La industria del retail deportivo ha presenciado uno de los giros estratégicos más dramáticos de la última década. Lo que comenzó como un movimiento audaz por parte del líder indiscutible del mercado, terminó convirtiéndose en el combustible que permitió a un competidor tradicional triplicar su tamaño en tiempo récord.
El caso de Nike frente a New Balance no es solo una historia de ventas; es una lección magistral sobre la importancia de la omnicanalidad y el peligro de desconectarse del ecosistema minorista. Puedes leer el artículo de original aquí.
El vaciado estratégico que cambió el tablero
En 2020, bajo la dirección de su entonces CEO, John Donahoe, Nike implementó la estrategia Consumer Direct Acceleration. El objetivo era lógico desde el punto de vista financiero: eliminar intermediarios, aumentar el margen de beneficio vendiendo directamente al consumidor (DTC) a través de sus propias tiendas y plataformas digitales, y controlar cada aspecto de la experiencia del cliente.
Sin embargo, esta decisión ignoró una verdad fundamental del comportamiento humano: el consumidor valora la conveniencia y la variedad de los puntos de contacto físicos. Al retirar sus productos de miles de estantes en tiendas multimarca, Nike no solo dejó de percibir ingresos inmediatos, sino que dejó un espacio físico y psicológico disponible para quien estuviera listo para ocuparlo.
New Balance: El arte de estar en el lugar correcto
Mientras Nike se replegaba hacia su fortaleza digital, New Balance adoptó una postura agresiva de ocupación. Los datos son contundentes: en 2020, la marca generaba 3.300 millones de dólares; para 2025, esa cifra escaló hasta los 9.200 millones.
Vea también: El ocaso del gigante: Cuando el retail olvida emocionar
El crecimiento no fue accidental. New Balance aprovechó que miles de tiendas minoristas tenían estantes vacíos y una necesidad urgente de un producto premium que sustituyera el volumen de Nike. En apenas tres años, la presencia de la marca en tiendas minoristas pasó de un discreto 7% a un masivo 63%.
Los pilares del ascenso de New Balance
-
Reivindicación estética: La marca supo capitalizar la tendencia de los Dad shoes. Lo que antes era percibido como calzado puramente funcional o «para padres», se transformó en un objeto de deseo para la Generación Z y los Millennials, fusionando comodidad con alta moda urbana.
-
Expansión física agresiva: Bajo el liderazgo de Joe Preston, la compañía no temió al ladrillo. Solo en 2025 se inauguraron 80 tiendas nuevas globalmente, entendiendo que el retail físico sigue siendo el principal motor de descubrimiento de marca.
-
Agilidad operativa: Mientras Nike lidiaba con la complejidad de su nueva estructura logística directa, New Balance se enfocó en ser el mejor socio posible para los minoristas, garantizando flujo de inventario y relevancia en el punto de venta.
Lecciones de una crisis de relevancia
El resultado de estas estrategias divergentes se refleja en los reportes financieros de 2025. Mientras New Balance experimentó un incremento del 19% en sus ventas anuales —acumulando un impresionante 180% de crecimiento desde 2020—, Nike vio sus ingresos disminuir un 10% en comparación con el año anterior.
Vea también: La reinvención del consumo: ¿Por qué España ya no llena el carro?
La lección para cualquier estratega de negocios es clara: reducir canales de distribución puede optimizar los márgenes en el papel, pero en el mundo real, puede erosionar la relevancia de la marca. Si el cliente no te ve donde suele comprar, eventualmente dejará de buscarte.
Esta realidad ha forzado un cambio de rumbo en Oregon. El nuevo CEO de Nike, Elliot Hill, ha iniciado un proceso de reparación de puentes con los socios minoristas, reconociendo que el éxito en el retail moderno depende de estar presente en cada rincón donde el cliente decida tomar una decisión de compra.


