Kioscos, islas y experiencias, la nueva fábrica de ingresos de los centros comerciales, durante décadas, la industria de los centros comerciales concentró gran parte de su atención en variables como el área arrendable, la ocupación, la mezcla comercial, el tráfico de visitantes y la rentabilidad de los locales. Según publica Mall & Retail. Estos indicadores continúan siendo fundamentales para evaluar el desempeño de un activo comercial, pero existe un componente que ha ganado protagonismo silenciosamente hasta convertirse en una de las fuentes de ingresos más importantes para los centros comerciales de propiedad horizontal: las zonas comunes.
Lo que durante muchos años fue considerado simplemente como espacio de circulación, hoy se ha transformado en una verdadera unidad de negocio. Pasillos, plazoletas, corredores, accesos, puntos de encuentro y áreas de permanencia dejaron de ser únicamente espacios destinados al tránsito de visitantes para convertirse en escenarios de generación de ingresos, activación comercial, posicionamiento de marca y fortalecimiento de la experiencia del consumidor.
La evolución del retail moderno ha cambiado profundamente la forma en que los centros comerciales entienden y gestionan estos espacios. En un entorno donde la compra de productos puede realizarse desde cualquier dispositivo móvil y donde la competencia digital es cada vez más intensa, el principal diferencial de un centro comercial ya no radica exclusivamente en las tiendas que alberga, sino en la experiencia que ofrece. Y esa experiencia comienza precisamente en las zonas comunes.
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El espacio como ventaja competitiva
La transformación del comercio ha llevado a que el espacio físico adquiera una nueva dimensión estratégica. Los consumidores ya no visitan un centro comercial únicamente para comprar. Buscan entretenimiento, gastronomía, bienestar, comodidad, seguridad y experiencias que justifiquen el desplazamiento.
En ese contexto, las zonas comunes desempeñan un papel determinante.
La amplitud de los corredores, la calidad de la iluminación, la señalización, el diseño del mobiliario, la limpieza, la climatización, las áreas de descanso y la programación de actividades tienen una influencia directa sobre la percepción del visitante.
Un centro comercial con espacios agradables invita a permanecer más tiempo. Y cuando aumenta el tiempo de permanencia, también crecen las probabilidades de compra.
Por esta razón, las zonas comunes ya no pueden entenderse como simples gastos operativos. Son activos productivos que contribuyen directamente a la generación de valor.
Cada metro cuadrado de circulación tiene el potencial de convertirse en una fuente de ingresos complementaria cuando existe una estrategia adecuada de explotación comercial.
La revolución de kioscos, islas y burbujas
Uno de los fenómenos más visibles de esta transformación ha sido la expansión de formatos temporales y flexibles dentro de los centros comerciales.
Kioscos, islas, burbujas comerciales, activaciones de marca, exhibiciones promocionales y espacios de experiencia se han consolidado como herramientas altamente rentables para monetizar áreas comunes.
Su atractivo radica en varias ventajas.
Para las marcas representan una alternativa de menor compromiso frente a un local tradicional.
Para los emprendedores constituyen una puerta de entrada al ecosistema comercial.
Para los centros comerciales son una fuente flexible de ingresos con capacidad de adaptación permanente.
Estos formatos permiten probar categorías, lanzar productos, realizar campañas promocionales y evaluar mercados sin asumir inversiones de largo plazo.
Además, ofrecen una visibilidad privilegiada al ubicarse directamente en los principales flujos peatonales.
Mientras una tienda tradicional depende de que el consumidor decida ingresar, una isla comercial se encuentra literalmente en el camino del visitante.
Esa exposición directa explica gran parte de su valor comercial.
Un negocio multimillonario
Las cifras confirman la importancia creciente de esta unidad de negocio.
Según datos del Mapa de los Centros Comerciales 2026, los principales 23 centros comerciales de propiedad horizontal de Bogotá registraron ingresos por explotación de zonas comunes cercanos a los 160.080 millones de pesos durante el último año.
El crecimiento alcanzó el 10 % frente al período anterior, consolidando una tendencia que se viene fortaleciendo desde hace varios años.
