Si le preguntamos a cualquiera por la calle si se considera un ser racional, afirmará sin dudas que por supuesto. De hecho, ser irracional casi se considera un insulto. Una persona racional es aquella que toma sus decisiones bajo un prisma de análisis sistemático y lógico. Sin embargo, nuestro cerebro, aunque parezca una paradoja, no está preparado para ser tan racional como pensamos. Veamos qué ocurre.
Lo primero es que nuestra capacidad de almacenamiento y proceso es limitada. Por ello, nunca tendremos toda la información, sino tan sólo una parte. De este modo, nuestras decisiones se basarán en información incompleta. Por ejemplo, al compartir nuestra vida con otra persona conoceremos las facetas más agradables de nuestra pareja (las que nos ha mostrado), pero el día a día nos irá enseñando la realidad (para bien o para mal).
Lo primero es que nuestra capacidad de almacenamiento y proceso es limitada. Por ello, nunca tendremos toda la información, sino tan sólo una parte.
Nunca tenemos en cuenta todas al alternativas posibles, sino un subconjunto de las mismas, también debido a la razón anterior. Igualmente ocurre con nuestros objetivos, a veces por pereza o por falta de confianza en nosotros mismos.
El aprendizaje es otro de los factores limitantes. Estamos en un continuo proceso de aprender, pero lo hacemos de forma fragmentada. Siempre les comento a mis estudiantes que un recién graduado en dirección de empresas ha aprendido contabilidad, dirección estratégica, marketing o recursos humanos como asignaturas diferenciadas en compartimentos estancos. Por tanto, si su mente fuera una casa, todas las sillas estarían en el comedor, las mesas en el salón, las camas apiladas en un dormitorio y los muebles, uno junto a otro en el baño.
Vea también: Onboarding y Empoderamiento Psicológico: Creando Equipos Más Creativos y Comprometidos
Estamos en un continuo proceso de aprender, pero lo hacemos de forma fragmentada
Empezamos a aprender cuando establecemos relaciones entre fenómenos que inicialmente no parecen tener mucho que ver (a eso se dedica la ciencia). El aprendizaje va unido a la inteligencia cuya definición que más me gusta es «La capacidad de saber qué hacer cuando no sabes qué hacer». Nuestro entorno cambia y tenemos que adaptarnos para sobrevivir. El método de aprendizaje más usado es el de «prueba y error»: lo intento, la cago y lo vuelvo a intentar hasta que lo consigo. Ello lleva tiempo y consume energía, pero es lo que hay. Por otro lado, a veces (o más bien diría, muy a menudo) surgen cuestiones inesperadas que nos hacen modificar nuestra estrategia sobre la marcha.
Luego están «los demás». “Homo homini lupus”, dijo Plauto, en su obra «Asinaria». Los que te rodean tienen objetivos propios. Muchos irán en dirección opuesta a los tuyos. Algunos tendrán poder sobre ti y otros lo justificarán a través de la política. Lo «racional» se somete al criterio de los grupos de poder y, normalmente, lo que sería mejor para todos se convierte en lo que es mejor para algunos (los que ejercen el poder). Un rejonazo a la racionalidad humana.
Algunos tendrán poder sobre ti y otros lo justificarán a través de la política. Lo «racional» se somete al criterio de los grupos de poder También está el azar. Llamamos suerte (buena o mala) a todo aquello que no podemos controlar (o explicar). También está la intuición (el olfato) que a muchas personas les guía mejor que la racionalidad. Es aquello de tener una corazonada. Y hay que reconocer que suele funcionar.
Y no nos olvidemos de las ideas brillantes, pero no las que se quedan en un cajón sino las que se llevan a cabo.
La penicilina se descubrió porque Fleming era un poco guarrete y no limpiaba bien sus probetas, pero tras ello relacionó que si determinados hongos mataban bacterias en un recipiente de cristal, quizás hiciesen lo mismo en el cuerpo humano y lo demás ya es historia (que se lo digan a las superbacterias).
Llamamos suerte (buena o mala) a todo aquello que no podemos controlar (o explicar).
Y hasta aquí, un análisis sobre tu racionalidad (o falta de la misma). No te sientas mal, hay más de ocho mil millones de seres humanos en este planeta con las mismas carencias que tú. No eres un ordenador. Simplemente, asúmelo y sé consciente de ello. No pasa nada. Lo haremos lo mejor que podamos.
