Argentina: ¿“desempleo al 23 %”? Un análisis profundo del mercado laboral
A finales de septiembre de 2025, una nota de La Voz titulada “Argentina. Mercado de trabajo: ¿desempleo al 23 %?” plantea una provocadora hipótesis: si no fuera por el crecimiento de la informalidad laboral, la tasa de desempleo real podría acercarse a ese valor dramático. Aunque los datos oficiales reportan una desocupación moderada, hay señales de advertencia que sugieren tensiones estructurales en el empleo argentino. El presente texto ofrece un análisis integral: revisa los datos disponibles, evalúa las causas de fondo y expone escenarios futuros posibles.
Datos oficiales y aparente estabilidad
Según los informes del Indec citados en el artículo original, para el segundo trimestre de 2025 la tasa de desempleo oficial se sitúa en 7,6 % de la población económicamente activa, lo que equivaldría a unos 1,6 millones de personas desempleadas.
Al mismo tiempo, el nivel de empleo total se mantiene estable en torno a 16,9 millones de personas.
A primera vista, estas cifras sugieren que el mercado de trabajo no atraviesa una crisis abrupta. Pero esa “calma” es engañosa, pues detrás se esconden dinámicas que debilitan la calidad y la formalidad de los empleos.
La paradoja de la informalidad creciente
Uno de los puntos centrales del artículo original es que en los últimos diez años los asalariados registrados apenas variaron: de aproximadamente 6,2 millones a una cifra similar. Mientras tanto, los trabajadores informales —entiéndase no registrados, cuentapropistas o monotributistas— pasaron de unos 6 millones a unos 9 millones en ese período.
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Esa expansión de la informalidad es clave para entender por qué la tasa de desempleo formal se mantiene baja: muchas personas tienen “algo que hacer”, aunque sin condiciones laborales decentes. En ese sentido, el autor plantea algo crudo pero revelador: si no se hubiera producido ese traslado masivo hacia empleos informales, “la tasa de desempleo hoy sería del 23 %”.
Si bien esa cifra no se puede aceptar como un dato oficial, actúa como una metáfora potente para dimensionar el problema: detrás de una tasa aceptable podría ocultarse un mercado laboral deteriorado.
Causas estructurales que limitan el empleo de calidad
Para explicar por qué el empleo formal no crece, el texto original apunta a distintos obstáculos.
Rigidez normativa
Muchos convenios colectivos datan de décadas atrás (1975, 1987/88), y no han evolucionado para adaptarse a las transformaciones tecnológicas y organizativas recientes.
La negociación colectiva se ha reducido, en muchos casos, a ajustar salarios por inflación, pero sin revisar las reglas laborales de fondo.
Falta de reforma práctica
Aunque el Congreso aprobó una reforma laboral que permite reemplazar la indemnización por despido por un fondo de cese labor (con aportes mensuales del empleador), esa herramienta no está operativa todavía porque depende de negociaciones colectivas.
Desigual implementación provincial
Aunque la legislación laboral es nacional, su aplicación depende de las jurisdicciones provinciales, lo que genera asimetrías. Por ejemplo: criterios distintos para actualizar créditos laborales, falta de peritos médicos unificados para juicios y diferencias en la justicia laboral según la provincia.
Estancamiento macroeconómico
El análisis señala que la economía no ha crecido de forma sostenida: el Producto Bruto Interno (PBI) de 2025 prácticamente se asemeja al de diez años atrás, y el Índice Mensual de Actividad Económica (EMAe) exhibe variaciones mixtas.
Las turbulencias financieras recientes también amenazan la estabilidad del mercado laboral.
Estas causas actúan en conjunto para generar un mercado laboral con empleo precario, bajos salarios reales y oportunidades limitadas.
¿Una “inflación laboral” del desempleo?