Más allá del monto absoluto, existe un dato aún más revelador.
Los ingresos provenientes de zonas comunes representan aproximadamente el 29,1 % de los ingresos totales de estos activos.
Esto significa que casi tres de cada diez pesos que ingresan a los centros comerciales analizados provienen de áreas que tradicionalmente no hacen parte del área arrendable convencional.
Se trata de una participación extraordinariamente relevante para cualquier modelo de negocio inmobiliario.
En términos prácticos, las zonas comunes dejaron de ser un complemento financiero para convertirse en una de las principales columnas de sostenibilidad económica de los centros comerciales.
Los líderes de la monetización
El análisis de los resultados evidencia diferencias importantes entre los distintos activos.
Unicentro Bogotá lidera los ingresos derivados de zonas comunes con más de 19.600 millones de pesos anuales.
Le siguen Andino, con cerca de 19.000 millones, y Santafé Bogotá, con más de 17.300 millones.
Estos resultados reflejan varios factores simultáneos.
Por un lado, la fortaleza de sus marcas y el alto reconocimiento entre los consumidores.
Por otro, su capacidad para atraer tráfico constante y desarrollar estrategias comerciales sofisticadas.
Los centros comerciales con mayor posicionamiento suelen tener más facilidad para atraer marcas interesadas en ocupar espacios temporales, realizar activaciones o desarrollar campañas promocionales.
Sin embargo, cuando el análisis se realiza desde la perspectiva de productividad por metro cuadrado, surgen conclusiones aún más interesantes.
Andino encabeza el ranking de productividad, seguido por El Retiro y Unicentro.
Esto demuestra que la rentabilidad no depende exclusivamente del tamaño del centro comercial.
La calidad del activo, el perfil del visitante, la ubicación de los espacios y la estrategia de comercialización tienen un peso determinante.
Mucho más que alquilar espacios
Uno de los errores más comunes consiste en pensar que la explotación de zonas comunes se limita a alquilar espacios disponibles.
La realidad es mucho más compleja.
Gestionar adecuadamente esta unidad de negocio requiere planificación, análisis comercial, conocimiento del consumidor y una visión integral del activo.
Cada decisión debe considerar múltiples variables.
La ubicación específica dentro del recorrido del visitante.
La categoría comercial.
La compatibilidad con los locales existentes.
El flujo peatonal.
La duración del contrato.
La experiencia del usuario.
La saturación visual.
La coherencia con la imagen del centro comercial.
No todas las categorías funcionan en cualquier ubicación.
No todas las activaciones generan valor.
No todos los ingresos justifican el impacto sobre la experiencia de compra.
Por esta razón, los centros comerciales más exitosos gestionan sus zonas comunes como una unidad estratégica especializada.
El delicado equilibrio con los comerciantes
Uno de los mayores desafíos consiste en equilibrar los intereses de los operadores temporales con los de los comerciantes permanentes.
Los propietarios de locales suelen observar con atención la instalación de nuevas islas o kioscos.
En algunos casos pueden percibir estos formatos como competencia directa.
Especialmente cuando se trata de categorías similares o productos sustitutos.
Por esta razón, muchos centros comerciales establecen restricciones específicas para determinadas actividades.
La meta es evitar conflictos y proteger la rentabilidad de quienes realizan inversiones de largo plazo.
La gestión adecuada requiere transparencia, reglas claras y criterios objetivos para la asignación de espacios.
Cuando este equilibrio se rompe, pueden surgir tensiones que afectan la relación entre la administración y los copropietarios.
Alimentos y bebidas dominan el escenario
La composición comercial de las zonas comunes también revela tendencias relevantes sobre el comportamiento del consumidor.
En Bogotá, la categoría de alimentos y bebidas concentra cerca del 28,6 % de los negocios instalados en estos espacios.
Este liderazgo no resulta sorprendente.
El consumo impulsivo y la conveniencia convierten a la gastronomía en una de las actividades más adecuadas para formatos de alto tráfico.
