Por Lorena Lagniel
Hace un par de años, diseñé un programa de liderazgo y comunicación junto a Óscar Bize para un hotel que, debido a su rápido crecimiento, operaba de manera algo caótica. Como no podíamos incluir a todos en la sesión —había que seguir atendiendo a los huéspedes— y queríamos evitar el clásico «solo los jefes», decidimos experimentar con el concepto de liderazgo redárquico propuesto por Ignacio Fernández.
Este enfoque sugiere que, en momentos de crisis y desorden, emergen liderazgos espontáneos que impulsan al equipo hacia adelante. Estos líderes «impensados» o «articuladores redárquicos» a menudo no tienen un rol formal de liderazgo, pero poseen una influencia clave para el grupo. Para un líder «nominal», es esencial identificarlos, empoderarlos y aprovechar su potencial para fortalecer al equipo.
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¿Cómo identificarlos? En el hotel, realizamos una breve encuesta al equipo con preguntas como:
– ¿A quién pides ayuda cuando la necesitas?
– ¿En quién te apoyas para implementar nuevas ideas?
– ¿A quién le comunicas primero los cambios?
– ¿Con quién celebras fuera del trabajo?
El resultado fue sorprendente: entre sábanas y artículos de limpieza, encontramos a Susana, la mucama, una de las primeras en llegar cada día, siempre silenciosa y dedicada. Fue la primera invitada al taller. Fue una experiencia increíble para mí.


