En la era del scroll infinito, donde nuestra atención es la moneda más cara del mercado, las marcas han dejado de enviar productos para empezar a enviar experiencias empaquetadas. Hubo un tiempo en que recibir un paquete de prensa (PR package) era un trámite logístico; hoy, es una producción cinematográfica de quince segundos diseñada para doblegar al algoritmo de TikTok.
No estamos ante un simple cambio de envoltorio. Estamos ante una mutación del marketing donde el continente ha devorado al contenido. Si una marca lanza un labial y nadie hace un vídeo abriendo una caja arquitectónica para encontrarlo, ¿realmente el labial existe en la conversación digital?
A continuación, exploramos esta fascinante intersección entre el branding, el estatus y la creatividad, tomando como punto de partida la brillante reflexión de Fátima Aït Zahrire. Puedes leer el análisis original aquí.
Del Producto al Objeto de Culto
Históricamente, el envío de relaciones públicas tenía un objetivo funcional: que el periodista o el líder de opinión probara el producto y hablara de sus beneficios. Sin embargo, en el ecosistema actual, el beneficio del producto es secundario frente a la estética de su descubrimiento.
Como bien apunta Fátima, hoy un lanzamiento no comienza en el punto de venta, sino en el momento exacto en que una cuchilla corta el precinto de una caja frente a una cámara de iPhone. Las marcas han entendido que el consumidor ya no quiere «comprar cosas»; quiere ser parte de una narrativa.
La Invitación como Artefacto Digital
Las invitaciones a desfiles de moda han pasado de ser cartulinas elegantes a objetos que desafían la lógica. Hemos visto desde zapatillas desgastadas hasta dispositivos electrónicos o alimentos que actúan como «llaves» para un evento físico. ¿El objetivo? Que el invitado sienta la necesidad imperiosa de compartirlo. Si la invitación es lo suficientemente extraña o lujosa, el evento ya es un éxito antes de que empiece la primera canción en la pasarela.
La Psicología del Acceso y el Estatus
¿Por qué nos quedamos hipnotizados viendo a alguien abrir una caja de Miu Miu que contiene un helado falso escondiendo un perfume? La respuesta reside en la pertenencia digital.
El PR package moderno es una herramienta de estratificación social en redes sociales. Para el influencer, recibir estos paquetes es la validación definitiva de su relevancia. Para el espectador, observar el unboxing es una forma de consumo aspiracional. Las marcas no solo venden el objeto, venden el acceso a un club exclusivo del que solo unos pocos forman parte.
El Caso de la Viralidad por Diseño
Ejemplos como los de Clinique transformando una crema en una «mantequilla gigante» no son accidentes creativos. Son ejercicios de ingeniería social. Las marcas analizan qué colores resaltan más bajo los filtros de Instagram y qué sonidos (el famoso ASMR del empaquetado) generan mayor retención de audiencia.
El Branding Cultural: Construyendo Universos
Cuando una marca logra que su packaging sea tan deseable como su producto, ha alcanzado el nirvana del branding. Ya no se trata de transacciones, sino de la construcción de un universo de marca.
Este fenómeno demuestra que:
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El packaging es contenido: Ya no es un desecho; es una pieza de comunicación propia.
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El storytelling es táctil: La narrativa de la marca se cuenta a través de texturas, pesos y mecanismos de apertura.
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Dominar el algoritmo requiere sorpresa: En un mercado saturado, la extravagancia es la única forma de romper el ruido.
El Desafío de la Sostenibilidad vs. el Espectáculo
No podemos hablar de esta tendencia sin mencionar el elefante en la habitación: el impacto ambiental. Mientras las marcas compiten por crear la caja más grande y compleja, el consumidor consciente empieza a preguntarse cuánto residuo genera un vídeo de treinta segundos.
El futuro del PR creativo no estará en quién use más plástico o cartón, sino en quién logre la mayor creatividad con el menor rastro. Las marcas que logren ser virales siendo sostenibles serán las que realmente dominen la conversación en la próxima década.
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La reflexión de Fátima Aït Zahrire nos invita a mirar más allá del lazo y el papel de seda. Nos recuerda que estamos viviendo una era donde la creatividad aplicada al formato es tan vital como la calidad del producto mismo. El PR package ha dejado de ser un regalo para convertirse en un caballo de Troya diseñado para conquistar nuestro tiempo y nuestra atención en las redes sociales.
Como ejercicio de branding, es fascinante. Como fenómeno cultural, es un espejo de nuestra obsesión por la estética y el estatus. Al final del día, todos somos espectadores de este gran teatro del unboxing.