La afirmación del “23 %” actúa como una hipérbole analítica: no es una cifra oficial, pero sirve para ejemplificar el deterioro de la calidad del empleo. En muchos países, cuando se mide el “desempleo ampliado” o el “subempleo oculto”, la tasa efectiva puede estar significativamente por encima de la cifra oficial. En el caso argentino, la informalidad funciona como un “colchón” que reduce la visibilidad del desempleo formal.
Este fenómeno no es exclusivo de Argentina. En economías con grandes sectores informales, una porción significativa de la fuerza de trabajo trabaja en condiciones alejadas del estatuto formal. En la terminología técnica, se trataría de una “inflación laboral” del desempleo: el desempleo real es mayor que el oficialmente medido.
Este panorama implica varios riesgos para la economía y para la sociedad:
Empobrecimiento estructural: empleos informales suelen tener remuneraciones inferiores, menor protección social y poca capacidad de acumulación de capital humano.
Fragilidad del sistema previsional y de salud: con menos trabajadores registrados, las cargas contributivas se distribuyen entre menos personas, lo que tensiona la sustentabilidad del sistema.
Menor productividad: las empresas que operan en la informalidad tienen poco incentivo para invertir en capacitación, innovación o mejoras de productividad.
Mayor vulnerabilidad ante crisis: en shocks económicos, quienes trabajan informalmente son los más expuestos a despidos, caída de ingresos y exclusión social.
Si no se modifica la estructura, Argentina podría quedar atrapada en un círculo vicioso: empleo abundante en cantidad pero pobre en calidad.
Escenarios futuros y posibles soluciones
Para revertir esta tendencia se requieren políticas simultáneas, audaces y coordinadas. Algunas posibles líneas de acción:
Reforma laboral funcional y actualizada
No basta con cambiar algunas cláusulas: es necesario modernizar la negociación colectiva, flexibilizar ciertos aspectos sin reducir derechos esenciales y adaptar contratos a nuevas realidades (plataformas digitales, gig economy, teletrabajo).
Incentivos para formalización
Programas que reduzcan la carga inicial de registrar empleados (subsidios temporales, deducciones fiscales) pueden incentivar la transición de lo informal a lo formal. Es fundamental que esos incentivos no se limiten a sectores específicos, sino que sean universales.
Política productiva pro empleo de calidad
Estimular sectores con valor agregado, exportadores y de innovación puede crear empleos de mejor calidad, reduciendo la presión sobre sectores tradicionales con baja productividad. Esto exige inversión en infraestructura, investigación, desarrollo y capacitación.
Reforzar la justicia laboral y su aplicación provincial
Unificar criterios y mejorar la capacidad institucional de las provincias es clave para que las reglas laborales no dependan de la región. Reformas en las cortes laborales, peritos médicos y procesos judiciales pueden acelerar la resolución de conflictos.
Medición más amplia del empleo
Incluir mediciones ampliadas que capturen subempleo, empleo informal y trabajadores “inactivos potenciales” sería útil para diseñar políticas más precisas. Con indicadores más finos, sería menos plausible el uso de “tasas ficticias” como la del 23 %.
Si estas políticas se combinan con estabilidad macroeconómica (bajo nivel de inflación, sostenibilidad fiscal, apertura comercial bien gestionada), Argentina podría transformar su mercado laboral hacia uno más moderno y equitativo.
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El artículo original de La Voz plantea un desafío provocador: ¿Qué tan distinto sería el desempleo argentino si no existiera la informalidad? Su hipótesis del 23 % no pretende ser una cifra literal, sino una llamada de atención sobre el deterioro silencioso del mercado laboral.
Los datos oficiales indican estabilidad, pero la expansión de empleos informales sin protección es la sombra que empaña ese aparente bienestar. Sin reformas estructurales que incentiven la formalidad, modernicen la normativa laboral y promuevan un modelo productivo dinámico, Argentina podría seguir arrastrando un mercado de trabajo frágil.
Más que una tormenta inmediata, esto es un desgaste prolongado. Y para revertirlo, se necesita más que políticas parches: se requiere una visión estratégica de largo plazo.


