El ecosistema del retail vive una transformación estructural que ha puesto en jaque a los antiguos «unicornios» del comercio electrónico. Durante la última década, fuimos testigos del ascenso meteórico de marcas que prometían revolucionar el consumo a través de la sostenibilidad, la comunidad digital y la eliminación de intermediarios. Sin embargo, el panorama actual para nombres como Allbirds, Glossier o Hawkers es drásticamente distinto: la lucha por la supervivencia en un mercado que ya no perdona la falta de rentabilidad.
Marina Specht Blum analiza con precisión este fenómeno en su reciente reflexión sobre la crisis de las marcas millennial. Puedes leer el análisis completo en su artículo original aquí.
La Trampa de la Viralidad y el Espejismo del Crecimiento
El éxito temprano de muchas marcas nativas digitales (DNVB, por sus siglas en inglés) se cimentó sobre una premisa atractiva pero peligrosa: la capacidad de escalar rápidamente mediante publicidad segmentada y una narrativa de «disrupción». En sus inicios, marcas como Allbirds capitalizaron el apoyo de figuras de Silicon Valley y Hollywood, logrando una valoración cercana a los 4.000 millones de dólares. No obstante, la viralidad es un recurso volátil.
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El problema fundamental reside en la confusión entre la captura de atención y la construcción de brand equity. Mientras que las redes sociales como Instagram o TikTok son herramientas excepcionales para la adquisición de clientes, no garantizan por sí solas la fidelidad a largo plazo. Muchas de estas empresas no lograron evolucionar junto a su base original de clientes —los millennials—, quienes hoy priorizan otros valores, ni consiguieron conectar emocionalmente con la Generación Z, que percibe sus historias como «maduras» o poco auténticas.
El Retorno Forzado al Mundo Físico: El «Know-how» Tendero
Uno de los puntos más críticos en la trayectoria de estas firmas ha sido su relación con el retail físico. Fundadores como Michael Preysman de Everlane llegaron a declarar que preferirían cerrar antes que abrir tiendas físicas. La realidad económica, sin embargo, terminó imponiéndose.
Entre 2023 y 2025, el Coste de Adquisición de Clientes (CAC) en el entorno digital sufrió un incremento de entre el 40% y el 60%. Este encarecimiento de la pauta publicitaria destruyó los márgenes de beneficio de los modelos 100% digitales, obligando a las marcas a buscar en las tiendas físicas una vía de rentabilidad y visibilidad orgánica.
El caso español es emblemático. Marcas como POMPEII y Hawkers intentaron esta transición. Sin embargo, abrir una tienda no es simplemente alquilar un local y colocar inventario. Requiere un conocimiento operativo, logístico y de experiencia de cliente —el «know-how tendero»— que las marcas tradicionales han perfeccionado durante décadas y que las nativas digitales subestimaron. La apertura de puntos físicos sin una estrategia omnicanal sólida resultó, en muchos casos, en cierres prematuros y una mayor presión financiera.
La Relevancia Cultural y la Nueva Disciplina Financiera
La crisis de estas marcas también refleja un cambio en el sentimiento de los inversores. El capital riesgo, que antes inyectaba fondos masivos para alimentar el crecimiento a toda costa, ha migrado su interés hacia sectores emergentes como la Inteligencia Artificial. Esto ha dejado a marcas como Muroexe o Glossier en una posición vulnerable: sin el respaldo constante de capital, la falta de viabilidad del modelo de negocio original queda al descubierto.
Para volver a la senda del crecimiento, el mercado exige hoy una transición del hype a la disciplina. Esto implica:
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Priorizar los Unit Economics: Asegurar que cada venta sea rentable por sí misma, más allá de la narrativa de marca.
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De la Adquisición a la Retención: Es significativamente más costoso adquirir un nuevo cliente que mantener a uno existente. La personalización y la excelencia en el servicio postventa son ahora los verdaderos motores de valor.
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Omnicanalidad Real: No se trata de estar en físico o digital, sino de ofrecer una experiencia fluida donde ambos mundos se retroalimenten.
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La crisis de las marcas millennial no es el fin del ecommerce, sino el fin de una era de ingenuidad financiera en el retail digital. La sostenibilidad de una empresa no depende de cuántos «likes» genere un post, sino de su capacidad para generar valor real, adaptarse a los cambios generacionales y gestionar con eficiencia operativa tanto los clics como los ladrillos. El mercado actual premia la resiliencia y la disciplina por encima del brillo efímero de la viralidad.


