El comercio minorista ha vivido durante la última década bajo la dictadura de una narrativa simplista: «digitalízate o muere». Hemos sido testigos de cómo gigantes del retail global se lanzaban a una carrera desenfrenada por el comercio electrónico, a menudo sacrificando márgenes operativos, quemando capital en logística ineficiente y, en muchos casos, acumulando pérdidas sistémicas bajo la promesa de una futura rentabilidad que, para muchos, nunca llegó.
En este escenario de vértigo, una voz discordante —o mejor dicho, un modelo silencioso— ha demostrado que la prudencia estratégica, a menudo confundida con la lentitud, es en realidad la forma más sofisticada de innovación.
Hablo, por supuesto, de Mercadona.
La reciente lectura del análisis de Javier Pérez de Leza Eguiguren, titulado MERCADONA VENDE 1.000 MILLONES ONLINE Y NO LE HACE FALTA MÁS, me ha llevado a reflexionar profundamente sobre cómo la compañía valenciana ha logrado, una vez más, descolocar a sus críticos y establecer sus propias reglas del juego. Puedes leer el artículo original completo aquí.
El mito del crecimiento a cualquier precio
Durante años, la prensa económica y los analistas del sector se cebaron con Juan Roig. Se le acusaba de negligencia digital, de ser un dinosaurio incapaz de entender el cambio de paradigma que el e-commerce estaba imponiendo. Se le pedía a gritos una plataforma masiva, entregas ultrarrápidas y una expansión agresiva en la web. La tentación de ceder ante esa presión mediática es enorme; muchos CEOs habrían cedido para proteger el valor de su acción a corto plazo.
Pero Mercadona no juega a eso. La estrategia de la compañía ha sido un ejercicio de disciplina estoica. Mientras otros operadores se esforzaban por convertir el comercio online en un sumidero de dinero para ganar cuota de mercado, Mercadona esperó. No esperó a que la tecnología fuera más barata, esperó a que el modelo de negocio fuera sostenible. Porque, en el comercio de alimentación, el margen es tan estrecho que cualquier ineficiencia en la última milla puede convertir una venta en una pérdida operativa.
La victoria se fragua en el almacén, no en la pantalla
Uno de los puntos más brillantes que señala Pérez de Leza es la naturaleza de la inversión de Mercadona. Existe la creencia popular de que la ventaja competitiva en el mundo online reside en la experiencia del usuario (la App, la web, el diseño de interfaz). Si bien esto es necesario, no es suficiente. La verdadera batalla se libra en el back-end.
La apuesta de Mercadona por las «colmenas» —esos almacenes semiautomatizados que parecen sacados de una película de ciencia ficción— es la prueba definitiva de su visión industrial. Al centralizar la preparación de pedidos en infraestructuras con robots y procesos optimizados, eliminan el caos que supone preparar un pedido online en una tienda física diseñada para el autoservicio.
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Esto es eficiencia pura. Al automatizar la preparación, la compañía reduce drásticamente el error humano, aumenta la velocidad de picking y asegura que la cadena de frío se mantenga intacta. Mientras la competencia se pelea por ver quién reparte antes, Mercadona se ha centrado en cómo repartir de forma rentable.
El equilibrio entre el ladrillo y el clic
La lección más importante que nos dejan las cifras de 2025 —con 41.900 millones de facturación y un beneficio neto de 1.729 millones— es que el éxito de Mercadona no reside en elegir entre el modelo físico y el online, sino en su capacidad para integrarlos de forma soberbia.
La «Tienda 9» no es un modelo anacrónico, es la respuesta a una realidad innegable: el consumidor sigue valorando el producto fresco, el trato personal y la experiencia de compra inmediata. La empresa no ha descuidado su red capilar de tiendas; la ha depurado. Cerrar tiendas ineficientes, reformar las existentes y abrir otras nuevas bajo un modelo de alta eficiencia operativa es una gestión de activos quirúrgica.
Estamos ante un modelo híbrido donde el online no canibaliza al físico, sino que lo complementa. El 2,5% de facturación online, que para algunos podría parecer un dato menor, es en realidad una cifra de una calidad extraordinaria porque no ha costado un céntimo de rentabilidad corporativa. Es un crecimiento orgánico, rentable y, sobre todo, escalable.
El triunfo de la sostenibilidad
En el mundo de los negocios, hay dos tipos de crecimiento: el que es fruto de la euforia y el que es fruto de la estrategia. La historia de Mercadona con el comercio online es la historia de cómo la paciencia se convierte en ventaja competitiva. Mientras el mercado pedía velocidad, Juan Roig pedía eficiencia. Mientras el mercado pedía volumen, Mercadona pedía margen.
Hoy, la empresa no solo es una potencia logística, sino que ha demostrado que no necesita seguir las modas del mercado para ser líder. Ha demostrado que el éxito digital no tiene por qué ser una ruptura con el pasado, sino una evolución necesaria y meditada.
En definitiva, Mercadona nos recuerda que en el comercio, la tecnología es solo una herramienta, pero la rentabilidad es el único fin que garantiza la supervivencia a largo plazo. Y en eso, por ahora, tienen pocos rivales.


