Por Andy Stalman
La verdadera revolución no es tecnológica, sino emocional: las marcas deben aprender a tocar corazones. Nuestra vida es la suma de lo que sentimos. No somos racionales de forma natural. Podemos serlo mediante un esfuerzo personal y un contexto social y cultural que lo facilite. Somos esclavos de las emociones y del entorno.
La emoción positiva es lo único que crece cuando se comparte.
Crear experiencias más positivas, y maximizarlas puede forjar relaciones duraderas.
“Existen muchas investigaciones en varias disciplinas que demuestran que los seres humanos no son tan lógicos como nos gustaría pensar. Nosotros nos vemos cómo personas que tomamos decisiones de manera racional, pero eso es sólo porque ni siquiera somos conscientes de cómo la emoción dirige nuestro comportamiento”, dijo la analista de Forrester, Anjali Lai
Los consumidores necesitan estímulos que les permitan eludir la rutina y la complejidad diaria. Por ello, para las marcas, emocionar y conectar adquiere una importancia capital. Aquellas que logran emocionarnos y sorprendernos, nos atraen.
Vista, oído, gusto, tacto y olfato son potentes receptores de estímulos, capaces de convertir la relación entre marca y cliente en una experiencia memorable.
El 80% de nuestra actividad de compra es inconsciente, impulsada por los sentidos. Esto coincide con nuestra toma de decisiones cotidianas, que llega al 90%.
Las marcas que más han invertido en conectar con los sentidos (positivos) son las que más están creciendo. Una marca se queda instalada en nuestra memoria para siempre cuando nos hace vivir una situación sensorial y gratificante, más allá de la satisfacción de realizar una compra o disfrutar de un servicio.
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Con la irrupción de las nuevas tecnologías, las marcas ya no pueden parecer, tienen que ser.
Cambió el mundo. Valores como la transparencia, la honestidad, la autenticidad y la confianza deben ser pilares estructurales de cualquier marca.
Una sonrisa, un entorno agradable, los aromas, los sonidos, la eficacia, la calidad y calidez, la empatía en la atención, ayudar a encontrar fácilmente lo que el cliente busca: una experiencia integral, sensorial, memorable e inimitable.
Todo afecta nuestra experiencia. ¿Tu marca es una experiencia?
Un cliente/consumidor feliz, satisfecho y agradecido es un gran embajador para una marca. Por eso, para las marcas, resulta no solo estratégico sino también necesario seguir profundizando en este camino.
Los seres humanos tienen rasgos de comportamiento y de personalidad comunes, pero cada uno es único e irrepetible como consecuencia del singular proceso de desarrollo personal.
Las personas ya no quieren comprar productos, sino vivir experiencias, ser protagonistas de las historias de las marcas.
El gran reto de las marcas es aprender a amar a sus clientes y transformar en sentimientos y emociones positivas lo que hasta ahora era rutinario.

