La economía china, que durante décadas ha sido un pilar de crecimiento global, se encuentra en una encrucijada crítica en 2025. En su artículo de opinión, @Roberto Busel, presidente del directorio de NMC Chile, destaca los enormes desafíos que enfrenta el gigante asiático, que, a pesar de haber mostrado un desarrollo imparable, ahora se tambalea bajo el peso de una crisis inmobiliaria, un creciente endeudamiento y un sector financiero acorralado por rendimientos decrecientes. Este cambio drástico no solo amenaza la estabilidad interna de China, sino que también podría tener repercusiones significativas a nivel mundial. Les invito a leer su artículo original aquí.
Una Tormenta Perfecta en el Horizonte
Busel describe cómo la economía china se enfrenta a una «tormenta perfecta» que podría transformar su estructura económica de manera impredecible. La crisis inmobiliaria se ha convertido en un lastre insostenible, con millones de viviendas sin vender y muchas en estado de abandono. El desplome del mercado inmobiliario, que durante años fue el motor de la prosperidad del país, ha llevado a la gestión de crisis por parte del gobierno, obligando a las autoridades locales a comprar propiedades a precios reducidos, lo que ha resultado en una drástica caída del 50% en el valor de las propiedades. Este comportamiento ha puesto a los bancos en una situación crítica, ya que muchas de estas viviendas fueron utilizadas como garantía para préstamos.
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La grave situación de las instituciones financieras chinas se ve reflejada en el deterioro de sus balances y el aumento de los impagos. Un sistema financiero debilitado, acompañado de una caída en los ingresos por préstamos, es una señal alarmante que no debe pasar desapercibida. Esta crisis podría no solo amenazar la estabilidad de las entidades bancarias, sino también extender sus efectos negativos a la economía global.
Un Mercado de Bonos Agitado por la Desconfianza
Busel también enfatiza la turbulencia en los mercados de bonos chinos, donde los rumores de restricciones impuestas por el Banco Central han creado un clima de incertidumbre financiera. La caída de los rendimientos de los bonos gubernamentales a 10 años, que ahora se sitúan en un histórico 1,65%, refleja la falta de confianza entre los inversores. Esta comparación con la crisis financiera de 2007-2009 en Estados Unidos no es descabellada, ya que China podría estar enfrentando una deflación prolongada similar a la de Japón en las últimas décadas.
El rescate del sector inmobiliario, que parece haber comenzado con algunas medidas estatales, ahora se encuentra en una fase regresiva. La disminución en las ventas de propiedades y los precios en las principales ciudades indica que la estrategia gubernamental empleada para estabilizar el sector inmobiliario está lejos de ser eficaz. En este contexto, se vislumbra un panorama sombrío para la economía china en el futuro inmediato.
Transformación en el Comportamiento de Endeudamiento
Un aspecto interesante que menciona Busel es la transformación en los patrones de endeudamiento. Lo que alguna vez fue un motor de crecimiento impulsado por el crédito a los hogares ha experimentado un cambio radical, con las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, asumiendo un papel dominante en la demanda de crédito. Sin embargo, esto conlleva un aumento en el riesgo de impago, creando así un nuevo ciclo de endeudamiento preocupante.
Además, el aumento en los ahorros de los ciudadanos chinos, resultado de la caída del mercado inmobiliario y la volatilidad bursátil, ha llevado a una preferencia por depósitos a plazo fijo. Si bien esto podría sonar positivo, ha dejado a los bancos con liquidez, pero con pocas oportunidades de crédito rentables, lo que alimenta el ciclo vicioso de la crisis económica.
Desafíos del Gobierno Chino
El gobierno chino está realizando esfuerzos significativos para hacer frente a esta situación crítica. Entre las medidas adoptadas se incluyen el incremento del gasto público, la expansión de la deuda local y la recapitalización bancaria. El hecho de que el déficit presupuestario aumente del 3% al 4% del PIB refuerza la idea de que Pekín está dispuesto a invertir considerables recursos en estabilizar la economía.
Sin embargo, el desafío es monumental. A pesar de las medidas adoptadas, el estímulo fiscal que representa apenas un 2% del PIB parece insuficiente para abordar los problemas de deflación y revitalizar el consumo. La inercia económica actual requiere enfoques más audaces y efectivos que aseguren el restablecimiento de la confianza en el consumidor y en los mercados.
Un Futuro en Debate
El panorama económico de China es incierto. El país se encuentra atrapado entre la necesidad de estabilizar su sistema financiero y la urgencia de revitalizar su economía. La fuga de capitales teme que impida la relajación de controles, y el estímulo fiscal limitado podría no ser suficiente para restaurar el optimismo entre los consumidores e inversionistas.
En este contexto, se plantea una pregunta crucial: ¿cómo responderá China a estos desafíos estructurales a largo plazo? Con una población que comenzó a disminuir en 2022 y un envejecimiento progresivo que promete restringir el crecimiento de la fuerza laboral y aumentar los gastos en salud, el país debe transitar hacia un modelo de crecimiento más sostenible. Busel menciona que, incluso si China logra sortear las crisis inmediatas, factores como el alto endeudamiento y la baja productividad podrían traducirse en tasas de crecimiento potencial mucho más bajas que en el pasado.
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Si bien el futuro del gigante asiático puede parecer sombrío, es indispensable señalar que las políticas que se implementen en los próximos años serán determinantes para cimentar la estabilidad. La gravedad de la fragilidad económica actual podría transformarse en una crisis mayor si los problemas de deuda y confianza no se abordan adecuadamente.


