Durante décadas, las grandes consultoras como Accenture, Deloitte, PwC, KPMG y McKinsey han gobernado el ecosistema empresarial. Su propuesta de valor era clara y contundente: conocimiento empaquetado, acceso a análisis intensivos y la promesa de eficiencia a través de ejércitos de jóvenes y brillantes analistas. Estas firmas se erigieron como el sustituto «eficiente» de los departamentos internos, ofreciendo soluciones a la medida y, por supuesto, cobrando sumas millonarias por ello.
Sin embargo, estamos en el umbral de una transformación sísmica, una que, como advierte un reciente artículo del reconocido analista Carlos Ares, está erosionando el valor diferencial que estas gigantescas estructuras han vendido por tanto tiempo. La Inteligencia Artificial no es solo una nueva herramienta; es un disolvente que está poniendo en jaque el corazón de su modelo de negocio. Puedes leer el artículo original aquí.
La tesis central de Ares, y que resuena con la perspectiva de expertos en tecnología y negocios como Enrique Dans, es que la consultoría se encuentra en una caminata ciega hacia un precipicio. El disfrute actual de los márgenes históricos podría ser, en realidad, «la velocidad del descenso, sin haber entendido que lo que viene después no es una aceleración eterna, sino el duro suelo«.
La Automatización del Pensamiento Aplicado
¿Qué vendían realmente las consultoras? Vendían horas. Vendían la capacidad humana de procesar datos, establecer patrones y generar conclusiones lógicas. En esencia, vendían pensamiento aplicado. Hoy, ese activo se ha convertido en una commodity.
La IA, a través de herramientas accesibles y poderosas de machine learning y prompt engineering, está demostrando una capacidad analítica que supera la velocidad, la consistencia y, a menudo, la precisión del analista humano.
«Los grandes clientes empiezan a darse cuenta de que buena parte de los proyectos de consultoría son ahora procesos automatizables«, señala Ares.
Un encargo que hace poco costaba un millón de dólares y requería un equipo de consultores durante meses, ahora puede resolverse con herramientas de IA por tan solo una fracción de ese precio. La justificación histórica del alto coste —tiempo invertido por humanos y su capacidad analítica— se desvanece ante algoritmos que «no duermen ni cobran horas extras«. El valor del tiempo facturable, la base del modelo económico de las Big Four y MBB, se está desmoronando.
De Consultor a Traductor: La Desvalorización del Rol
El impacto se siente ya en las trincheras. Decenas de profesionales, según Ares, están reconociendo abiertamente en redes sociales que su trabajo se está transformando en un proceso de traducción o, peor aún, de maquillaje: tomar resultados generados por una IA, interpretarlos, darles una forma presentable y «venderlos» al cliente como una conclusión humana.
Este ejercicio de intermediación de bajo valor añadido es insostenible. A medida que las empresas aprenden a integrar directamente soluciones potentes como ChatGPT Enterprise o Claude Team, la IA se convierte en un socio invisible que no solo es más barato, sino en muchos casos, más preciso que el consultor humano.
Esto crea una paradoja brutal: la IA convierte el conocimiento en una commodity, y la consultoría prosperó precisamente porque el conocimiento no lo era. Ahora, el cliente no necesita que le entreguen conclusiones «en diferido»; puede tener un modelo que «piensa con él» en tiempo real. La diferencia entre tener la respuesta y el camino para llegar a ella ya no requiere una tarifa horaria de cinco cifras.
El Destino Ineludible: Reinventarse o Desaparecer
La encrucijada para las grandes consultoras es la más existencial que han enfrentado. Como todas las industrias que han precedido a la disrupción tecnológica, la consultoría debe decidir si será la protagonista de su propio cambio o la testigo de su propia desaparición.
La única salida viable es la reinvención. El camino, como bien articula Ares, pasa por una migración de rol: dejar de ser meros proveedores de conocimiento empaquetado y convertirse en arquitectos de transformación.
La supervivencia dependerá de quienes logren pasar del qué y el cómo (tarea que la IA ahora domina) al por qué y el hacia dónde. La nueva consultoría de valor no será la que te entregue un informe de 200 páginas lleno de análisis de datos; será la que te ayude a integrar la visión, la ética y el propósito de tu organización con la nueva capacidad de la IA.
En un mundo donde el conocimiento ya no se compra, sino que se genera instantáneamente a través de algoritmos, la verdadera consultoría será la que te ayude a pensar, a articular la estrategia de alto nivel que la máquina aún no puede. Es decir, asesorar sobre las preguntas que la IA debe responder, no sobre las respuestas que la IA da.
¿Un Momento Kodak Global?
La pregunta que resuena al final del análisis de Carlos Ares es: ¿Estamos viviendo TODOS un momento Kodak?
El caso de Kodak, la empresa que inventó la fotografía digital pero se negó a abrazarla por miedo a canibalizar su lucrativo negocio de película, es el arquetipo de la ceguera estratégica. Las consultoras están en peligro de cometer el mismo error: aferrarse a un modelo de horas facturables y conocimiento empaquetado que la IA ya ha invalidado.
Ver también: Volver a lo básico con estrategia: la lección detrás del renacer de Starbucks
Si no canibalizan su propio modelo de negocio —reduciendo las tarifas por análisis básicos y pivotando radicalmente hacia la arquitectura de ecosistemas de IA, ética y estrategia de la disrupción—, se arriesgan a ser superadas por startups de IA mucho más ágiles o por la propia capacidad interna de sus clientes.
El duro suelo al que se refiere Enrique Dans está llegando rápidamente. La arquitectura de la transformación no es una opción, es la última frontera para la supervivencia.


