En el universo saturado del marketing deportivo, a veces las jugadas más simples pueden rendir mejor que las grandes ovaciones. El fin de semana en Bogotá quedó marcado por una maniobra que, a simple vista, parece mínima: una cebra icónica vestida en tres rayas. Pero esa acción de Adidas, en medio del giantón espectáculo que Nike montó para inaugurar su nueva tienda, revela una filosofía de marca que va mucho más allá del ruido: la eficiencia, la memoria de marca y la narrativa estratégica. Puedes consultar el artículo de @David Esteban Gaitan Navarro original completo aquí.
Soy lector de casos que demuestran que la creatividad no siempre necesita una cartera holgada para funcionar. Nike, con su inauguración multimillonaria y su maquinaria de difusión, encendió la conversación pública; Adidas, en cambio, dio un giro sutil pero profundo. Pintar la cebra que guía a la puerta de Nike fue, en palabras de muchos analistas de marketing, una jugada de guerrilla: barata, memorable y extremadamente efectiva en términos de retorno de la inversión (ROI). No se trató de gastar más, sino de gastar distinto; de convertir un ruido ajeno en una oportunidad para situarse en la conversación sin protagonizar la fiesta.
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La idea central es simple: no siempre es necesario competir en el terreno del gasto para obtener visibilidad. A veces, la temperatura del mensaje —su claridad y su oportunidad— puede convertir una acción aparentemente pequeña en una lluvia de menciones, shares y discusiones entre audiencias afines. Adidas no invirtió dinero en un escenario, invirtió atención en una ruta de tráfico, una señal visual que se volvió tema de conversación entre compradores, aficionados y críticos de marketing. Ese ROI, medido en recordación de marca, en percepción de estrategia y en posicionamiento frente a la competencia, puede ser incluso más valioso que un gasto masivo en una gala publicitaria.
Una de las lecciones más pertinentes es la de leer el contexto y actuar en consecuencia. Nike lanzó una fiesta de branding; Adidas respondió con una jugada que, aunque modesta en ejecución, dejó claro un razonamiento estratégico: si quieres competir con el mejor, a veces basta con colocar una marca en el camino del consumidor de forma ingeniosa y memorable. La narrativa resultante —“si quieres llegar donde ellos, tiene que pasar por encima de mí”— resuena por su contundencia y su simplicidad. Es una declaración de confianza, de rivalidad sana y de una identidad que se mantiene firme incluso cuando el ruido externo es ensordecedor.
Otro ángulo valioso es el consumo de recursos: ¿Qué costo real tiene una acción de guerrilla frente a un evento de gran magnitud? En términos de eficiencia, la jugada de Adidas puede interpretarse como una optimización del presupuesto de marketing: menos gasto, más conversación, mayor recordación. No se trata de menosprecio al marketing masivo, sino de precisar cuándo y dónde ese gasto produce un retorno superior. En la economía de la atención, la capacidad de Adidas para insertarse en el relato sin perturbar la experiencia de la rivalidad principal es una demostración de precisión estratégica.
La lectura crítica de este episodio nos invita a reflexionar sobre varios aspectos que suelen pasarse por alto en la discusión de marketing deportivo:
- Contexto y timing: la acción surgió justo cuando Nike dominaba la escena. Aprovechar ese ruido ajeno para convertirlo en un propio encuentro de marca es una jugada que exige lectura del entorno y valentía para actuar sin miedo al “desperdicio” de atención.
- Simplicidad y memoria: una intervención visual sencilla puede convertirse en un símbolo repetible. La cebra de Adidas, en su brutalidad minimalista, se graba en la memoria del consumidor y teje una conversación continua.
- Narrativa de marca: detrás de la acción hay un mensaje de rivalidad y desafío. Esa narrativa complementa productos y campañas, fortaleciendo la identidad de Adidas como marca que no necesita jugar siempre al mismo juego para ganar notoriedad.
- Medición del éxito: aunque se trate de una maniobra de guerrilla, no se debe perder de vista el ROI en términos de recordación, percepción de valor y posición competitiva. La estrategia debe ser sostenible y coherente con la promesa de marca a largo plazo.
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Este caso también sirve para cuestionar una creencia común en el mundo del marketing: ¿cuánto dinero es necesario para crear impacto? La respuesta no es universal y depende del contexto, los objetivos y la audiencia. En este ejemplo, el costo fue mínimo, pero el impacto fue alto, y eso es lo que al final define una gran jugada en guerrilla: efectividad perceptible con recursos limitados, y una historia que puede seguir resonando más allá de la ventana de atención inicial.


