El espíritu emprendedor es la chispa que enciende el motor de la economía, crea empleos y nos empuja hacia el futuro. En América Latina, la región con un vibrante pulso de innovación y resiliencia, ese espíritu es incuestionable. Sin embargo, para muchos, la promesa de la propia empresa se estrella contra un muro implacable: la burocracia.
Hoy, en una jornada clave de elecciones, mientras el foco se pone en quién liderará el camino, resulta vital que la consigna de «hacer de Chile un país de emprendedores» —o de cualquier nación de la región— no sea solo un eslogan de campaña, sino un compromiso político y económico fundamental.
La empresaria y referente del ecosistema emprendedor chileno, Alejandra Mustakis, toca una fibra sensible al compartir los demoledores hallazgos del Índice de Burocracia 2025 del Adam Smith Center (FIU). Este informe no solo pone en números el costo de la ineficiencia administrativa, sino que expone la herida abierta que frena la competitividad, la innovación y, en última instancia, el crecimiento empresarial en nuestros países. Puedes leer el artículo original aquí.
La Carga Oculta del Emprender
El informe del Adam Smith Center arroja cifras que deberían sonar una alarma en cada capital latinoamericana. Abrir una empresa en la región no es una carrera de 100 metros, sino una maratón de obstáculos documentales que dura, en promedio, 1.850 horas. Traducido a jornadas laborales, esto representa casi ocho meses dedicados exclusivamente a trámites antes de poder levantar la persiana de forma legal.
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Este promedio esconde disparidades brutales que definen el destino de miles de ideas. Mientras en países como Brasil el proceso de apertura se ha reducido a solo 35 jornadas laborales, naciones como Chile, históricamente vistas como baluartes de la estabilidad económica, lamentablemente se encuentran en el extremo opuesto, con trámites que pueden superar los dos años de trabajo administrativo. La ironía es dolorosa: la cuna de muchas start-ups exitosas en Latinoamérica es, al mismo tiempo, uno de los ambientes más hostiles para la formalización inicial.
Y la pesadilla burocrática no termina con la apertura. Una vez que la empresa está operando, la medianas empresas, foco del estudio, deben destinar un promedio de 1.577 horas al año solo para cumplir con las exigencias administrativas y regulatorias.
Esto implica que un porcentaje inaceptablemente alto del tiempo de los equipos (el informe señala que es equivalente al 76% del tiempo de trabajo anual de un empleado se dedica a ello, según algunas interpretaciones) se esfuma en papeles y firmas en lugar de en la producción y la innovación.
El costo de oportunidad de esta parálisis administrativa es abrumador. El estudio estima que las pérdidas superan los US$110.500 millones anuales en los 21 países analizados. Esta cifra escalofriante equivale al 13% del Producto Interno Bruto (PIB) agregado de la región.
Es decir, la burocracia excesiva no es solo un dolor de cabeza para el empresario; es un lastre macroeconómico que empobrece a toda la sociedad, limitando la creación de riqueza, la inversión y la generación de empleos de calidad.
Lecciones de Agilidad Regional
Los resultados del Índice de Burocracia 2025 también muestran que el camino hacia la eficiencia es posible, señalando a países que están logrando avances significativos. Brasil, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México, Paraguay, República Dominicana y Uruguay son destacados como países con mejor desempeño. La República Dominicana, por ejemplo, ha logrado consolidarse como un referente de agilidad administrativa en la región.
Estos casos de éxito demuestran que la reducción de la burocracia no es una utopía, sino el resultado de políticas públicas deliberadas que priorizan la agilidad, la digitalización y la simplificación de procesos. Los gobiernos que entienden que el tiempo del emprendedor es su recurso más valioso están cosechando beneficios tangibles en términos de formalización, competitividad y atracción de inversiones.
El Desafío de la Regulación Inteligente
Como bien señala el resumen compartido por Mustakis, el desafío no consiste en eliminar la regulación, sino en reducir los excesos que actúan como un freno de mano al progreso. Una regulación efectiva es necesaria para proteger a los consumidores, garantizar la competencia leal y resguardar el medio ambiente. Sin embargo, la burocracia latinoamericana a menudo opera como un fin en sí misma, multiplicando requisitos y demoras que solo benefician a la corrupción o a las grandes corporaciones con el músculo financiero para navegar su complejidad.
El llamado es claro: los futuros líderes que hoy se eligen deben abrazar una agenda de «regulación inteligente». Esto implica:
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Digitalización total: Llevar todos los trámites a plataformas en línea, eliminando la necesidad de presencia física y la duplicidad de documentos.
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Principio de Confianza: Revertir la presunción de culpa en el emprendedor, permitiendo la operación con declaraciones juradas o trámites simplificados, y enfocando la fiscalización en el cumplimiento posterior y en las faltas reales.
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Ventana Única Empresarial: Consolidar todos los permisos y registros en una sola entidad o portal, evitando el peregrinaje interminable por múltiples oficinas gubernamentales.
En un continente con una población joven y dinámica, la movilidad social a menudo está íntimamente ligada a la capacidad de crear una empresa. Un entorno burocrático asfixiante no solo desalienta al pequeño negocio, sino que también perpetúa las desigualdades, ya que la informalidad se convierte en la única vía rápida para subsistir. Si queremos que el talento de nuestra gente se convierta en prosperidad para nuestros países, debemos liberar la energía emprendedora.
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Es hora de que los nuevos líderes electos tomen en serio el mensaje del Índice de Burocracia 2025. El camino para «hacer de Chile un país de emprendedores» o de cualquier otra nación latinoamericana, no pasa por grandes inversiones públicas (aunque son bienvenidas), sino por algo mucho más simple y profundo: respetar el tiempo de quienes arriesgan todo para construir el futuro. El mejor subsidio que un gobierno puede dar a un emprendedor es cero burocracia.


