El mercado de la ropa interior masculina ha dejado de ser una compra por necesidad para convertirse en un campo de batalla de identidad, tecnología y estrategia digital. Mirar hacia atrás no es solo un ejercicio de nostalgia; es una lección de supervivencia comercial.
Recientemente, Malte Karstan compartió una perspectiva fascinante sobre cómo ha mutado esta industria en la última década. Puedes leer su análisis original aquí.
2013: El Imperio de los Logotipos y las Pasarelas
Si rebobinamos hasta el año 2013, el panorama del Reino Unido estaba regido por un «establishment» de la moda de lujo y el estilo de vida aspiracional. Según los datos de UnderU.com, el Top 10 estaba compuesto exclusivamente por gigantes globales:
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Emporio Armani (Italia)
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Calvin Klein (EE. UU.)
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HUGO BOSS (Alemania)
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Björn Borg (Suecia)
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Ralph Lauren (EE. UU.)
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Diesel (Italia)
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DOLCE&GABBANA (Italia)
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HOM SA (Francia)
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Tommy Hilfiger (EE. UU.)
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GANT (EE. UU.)
En ese entonces, el éxito se definía por el dominio en los pasillos de los grandes almacenes como Selfridges o Harrods. La estrategia era clara: un logotipo icónico en la banda elástica, una campaña publicitaria de alto presupuesto con una celebridad y una distribución mayorista masiva. El consumidor compraba la «marca» antes que la «prenda».
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La Gran Fragmentación: ¿Qué pasó en el camino?
Como bien señala Karstan, en la década transcurrida, el mercado ha sufrido una transformación estructural. No es que los gigantes hayan desaparecido, sino que el suelo bajo sus pies se ha movido. Tres factores clave explican esta disrupción:
1. El Auge del Modelo DTC (Direct-to-Consumer)
Las marcas nativas digitales eliminaron a los intermediarios. Al vender directamente al consumidor a través de sus propias plataformas, pudieron reinvertir los márgenes de los grandes almacenes en dos áreas críticas: mejor calidad de producto y publicidad hipersegmentada en redes sociales.
2. Innovación Textil vs. Estética de Pasarela
En 2013, el algodón era el rey. En 2026, el consumidor busca rendimiento. El surgimiento de tejidos como el micromodal, el bambú y las tecnologías de «bolsa de soporte» (pioneras por marcas como SAXX) desplazó el enfoque del diseño visual hacia la ergonomía y la comodidad funcional.
3. La Ética del Consumo
La sostenibilidad ya no es un nicho. Las marcas que lideran hoy son aquellas que pueden trazar su cadena de suministro. El consumidor actual cuestiona la durabilidad y el impacto ambiental de esa prenda que usa a diario, algo que las marcas de «fast-fashion» de lujo tardaron en abordar.
El Panorama en 2026: ¿Quién es el Propietario de la Categoría?
Si hoy, en 2026, intentáramos recrear ese ranking, el resultado sería un ecosistema mucho más híbrido y fragmentado.
Si bien Calvin Klein y Hugo Boss mantienen una relevancia envidiable debido a su capacidad de escala y su herencia cultural, el «Top 10» actual se ve invadido por nombres que en 2013 eran inexistentes o irrelevantes. Marcas como Step One o SAXX han capturado una cuota de mercado significativa basándose en soluciones a problemas específicos (como el roce o la transpiración) más que en el prestigio de un diseñador italiano.
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La lección que nos deja el análisis de Karstan es contundente: el liderazgo nunca es permanente. La categoría de ropa interior es el ejemplo perfecto de cómo una industria puede pasar de ser «impulsada por la marca» a ser «impulsada por la comunidad y el rendimiento».
El Futuro es de los Adaptables
Las marcas tradicionales que han sobrevivido y prosperado son aquellas que han sabido hibridar su legado con la agilidad digital. La nostalgia del ranking de 2013 no es una oda al pasado, sino una advertencia para el futuro: en el comercio moderno, la complacencia es el camino más rápido a la irrelevancia.


