La mitad de 2025 ya está a la vista, y con ella surge una pregunta que preocupa a políticos, empresarios y ciudadanos comunes: ¿hacia dónde camina la economía en América Latina? Un análisis reciente de Latinometrics, que toma como referencia las proyecciones del Banco Mundial y del FMI, señala a Argentina como la historia de éxito del año, con una proyección de crecimiento de aproximadamente 5%. Pero acudiendo a la misma fuente, también emergen matices que recuerdan la complejidad de la región: Brasil mantiene una trayectoria modesta pero sostenida, México enfrenta un terreno de gran turbulencia y México no es la excepción en un mosaico de realidades que, de manera paralela, se aferran a la promesa de una recuperación cada vez más necesaria. Este ensayo propone, desde una mirada crítica y en voz alta, explorar las perspectivas de crecimiento de LatAm hacia 2025 y más allá, sin perder de vista las distancias entre un país y otro, entre un ideario de crecimiento y las realidades del cotidiano. Te invito a leer el artículo original aquí.
Argentina: un caso de estrella emergente con sombras
Según las proyecciones económicas contemporáneas, Argentina se erige como la historia de éxito de 2025. Un crecimiento estimado en torno al 5% sugiere una fase de reacomodamiento post-crisis, de estabilización y de esfuerzos por reducir la pobreza que, si bien persiste en un nivel cercano a un tercio de la población, muestra signos de avance. Este giro viene, en parte, de un marco macroeconómico que busca consolidar la inflación y estabilizar las variables clave, y que ha encontrado, no sin resistencias, un impulso en las políticas que el propio Milei ha promovido para contener la inflación. Es indudable que una tasa de crecimiento de esta magnitud, en un contexto de desafíos estructurales y de vulnerabilidades fiscales, constituye un logro para un país que ha atravesado episodios de inestabilidad y de crisis recurrentes.
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Pero cabe preguntarse: ¿Cuánto de este crecimiento es estructural y cuánto depende de factores temporales como condiciones externas favorables, precios de commodities o ejecución de reformas puntuales? En una región donde la pobreza sigue siendo una preocupación central, el verdadero éxito estará en la capacidad de Argentina de traducir ese crecimiento en empleo formal, mejoras reales en la distribución de ingresos y fortalecimiento de la resiliencia institucional frente a shocks externos. En ese sentido, es crucial vigilar no solo el crecimiento del PIB, sino también la calidad del crecimiento: productividad, inversión en capital humano y sostenibilidad de las cuentas públicas.
La región en retrospectiva: socios y pares moderados Más allá de Argentina, otros países de la región muestran trayectorias que merecen atención. República Dominicana y Guatemala, con proyecciones cercanas al 4%, aparecen como ejemplos de moderación en un panorama que, por momentos, parece polarizarse entre recetas de austeridad y promesas de mayor gasto social. Estos dos actores regionales plantean un debate importante: ¿cómo equilibrar la demanda social con las prioridades del sector privado para financiar desarrollo y, al mismo tiempo, ampliar el empleo formal? La respuesta no es única ni universal, pero sí señala la necesidad de políticas que generen confianza, incentiven la inversión y reduzcan la informalidad, pilares esenciales para un crecimiento sostenible.
En este punto, conviene mirar a Brasil, el otro gigante regional. Con un pronóstico de crecimiento revisado al alza hacia 2-2.5%, Brasil no alcanza todavía el ritmo deseado por algunos, pero su desempeño relativamente estable en un entorno global volátil es, en sí mismo, una noticia positiva. Brasil enfrenta, sin duda, desafíos fiscales, políticos y sociales; sin embargo, su dinámica interna de consumo y su marco de inversión pueden seguir siendo motores relevantes para el crecimiento regional, incluso cuando la región enfrenta vientos en contra.
México: tensión y contención en el corazón de LatAm Si hay una economía que, dentro de LatAm, simboliza la complejidad de coordenar crecimiento con estabilidad, esa es México. Las proyecciones para 2025 en su conjunto aparecen marcadas por incertidumbre: la imposición de aranceles y políticas comerciales por parte de su principal socio, Estados Unidos, introduce un elemento de volatilidad que las proyecciones del FMI y del Banco Mundial tienden a reflejar con cautela. En términos prácticos, el FMI estima una contracción o crecimiento muy limitado para la economía mexicana, mientras que el Banco Mundial advierte sobre un crecimiento mínimo. Este escenario resalta varias dinámicas cruciales: dependencia de cadenas de suministro globales, volatilidad cambiaria, y la necesidad de diversificar mercados y mejorar la productividad para sostener un crecimiento que se sostenga en el tiempo.