Le siguen categorías asociadas a tecnología, cuidado personal, belleza, accesorios de moda y otros servicios especializados.
La diversidad de la oferta demuestra la capacidad de estos espacios para adaptarse a múltiples necesidades del consumidor.
Además, permiten una renovación constante de la experiencia.
Mientras un local tradicional suele mantener una operación estable durante años, las islas y kioscos pueden cambiar con mayor frecuencia, generando novedad y dinamismo.
¿Por qué son tan costosos?
Uno de los aspectos más llamativos del negocio es la diferencia entre el costo por metro cuadrado de una zona común y el de un local tradicional.
En algunos casos, el valor de arrendamiento puede ser hasta nueve veces superior.
A primera vista podría parecer una contradicción.
Sin embargo, la explicación está en la ubicación y la visibilidad.
Los espacios temporales suelen encontrarse en puntos estratégicos donde convergen grandes volúmenes de tráfico.
La exposición directa al consumidor incrementa significativamente su valor comercial.
Además, la flexibilidad contractual permite ajustar precios con mayor frecuencia y responder rápidamente a cambios en la demanda.
Para muchas marcas, el costo adicional se justifica por la capacidad de captar atención inmediata y generar ventas impulsivas.
La experiencia como prioridad
Aunque los ingresos son importantes, el objetivo principal no debe ser maximizar la ocupación de las zonas comunes a cualquier costo.
La experiencia del visitante continúa siendo el activo más valioso.
La saturación de kioscos, publicidad excesiva o activaciones mal diseñadas pueden afectar negativamente la percepción del centro comercial.
Un corredor congestionado pierde comodidad.
Una plazoleta sobrecargada reduce la permanencia.
Una experiencia visual desordenada deteriora la imagen del activo.
Por esta razón, los mejores operadores inmobiliarios entienden que la rentabilidad sostenible depende de mantener un equilibrio entre monetización y experiencia.
La calidad del entorno debe prevalecer sobre la búsqueda de ingresos de corto plazo.
El futuro de las zonas comunes
Todo indica que la importancia de las zonas comunes seguirá creciendo durante los próximos años.
La evolución del retail, la omnicanalidad y los cambios en los hábitos de consumo refuerzan el valor de los espacios físicos como escenarios de experiencia.
Las marcas buscan cada vez más formatos flexibles que les permitan interactuar directamente con los consumidores.
Los centros comerciales necesitan nuevas fuentes de ingresos para fortalecer su sostenibilidad financiera.
Los visitantes demandan experiencias diferenciadas que justifiquen su desplazamiento.
Las zonas comunes se encuentran precisamente en el punto de encuentro de estas tres tendencias.
Su potencial va mucho más allá de la simple comercialización de espacios.
Son plataformas para la innovación, el marketing experiencial, el lanzamiento de productos, la construcción de marca y la generación de comunidad.
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El nuevo corazón financiero del mall
La historia reciente demuestra que los centros comerciales más exitosos son aquellos capaces de extraer valor de cada componente de su operación.
En ese escenario, las zonas comunes han dejado de ser áreas secundarias para convertirse en activos estratégicos.
Kioscos, islas, burbujas, activaciones, publicidad y espacios temporales representan hoy una fuente fundamental de ingresos, una herramienta de diferenciación y un motor de competitividad.
La evidencia es contundente.
Casi una tercera parte de los ingresos de muchos centros comerciales proviene actualmente de estos espacios.
Se trata de una transformación silenciosa, pero profundamente significativa.
En la nueva economía del retail, los corredores ya no son únicamente lugares de paso.
Son territorios comerciales, escenarios de experiencia y plataformas de generación de valor.
Los centros comerciales que comprendan esta realidad y gestionen profesionalmente sus zonas comunes estarán mejor preparados para enfrentar los desafíos de un consumidor cada vez más exigente, digital y orientado a las experiencias.
Porque en el retail moderno, el verdadero oro oculto del mall no siempre está detrás de una vitrina. Muchas veces se encuentra justo en el espacio por donde caminan sus visitantes.



