Nada es normal en Bangkok. Por eso nos gustó tanto.
Nada tiene sentido en Bangkok, ni se supone que nada tenga sentido, y esto sacude y atrae los humos de la imaginación.
La ciudad está llena de tiendas, muchas occidentales, anidadas en enormes centros comerciales, pero también hay muchas tiendas de retailers locales, muy interesantes, algunas de ellas con unas decoraciones superlativas.
He recorrido todo el mundo, estudiando el retail de cada país, de cada zona, trabajando con las grandes y medianas empresas del retail local, para buscar nuevas vías, investigar, errar, acertar, ser diferente a tus competidores, y todos los lugares son diferentes… pero el mercado de Chatuchak es aún más.
Un mercado al aire libre y cubierto, un remolino anárquico de tiendas que acogen a todas las clases sociales tailandesas y a los guiris como yo era. Una marea de falsificaciones que no engañan a nada, Trolex y Lebis, y frutas de colores imposibles, y estatuas romanas, y cremas que por lo visto te regresan a tus mejores años. Una selva antigua y tan moderna hecha de puestos donde se vende y se grita, y todo es fascinante. Es el escenario antiguo del retail asiático.
Vea también: El Imperio de la Moda Española: Vistiendo al Mundo con Orgullo y Pasión
Y animales enjaulados, y eso me desagradó tanto, pero son las reglas culturales y tú has venido de fuera. Una vez hubo un incendio y murieron animales. Y eso es terrible, y sin eso Chatuchak sería increiblemente mejor.
No se puede ver todo Chatuchak en un día. Es un laberinto de 15.000 tiendas diminutas en una cuadrícula de callejones bajo tiendas de campaña, serpenteando en nudos, como un barrio de la ciudad en sí mismo. La clave es perderte, dejarte perder en ese laberinto, y quizá alguna vez salir. Chatuchak es bastante traicionero para los neófitos.
Recibe 200 mil visitantes cada fin de semana. Casi 11 millones de visitantes al año.
Ellos y ellas. siguen insinuando que la gente cada vez va menos a las tiendas, que llegará un metaverso envuelto en inteligencia artificial, y nos propondrá el plan B a eso tan aburrido que ir a un comercio físico.
Hoy Chatuchak, que opera solo los sábados y domingos, es el gran escaparate de los diseñadores tailandeses, muchos de ellos autodidactas, que alquilan algunos de los 15 mil puestos, en muchos casos minúsculos, y por los que pagan un pastón al mes.
Brazaletes de piedra tailandesa antiguos, Jade, y fulares tan bellos, que duelen. Y un babel. Decenas de idiomas flotan en el aire. Extranjeros venidos de todos los lugares del mundo, en medio de la masa tailandesa. Monjes tailandeses y australianos con chanclas. Es lo bueno de Chatuchak, que es una minúscula fotografía del mundo.
Imitar a Chatuchak es imposible.

