La resiliencia en Venezuela ha dejado de ser una palabra de moda para convertirse en una forma de vida, especialmente para quienes sostienen el sistema de salud desde la primera línea: el mostrador de la farmacia. No es un secreto que la crisis migratoria ha drenado talento profesional en todas las áreas, pero hay un grupo que ha decidido plantar bandera.
Recientemente, Jorge Aslan publicó una reflexión poderosa que toca la fibra de esta profesión. En su artículo, «Por qué nos quedamos: El corazón de la farmacia venezolana», Aslan desglosa las razones que van más allá del balance financiero para explicar por qué el farmacéutico minorista sigue siendo el alma de los barrios y ciudades del país. Puedes leer el artículo original aquí.
Más que Dispensar: Un Acto de Resistencia Social
Históricamente, la farmacia en Venezuela ha sido mucho más que un comercio. Sin embargo, en la última década, su rol se ha transformado en algo casi heroico. Cuando los centros de salud pública se ven desbordados, el ciudadano común no corre al hospital por una duda menor; corre a su farmacia de confianza.
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Como bien señala Aslan, el farmacéutico es, en muchos casos, el profesional sanitario más accesible. Esta accesibilidad no es solo física, es emocional. En un país donde la incertidumbre es la única constante, encontrar a alguien que no solo dispense una caja de pastillas, sino que explique la posología, sugiera alternativas genéricas de calidad y brinde una palabra de aliento, es invaluable.
La Adaptabilidad como Ciencia
Uno de los puntos más lúcidos de la reflexión de Aslan es la mención a la resiliencia e innovación. Ser farmacéutico en Venezuela hoy requiere un doctorado en logística y un máster en empatía.
El profesional venezolano ha aprendido a:
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Gestionar inventarios en una economía de multimoneda.
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Educar al paciente sobre la bioequivalencia ante la falta de marcas tradicionales.
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Mantener la cadena de frío y los estándares de calidad a pesar de las fallas de infraestructura.
Esta «adaptabilidad clínica» de la que habla Jorge no se enseña en las facultades de otros países con mercados estables. Es un músculo que solo crece bajo presión.
El Propósito sobre el Patrimonio
Es fácil caer en el cinismo cuando se comparan los salarios locales con los de Colombia, Chile o España. Sin embargo, el artículo de Aslan nos recuerda que el propósito tiene una moneda propia.
En mercados corporativos masivos, el farmacéutico puede sentirse como un engranaje más en una maquinaria de ventas. En Venezuela, el farmacéutico es un salvavidas. Existe una gratificación intrínseca en asegurar que un tratamiento para la hipertensión llegue a las manos correctas, o en ser el guía de un padre angustiado. Ese impacto directo en la supervivencia de la comunidad es lo que mantiene las luces encendidas en locales desde Caracas hasta los pueblos más remotos de los Andes.
Construyendo los Cimientos del Mañana
Quedarse no es una decisión pasiva; es un acto de construcción. Cada profesional que decide no cerrar su santamaría está preservando el conocimiento y la ética farmacéutica para el momento de la reconstrucción total del país.
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Si todos los expertos se marcharan, la infraestructura sanitaria colapsaría irremediablemente. Al quedarse, estos profesionales están asegurando que la próxima generación de farmacéuticos tenga un legado sobre el cual construir. Como afirma Aslan en su cierre, ser farmacéutico hoy en Venezuela es un compromiso con la gente, una promesa silenciosa de que, a pesar de las dificultades, la salud de los venezolanos sigue teniendo quien la defienda.
A continuación, comparto el texto íntegro de Jorge Aslan, una lectura obligatoria para entender el pulso actual de nuestra profesión.
Por qué nos quedamos: El corazón de la farmacia venezolana
Por Jorge Aslan
Cuando la gente observa el panorama farmacéutico en Venezuela, a menudo ve primero los números: la brecha salarial en comparación con países vecinos, los obstáculos logísticos y los cambios económicos.
La pregunta que a menudo me hacen —y que muchos de mis colegas se enfrentan— es: «¿Por qué quedarse en farmacia minorista aquí cuando podrías ganar más en otro sitio?»
La respuesta no se encuentra en un libro de cuentas; Se encuentra detrás del mostrador. Aquí está la razón por la que muchos de nosotros seguimos eligiendo cada día la planta de farmacias minoristas venezolanas:
1. El farmacéutico como pilar de la comunidad
En Venezuela, el farmacéutico minorista suele ser el profesional sanitario más accesible. Para muchas familias, somos el primer punto de contacto para recibir asesoramiento médico. Quedarse significa mantener esa red de seguridad para los barrios que dependen de nuestra experiencia para navegar sus opciones de salud.
2. Resiliencia e innovación
Trabajar aquí nos ha convertido en maestros solucionadores de problemas. Ya sea gestionando el inventario durante fluctuaciones o buscando alternativas terapéuticas cuando una marca específica no está disponible, hemos desarrollado un nivel de adaptabilidad clínica que simplemente no se encuentra en un entorno más «estable».
3. Impacto sobre los ingresos
Hay un sentido profundo de propósito en asegurarse de que una abuela reciba su medicación para la hipertensión o en ayudar a un joven padre a entender la dosis. En mercados más acomodados, a menudo eres una pieza corporativa; Aquí, eres un salvavidas.
4. Reconstruyendo el futuro
Cada profesional que se queda es un ladrillo en los cimientos de la recuperación de nuestro país. Al mantener altos estándares de atención farmacéutica, aseguramos que la infraestructura sanitaria permanezca intacta para la próxima generación.
«Ser farmacéutico en Venezuela hoy no es solo un título profesional, es un compromiso con las personas que llaman a este hogar.»
A mis compañeros detrás de los mostradores desde Caracas hasta Maracaibo: vuestra presencia importa. El valor que aportas trasciende la moneda en la que te pagan.


