Por Jorge Manrique, Rector del Colegio Jurista y director general de Gobierno de calidad, consultoría de políticas públicas.
Partimos de la premisa de que la Inteligencia Artificial modificará radicalmente nuestro mundo a niveles sin precedentes. Lo que no se divulga es que los cambios sustantivos no son azarosos: dependen de nosotros.
En la narrativa convencional se asume que la IA suplantará funciones cuando en realidad las respaldará. Sin embargo, esto requiere proactividad.
Es verdad que las tecnologías “desaparecen” determinadas funciones laborales, pero en realidad tienden a modificar determinadas tareas y permite que las personas se enfoquen en procesos más complejos que incrementan valores agregados a lo que realizan consuetudinariamente.
Ahora, este extendido mito de que la tecnología suplanta a los humanos debe desterrarse. En 1950 existían 270 puestos de trabajo enumerados en el censo de 1950. De todos ellos sólo desapareció uno: el operador de ascensor. La IA no conducirá a un desempleo masivo. Ese es un miedo infundado.
Hacia dónde nos dirigimos depende en gran medida de nosotros. Estas son cuatro verdades que debemos considerar antes de asumir que somos “víctimas” de los cambios generados por la IA.
- El cambio siempre es gradual. No aparece repentinamente de un momento a otro y nos llena de incertidumbre.
Por mucho que parezca que la tecnología avanza tan rápido que apenas podemos seguir el ritmo, se necesita mucho más tiempo para que esos avances se integren completamente en la sociedad. Lo mismo ocurrirá con la IA. Va a tomar mucho tiempo para que penetre en una industria, especialmente de maneras que afectarán una profesión.
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Es verdad que ilustradores, traductores y periodistas individuales perdieron algo de trabajo por la IA generativa, pero no son obsoletas. Sólo cambian gradualmente. Además, «cuanto más compleja es la tecnología, más recursos técnicos, humanos y monetarios se necesitan para desarrollar, integrar y mantener la tecnología”.
Por otra parte, seamos realistas: la IA no es «artificial». Se entrena con cantidades gigantescas de datos humanos y se perfecciona aún más por trabajadores humanos. Además, la IA no es «inteligente» en el sentido de que todavía no puede pensar de manera significativa. La IA toma las entradas humanas y las manipula probabilísticamente.
Así, los sistemas de IA no remplazan a la actividad humana. Se convierten em herramientas o “socios” que colaboran con nosotros.
Sin embargo, deberán reforzarse competencias eminentemente humanas a medida que la tecnología se posiciona en distintas industrias: comunicación, negociación, cuidado, trabajo en equipo, discernimiento… La tecnología llegó para quedarse pero también para humanizarnos más, por paradójico que esto parezca.