La pregunta fundamental para México, y para la región en conjunto, es qué políticas pueden reducir la vulnerabilidad ante shocks externos. La inversión en capacidades productivas, educación y tecnología, la diversificación de socios comerciales y una agenda de reformas que mejore el marco institucional pueden ayudar a atajar la incertidumbre. Pero, sobre todo, se requiere una visión de corto y medio plazo que priorice la rentabilidad social del crecimiento: empleo formal, salarios dignos, seguridad económica y una red de protección social que no se deshilache ante cambios repentinos en el entorno externo.
La paradoja de un crecimiento desigual: impulso y debilidad coexisten
La evaluación de LatAm para 2025, al incorporar estas proyecciones, revela una paradoja: hay regiones y países que muestran señales de progreso, mientras otros se aferran a la incertidumbre. El crecimiento promedio no debe enmascarar las diferencias profundas en estructura productiva, distribución de ingresos y calidad institucional. En Argentina, el crecimiento del 5% convive con un porcentaje significativo de pobreza, lo que obliga a considerar que el progreso macroeconómico debe ir acompañado de políticas de inclusión social y de fortalecimiento de las capacidades productivas locales. En México, la incertidumbre y la fragilidad de su entorno comercial internacional subrayan la necesidad de diversificación y de un marco de políticas que logren convertir la volatilidad en una oportunidad de reforma estructural.
El papel de las instituciones y la credibilidad
En cualquier lectura de proyecciones económicas, el papel de las instituciones es clave. Banco Mundial y FMI, como guardianes de un marco de gobernanza macroeconómica, ofrecen escenarios que deben interpretarse con cautela y con la mente abierta a la realidad local de cada país. La credibilidad de las instituciones, la solidez de las políticas públicas y la capacidad de implementación de reformas son factores determinantes que pueden marcar la diferencia entre un crecimiento que se mantiene y otro que se desintegra ante choques externos.
Mirada hacia el futuro inmediato: ¿Qué esperar de LatAm? Si bien 2025 presenta una foto heterogénea, la lectura compartida apunta a una región que, a pesar de sus limitaciones, continúa encontrando motores de crecimiento. Argentina parece liderar ese grupo, Brasil aporta una contención y una base para la recuperación, y México continúa mirando hacia un horizonte incierto que exige respuestas rápidas y audaces. En este contexto, las políticas públicas tienen un papel decisivo: deben buscar el equilibrio entre estabilización macro, fortalecimiento de la productividad y expansión de las oportunidades laborales formales. La región tiene que construir una narrativa de crecimiento inclusivo, donde la reducción de la pobreza y la mejora de la calidad de vida no sean meras estadísticas, sino efectos tangibles en la vida cotidiana de las personas.
La lectura de LatAm 2025, basada en proyecciones del Banco Mundial y del FMI, presenta una historia con claros protagonistas y personajes secundarios que permanecen en el escenario. Argentina emerge como la protagonista con una proyección de 5%, rodeada de un conjunto de países que, de forma diversa, ofrecen lecciones sobre cómo gestionar la economía en tiempos de volatilidad global. Si bien el escenario es optimista en algunas líneas, el resto de la región nos recuerda la fragilidad de la recuperación y la necesidad de políticas que generen crecimiento de calidad y oportunidades reales para todos.
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Invitación a la reflexión La economía regional no es una novela con finales felices garantizados. Es un pacto político y social que exige, cada año, decisiones informadas y valientes. En ese marco, cabe preguntarse: ¿Qué significa crecer con justicia en LatAm en 2025 y más allá? ¿Qué medidas específicas podrían transformar el crecimiento proyectado en bienestar real para las comunidades que, a día de hoy, quedan rezagadas? La respuesta pasa por una agenda que combine estabilidad macro, inversión en capital humano, fortalecimiento institucional y una visión de desarrollo que priorice la equidad.


