Por Esteban Errázuriz, CEO y cofundador de Nivelat
La nueva Ley de Protección de Datos Personales en Chile ha generado muchas inquietudes entre las empresas, y no es para menos. Las multas pueden llegar hasta 20.000 UTM, lo que representa un gran impacto para cualquier organización que no cumpla con la normativa. Sin embargo, más allá de las sanciones, lo que realmente está en juego es la confianza de los usuarios y la credibilidad de las empresas, que son fundamentales en este mundo digital.
Pero la promulgación de esta ley también nos presenta una oportunidad única para cambiar la relación entre empresas y clientes. Chile es uno de los países con mayores niveles de desconfianza, y esto no solo afecta a los negocios tradicionales, sino que es un desafío clave para cualquier empresa que opere en el entorno digital. La protección de datos puede ser el puente para construir una relación distinta, basada en la transparencia y la seguridad, lo que finalmente se traduce en confianza.
Implementar la ley requiere algo más que ajustar procesos internos. Las empresas también deben asegurarse de que sus proveedores sigan los mismos estándares de seguridad. Confiar en terceros sin certificaciones, como la ISO27001, puede exponer a las empresas a vulnerabilidades. Es por eso que auditar a nuestros socios tecnológicos es tan importante, ya que podemos controlar mejor la calidad y seguridad de los servicios que ofrecemos.
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La capacitación de los equipos también es esencial. Cada colaborador que maneje datos debe entender la ley y las mejores prácticas de protección. Sin una formación adecuada, los empleados pueden convertirse en el punto débil de la estrategia de protección.
Pero el verdadero desafío es cultural. La protección de datos no debe verse como un simple requisito legal, sino como una oportunidad para fortalecer la relación con los clientes, sobre todo en un país como Chile, donde la confianza es un recurso escaso y valioso. A través de la seguridad y la transparencia, las empresas pueden reforzar la confianza de los consumidores, que es el pilar sobre el que se construyen relaciones comerciales duraderas.
Las empresas que se adapten a tiempo y aprovechen esta oportunidad no solo evitarán sanciones, sino que se posicionarán como líderes en un mercado cada vez más exigente. La ley es mucho más que una obligación; es un marco para cambiar la manera en que hacemos negocios en Chile.

