La inteligencia artificial eliminará cientos de millones de puestos de trabajo. Es el nuevo temor.
Lo que sucederá es que, como siempre, ha sucedido la tecnología hará desaparecer profesiones y trabajos obsoletos, y hará que nazcan otros.
Alrededor de principios de 1900, los ascensores eléctricos se convirtieron en la muestra más visible de un mundo tecnológico. De pronto, decenas de miles de edificios en el mundo, tuvieron sus ascensores.
Cada ascensor requería su propio operador. A principio de la década de los 40, Otis Elevator desarrolló el «Sistema de Elevación Autotronic» que simplemente requería que uno seleccionara el piso, lo que también inició el cierre de la puerta.
Esto fue rechazado por muchos usuarios, preocupados por la seguridad. El operador del ascensor, muchas de las cuales eran mujeres, era responsable de recibir las solicitudes de piso de los pasajeros, controlar la velocidad y la dirección de la cabina del ascensor, y abrir y cerrar manualmente las puertas.
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Pero la otra gran dificultad a la que se enfrentó la expansión de los ascensores automáticos, fueron los sindicatos de los gremios de ascensoristas, que argumentaban que aquel progreso tecnológico devoraría cientos de miles de trabajos, y que derivó en la gran huelga de ascensoristas de 1945.
Hubo algunas voces a favor del paso del ascensor eléctrico al automático, ya que argüían que este avance tecnológico daría paso a una floreciente industria de los ascensores, que generaría muchos puestos de trabajo, en ese momento inexistente.
Pero los temerosos del progreso, vencieron: había terminado hacía unas semanas la II Guerra Mundial, y fue la primera gran huelga en EEUU. Unos 15.000 ascensoristas, y trabajadores de mantenimiento se declararon en huelga en la ciudad de Nueva York.
Durante toda una semana, los ascensores permanecieron sin uso.
El ascensorista era tan crítico para la vida cotidiana que su huelga hizo que la ciudad se detuviera en seco. Más de un millón de trabajadores se tuvieron que quedar en sus casas en casa. El gobernador Thomas Dewey se vio obligado a intervenir nombrando a un árbitro que finalmente resolvió la huelga.
Los ascensores sin ascensoristas deberían esperar.
En los años siguientes, la llegada del teléfono de emergencia, y un botón de parada de emergencia ayudaron a poner el ascensor automatizado en el camino de la aceptación pública, ya que los hizo sentir seguros. Y creció el signo de modernidad que traían estos ascensores a las ciudades.
Entonces, viendo esto, el sindicato de ascensoristas volvió a la huelga, pero no hubo ni de lejos el mismo impacto que la primera vez.
En 1950, Otis Elevator instaló un ascensor completamente automatizado en el edificio Atlantic Refining en Dallas, Texas, lo que marcó el principio del fin para el operador de ascensores. A finales de 1970, la mayoría de los ascensores funcionaban sin operadores humanos.
Y el mundo siguió adelante.

