativos, obligando a numerosos países a redireccionar sus exportaciones hacia nuevos mercados.
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En ese contexto, Argentina buscó posicionarse como un proveedor confiable y diversificado, apoyándose tanto en su histórico complejo agroindustrial como en sectores emergentes, especialmente la energía y la minería. La consolidación de estos rubros aparece como una de las principales fortalezas de cara a los próximos años, aunque su potencial dependerá en gran medida del acceso efectivo a los mercados y de la estabilidad de las reglas de juego.
Acuerdos comerciales: avances, demoras e incertidumbres
Uno de los hitos más relevantes de 2025 fue la firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), integrada por Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein. Tras ocho años de negociaciones, el tratado dio origen a un espacio económico de casi 300 millones de consumidores, con un producto bruto conjunto superior a los USD 4 billones. Para Argentina, este acuerdo abre oportunidades en sectores de alto valor agregado, aunque su impacto dependerá de la velocidad con la que se completen los procesos internos de ratificación e implementación.
En paralelo, se anunció un Acuerdo Marco de Comercio Recíproco e Inversión con Estados Unidos. Si bien aún resta conocer el detalle técnico, el entendimiento contempla la reducción de aranceles para industrias estratégicas, la simplificación de trámites administrativos, compromisos en materia laboral y ambiental, y un mayor alineamiento regulatorio. La expectativa del sector exportador es positiva, aunque prevalece la cautela hasta que se defina la letra fina y los plazos concretos de entrada en vigor.
El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, negociado durante más de dos décadas, representa otro pilar clave de la agenda comercial. Su potencial es significativo, en especial para el agro y las economías regionales, así como para la industria, que podría beneficiarse de menores aranceles sobre maquinaria y bienes de capital. Sin embargo, el proceso volvió a enfrentar obstáculos institucionales en Europa, donde la ratificación quedó sujeta a una revisión jurídica que podría extenderse hasta dos años.
Esta demora vuelve a introducir un alto grado de incertidumbre sobre el impacto real del acuerdo en el corto y mediano plazo. Incluso en un escenario favorable, la puesta en marcha efectiva del tratado no sería inmediata, lo que limita su capacidad para modificar sustancialmente el flujo comercial en 2026.
Europa: oportunidades acotadas y tensiones latentes
El vínculo comercial entre Argentina y la Unión Europea presenta desequilibrios estructurales. Durante 2025, el país registró un déficit cercano a los USD 2.000 millones con el bloque, con un crecimiento de las importaciones muy superior al de las exportaciones. Además, la canasta exportadora continúa altamente concentrada en productos agropecuarios, que representan alrededor del 80% de los envíos.
A esta concentración se suma la posibilidad de que la UE active mecanismos de salvaguarda para proteger a sus productores, especialmente en sectores sensibles como la ganadería. La aplicación unilateral de estas cláusulas podría limitar los beneficios arancelarios previstos en el acuerdo, reduciendo su impacto efectivo sobre las exportaciones del Mercosur.
En este contexto, las perspectivas de un crecimiento significativo de las ventas argentinas hacia Europa en 2026 aparecen moderadas. El desafío será avanzar en una mayor diversificación de productos y en la incorporación de valor agregado, al tiempo que se navegan las complejidades políticas e institucionales del bloque europeo.
Proyecciones para 2026: crecimiento más moderado
Las estimaciones para el próximo año coinciden en señalar que las exportaciones seguirán creciendo, aunque a un ritmo más moderado que en 2025. El sector energético se perfila como uno de los principales motores, consolidando su rol estructural dentro de la balanza comercial. Junto al agro y a la minería, estos tres complejos explicarán la mayor parte de las ventas externas.
Las proyecciones ubican las exportaciones en torno a los USD 90.000 millones, con un desempeño destacado del maíz y otros cultivos, bajo un escenario climático neutral. La minería, por su parte, continuaría expandiendo su participación, tras haber alcanzado niveles récord de comercio en el último año.
Del lado de las importaciones, se espera un crecimiento más dinámico, impulsado por la recuperación económica, una mayor fluidez en los mecanismos de acceso al mercado cambiario y la necesidad de insumos y bienes de capital. Como resultado, el superávit comercial se reduciría respecto a los años anteriores, ubicándose en un rango de entre USD 6.000 y USD 10.000 millones, según los distintos escenarios considerados.
El tipo de cambio y los costos internos
Más allá de los volúmenes exportados, la competitividad sigue siendo uno de los grandes desafíos. El nivel del tipo de cambio real es observado con atención por el sector, y si bien actualmente se lo considera razonable, existen diferencias significativas entre actividades. En algunos sectores, la evolución de los costos internos supera ampliamente el promedio, erosionando la rentabilidad exportadora.
A esto se suman los retrasos en la devolución del IVA y de los reintegros, que generan una carga financiera adicional para las empresas. En un contexto global de alta competencia y precios internacionales volátiles, estas demoras pueden transformar operaciones marginales en negocios deficitarios.
La discusión sobre competitividad excede ampliamente la cuestión cambiaria. Incluye aspectos fiscales, logísticos, financieros y regulatorios, así como mejoras en productividad y en infraestructura. Sin avances en estos frentes, el potencial exportador difícilmente pueda desplegarse plenamente.
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De cara a 2026, el principal desafío para Argentina no será solo firmar acuerdos, sino lograr que se implementen de manera efectiva y que se traduzcan en mayor acceso real a los mercados. La competitividad sistémica, la diversificación de la oferta y la capacidad de adaptación a un mundo más fragmentado serán determinantes.
El desempeño exportador también estará condicionado por la evolución de la demanda global y por la relación entre las principales potencias económicas, en especial Estados Unidos y China. En un tablero internacional cambiante, la capacidad de anticiparse y de construir una estrategia de largo plazo será tan importante como los resultados coyunturales.
Fuente: Infobae


