El consumo de alcohol en Chile ha sido, históricamente, una práctica culturalmente aceptada, presente en celebraciones, reuniones sociales y también en momentos de relajación personal. Sin embargo, un reciente estudio realizado por la encuesta CADEM ha revelado datos preocupantes sobre los hábitos de consumo de los chilenos, reflejando una realidad compleja que va más allá de las preferencias por determinadas bebidas: estamos frente a una situación que involucra riesgos personales, sociales y de salud pública.
El estudio de CADEM evidenció que el 66% de los chilenos consume alcohol, un porcentaje significativo que da cuenta de la masividad del fenómeno. Pero más allá de la cifra general, lo realmente alarmante es el impacto que ese consumo tiene en el comportamiento de las personas y en la convivencia social.
Entre los hallazgos más relevantes, destaca que:
- El 40% de los encuestados admitió haber gastado más dinero del que tenía presupuestado al momento de beber.
- Un 36% se ha subido a un vehículo manejado por una persona bajo los efectos del alcohol, una práctica extremadamente peligrosa que pone en riesgo tanto a los ocupantes del vehículo como a terceros.
- Un 36% también manifestó sentirse avergonzado por su comportamiento mientras estaba ebrio.
- Un 23% no recuerda cómo llegó a su casa en alguna ocasión tras beber.
- Y lo más alarmante: un 16% reconoció haber conducido en estado de ebriedad, conducta que constituye una falta grave a la ley y un riesgo altísimo de accidentes.
Estos datos configuran un escenario en el que el alcohol no sólo se consume de manera frecuente, sino también en contextos de descontrol, falta de conciencia y peligrosidad.
Preferencias de consumo
El estudio también permitió observar qué tipo de bebidas alcohólicas son las preferidas por los chilenos. La cerveza lidera ampliamente las preferencias, con un 66% de consumo, confirmando su reinado como la bebida alcohólica más popular del país. Le sigue el vino tinto con un 52%, un dato que también refleja la tradición vitivinícola de Chile y su importancia cultural.
En el ámbito de los destilados, el pisco se posiciona como una de las bebidas fuertes más elegidas. La combinación más habitual es la piscola, con un 57% de preferencia entre quienes beben este licor, seguido por el pisco sour. La cerveza rubia, por su parte, es la favorita dentro de las variedades cerveceras, preferida por un 37% de los consumidores.
Las razones detrás del consumo también fueron abordadas por el estudio, arrojando resultados que hablan tanto de la función social como psicológica del alcohol en la vida cotidiana de los chilenos:
- 38% de los encuestados declaró beber principalmente para socializar.
- Un 27% dijo hacerlo para acompañar comidas, en un contexto más gastronómico o de maridaje.
- El 19% manifestó que consume alcohol para relajarse, lo cual puede ser un indicador de estrés y otros factores de salud mental que encuentran escape en el alcohol.
Estos porcentajes demuestran que, aunque el consumo suele estar vinculado a instancias festivas o recreativas, también existen motivaciones emocionales más profundas que impulsan esta conducta, especialmente en situaciones de presión, ansiedad o agotamiento.
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La cara B del consumo de alcohol
El informe también arrojó un panorama poco alentador respecto al impacto que el consumo tiene en la seguridad personal y la salud. Como se mencionó anteriormente, el 23% no recuerda cómo llegó a su casa, lo que se vincula con episodios de lagunas mentales o «blackouts» etílicos, una señal clara de consumo excesivo y posible daño neurológico.
Peor aún, el 16% reconoció haber manejado tras haber bebido, una conducta que, además de estar penada por la ley, representa uno de los principales factores de siniestralidad vial en Chile. Según datos del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, el alcohol está presente en un porcentaje considerable de los accidentes con víctimas fatales cada año.
Uno de los desafíos más urgentes es educar a la población sobre lo que implica un consumo responsable. Aunque muchas campañas se han enfocado en la conducción bajo los efectos del alcohol, aún hay una brecha importante entre el conocimiento y la práctica. Es decir, los ciudadanos saben que está mal manejar ebrio, pero lo siguen haciendo.
Esto se agrava con la normalización social del consumo excesivo, especialmente en jóvenes. En muchas ocasiones, embriagarse se ve como una parte esperada de una salida nocturna o evento social, y no como un riesgo.
El estudio CADEM también incluyó una sección dedicada a la experiencia de los consumidores en diversas industrias, revelando que los supermercados y farmacias son los sectores mejor evaluados en cuanto a atención al cliente. En el ámbito de las marcas, Entel, Falabella y WOM lideran la percepción positiva entre los consumidores, cada una con un 7% de menciones espontáneas.
Sin embargo, uno de cada cuatro clientes afirmó haber tenido problemas con algún producto o servicio recientemente, y el 47% se mostró insatisfecho con la solución ofrecida. Esto revela una importante deuda en términos de gestión postventa y servicio al consumidor, que también puede influir en cómo las personas perciben la adquisición de alcohol, especialmente cuando se compran productos defectuosos o con promociones engañosas.
El consumo de alcohol en Chile no es un fenómeno aislado. En comparación con otros países de América Latina, Chile se ubica entre los países con mayor consumo per cápita de alcohol, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto se traduce en un mayor riesgo de enfermedades no transmisibles, accidentes de tránsito y problemas de salud mental vinculados al alcoholismo.
En algunos estudios, se ha observado que los chilenos triplican el consumo de alcohol que la OMS considera como riesgoso, lo que pone de relieve la necesidad de políticas públicas más efectivas y campañas de concientización sostenidas en el tiempo.
Los datos expuestos por CADEM dejan en evidencia que el consumo de alcohol en Chile es una realidad compleja que necesita abordarse desde múltiples frentes. A continuación, algunas recomendaciones que pueden contribuir a reducir los efectos negativos de este fenómeno:
- Campañas educativas permanentes: No basta con hacer campañas solo en fechas clave (como Fiestas Patrias o Año Nuevo). Es necesario mantener una comunicación constante, especialmente dirigida a jóvenes y conductores.
- Mayor fiscalización y sanciones efectivas: Las leyes existen, pero muchas veces no se cumplen. Aumentar la fiscalización y endurecer las penas podría generar un cambio de conducta.
- Educación emocional y salud mental: Si casi un 20% de las personas bebe para relajarse, es fundamental ofrecer alternativas saludables para manejar el estrés y la ansiedad.
- Responsabilidad empresarial: Las empresas que comercializan alcohol deben implementar políticas de venta responsable, incluyendo campañas que adviertan sobre los riesgos del consumo abusivo.
- Inversión en salud pública: El tratamiento del alcoholismo y sus consecuencias debe ser una prioridad dentro del sistema de salud, con acceso gratuito o subvencionado a terapias de rehabilitación.
La radiografía del consumo de alcohol en Chile muestra una sociedad que convive con el alcohol de manera cotidiana, pero muchas veces sin la conciencia plena de sus riesgos. El desafío es avanzar hacia un consumo más responsable y menos impulsivo, lo que requiere un esfuerzo conjunto entre ciudadanos, empresas, autoridades y medios de comunicación.
Las cifras hablan por sí solas: cuando un 36% de los ciudadanos siente vergüenza de su comportamiento al beber, es hora de repensar la relación que tenemos con el alcohol. No se trata de prohibir ni estigmatizar, sino de generar una cultura del autocuidado, la empatía y la responsabilidad social.



